lunes, 19 de enero de 2015

Ocho cuentos y medio, Javier Morales Ortiz

Epílogo de Gonzalo Calcedo. Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2014. 104 pp. 9 € 

Pedro M. Domene 

Eso y poco más es lo que interesa: contar historias. Esas que surgen de la realidad inmediata y se traducen en relaciones personales, pese a las insatisfacciones, los fracasos, o la soledad más absoluta, y alguna que otra alegría, aunque eso sí inmersos en los problemas cotidianos que se acercan a una realidad, y se traducen en unas historias que se miran, una y otra vez, en ese espejo que produce la incertidumbre diaria. Y en este sentido se mueve, Ocho cuentos y medio(2014), la nueva apuesta narrativa breve deJavier Morales Ortiz (Plasencia, 1968), que ya se había ejercitado en el género y publicado, La despedida (2008) y Lisboa(2011), dos colecciones que sobresalían por ofrecer la realidad moral de toda una vida y, sobre todo, porque sobre sus personajes recaía o, mejor, se edificaban las historias que giraban en torno a ese divino mundo cotidiano. Autor de profunda tradición chejoviana, a Morales le importa que sus textos contengan abundantes elipsis, y así va dejando el hueco necesario en sus historias para que el lector sea capaz de interpretar y aun más, en ocasiones, de reinterpretar. El narrador arranca de una realidad inmediata como punto de partida, y en ocasiones el resultado de esta resulta tan desolador como dramático porque quizá, como protagonistas únicos, no reflexionamos acerca de la percepción inconsciente del conocimiento de una vida cotidiana. Por otra parte, no encontramos en los relatos de Javier Morales detalles pormenorizados que ofrezcan una idea total de la historia que estamos leyendo, lejos de eso nos enteramos por sus personajes que ellos mismos tienen la decepcionante capacidad de mostrarse superfluos en su actitud vital, como si esa insignificancia fuese una muestra más de este complejo mundo; la mayoría han modificado sus rutinas, y de golpe y porrazo sus vidas dan un giro inesperado y se perfilan así, como incompletos y parece que no hubieran encontrado su camino en esta vida
En las historias de Ocho cuentos y medio se nos habla del profético divorcio de unos padres enmarcado en un final de año decisivo de su vida, o del inocente descubrimiento de la verdad de unos niños, y como a través del “mito de la caverna” dos seres solitarios se conocen, Gladys, una uruguaya, y el narrador, vislumbrado por la vida que esta lleva en el semisótano de un edificio viejo, y de mala construcción; o los problemas laborales que se mezclan con la vida personal, y la vida adolescente que se interrumpe frente a una responsabilidad que atormenta a los dos jóvenes, y ese espacio futuro en blanco sin que podamos discernir qué o debe ocurrir; la absoluta soledad de Bruno, o la cómica o asfixiante situación de una plaga de chinches y su descontaminación que hace aguas una relación de pareja; y el homenaje al maestroChéjov en el que, tal vez, sea el mejor relato de la colección, “Regreso a Sajalín”, el descubrimiento de su protagonista, una joven investigadora canadiense para llegar a Guantánamo, un relato paralelo que descubre y parafrasea la magia del narrador ruso.
Javier Morales concreta sus textos, hasta la expresión mínima, utilizando un lenguaje conciso y eficaz, que redondea con una aparente sencillez que se asemeja a un fogonazo que busca complacer al lector y dejarle el regusto de la buena literatura, un sano concepto de hacer las cosas bien, lejos de una retórica ampulosa que enmaraña las historias sin sentido alguno. Ocho cuentos, y ese medio, a modo de epílogo de Gonzalo Calcedo, o mejor ese relato que, de la mano de un maestro, ensaya en sus textos unas equivocas situaciones en las que todos y cada uno podemos vernos como “Caídos del cielo”.

domingo, 18 de enero de 2015

´El mono en el espejo´, una obra premiada en el Lueiro Rey, se lanza en español desde Tenerife

La obra ganadora del concurso de relatos cortos celebrado en el año 2002 en O Grove es de Xabier López y fue traducida por Marta García
FARO DE VIGO Manuel Méndez O Grove 15.01.2015 | 02:48


El escritor Xabier López López, ganador del premio "Xerais" en el año 2013. // FdV

El Premio Manuel Lueiro Rey de Novela Corta, que organiza anualmente el Concello de O Grove, se ha convertido en una buena plataforma de lanzamiento a nivel autonómico y nacional para muchos autores y sus respectivas obras. Uno de los que han triunfado en este certamen es Xabier López López (Bergondo, 1974), quien logró el primer puesto en el año 2002 con la obra titulada "O mono no espello", y con ella los 3.000 euros correspondientes, además del derecho a ver publicada su obra en la editorial Sotelo Blanco.
Ahora Xabier López vuelve a ser noticia, después de que ese trabajo que le dio el triunfo en O Grove fuera traducido al castellano y editado nuevamente.
Así lo resalta la Rede de Bibliotecas do Grove, que explica que la obra ganadora de la décima edición del Premio Lueiro puede ser leída también en español, una vez traducida por Marta García Seoane para la editorial tinerfeña Baile del Sol.
"¿Nadie ha pensado alguna vez en la suerte de esos niños que se pierden en la playa? El protagonista de este relato, un solitario profesor obsesionado con sus lecturas, obtiene información de primera mano al rescatar de su desamparo a un misterioso pequeño que nadie ha ido a recoger a la caseta de socorrismo con la llegada del crepúsculo". De este modo presenta la empresa editora esta obra de 94 páginas lanzada con el título "El mono en el espejo" a un precio de once euros.
Se trata, apostilla la editorial aludiendo a la obra original, de "una revisión posmoderna del mito del niño-salvaje; 'El mono en el espejo' es una novela que mezcla intriga, humor y la obsesión existencialista por 'la mirada del otro', esa que 'nos deforma y crea de nuevo a cada instante'. Esta fuerza camaleónica, presente en toda la obra de Xabier López López, cala también en la propia atmósfera de la narración: lo que empieza como observación casi costumbrista, cercana incluso al voyeurismo, cobra lentamente un aliento sonámbulo, sofocante, para dibujar poco a poco una geografía fantasmagórica cargada de simbolismo. Sin embargo, en este juego de reflexiones y refracciones, de sombras chinescas, de apariencias, en ese laberinto interior donde soplan de cuando en vez los vientos del surrealismo y del absurdo, se hace reconocible una realidad próxima y desalentadora".
Y terminan diciendo que esta novela "no es tan solo un relato a medio camino entre lo fantástico y lo alegórico, el reencuentro con nuestro yo más oculto, sino una desesperada y por veces sarcástica disección de esa crisálida que el hombre de hoy ha tejido a su alrededor para preservarse de la derrota y la soledad".

El escritor Xesús Alonso Montero, miembro del jurado del Premio Lueiro, ya destacaba en 2002, cuando se entregó el cheque al autor, que "O mono no espello" era una novela de inspiración fantástica que presentaba "una revisión posmoderna del mito del niño salvaje".

jueves, 15 de enero de 2015


El mono en el espejo
Xabier López López
Traducción de Marta García Seoane
Ediciones de Baile del Sol, Tenerife, 2014, 90 páginas

   Tuve la oportunidad de leer el original gallego de esta novela breve de Xabier López López en el año 2002. La releí ya editada y como ganadora del Premio Manuel Lueiro Rey de Novela Curta 2002, al año siguiente. Y tengo ahora el placer de acercarme a la versión española y sigo pensando que El mono en el espejo es una pieza de ficción cuya valía va más allá del interés de su trama argumental, porque, a lo largo del escaso centenar de páginas de la novela, Xabier López López lleva a cabo una verdadera disección de la condición humana. O mono no espello, título de la edición original gallega, fue la tercera aproximación del escritor a la narrativa. Desde entonces, y sin ser un autor que se prodiga en exceso, han salido de su pluma algunas de las propuestas ficcionales más interesantes de la narrativa gallega, escritas con el mismo rigor, la misma tonalidad, la misma calidad de este autor de culto. Novelas como A vida que nos mata(2003), Cadeas (2013), Olympia ring, 1934 (2014), muy alejadas del solaz de los best sellers  de consumo masivo, cimentadas por el contrario en una narrativa reflexiva que no solamente nos traslada una historia, sino que pretende ir más allá, hacer que nos interroguemos, invitarnos a dar respuestas.
   El mono en el espejo, a pesar de su formato de novela breve, comparte esas mismas coordenadas y puedo decir que no ha envejecido. Pero en ella también hay una historia que el autor desgrana a lo largo de ocho capítulos y cuya sinopsis recojo en las siguientes líneas. En una playa repleta de gente se pierden niños con mucha frecuencia. Por los altavoces anuncian repetidamente el extravío de un niño de seis años al que nadie se acerca a recoger. Se aproxima la noche y el protagonista, un profesor solitario y obsesionado con sus lecturas, sube al niño en su motocicleta y lo lleva para su casa, temiendo no obstante que lo consideren un raptor de menores de edad. Le da techo, “comida”, vestido y con eso cree haber cubierto el expediente del buen corazón. Lo único que el chiquillo hace es sonreír con una de esas risas que hacen apartar la vista. Desde ese momento el protagonista cambia sus rutinas de ser solitario. Y se ve sometido a múltiples tensiones y ahogos interiores. Piensa entregarlo a la policía, mas en el último segundo se vuelve para atrás. Cavila consultar a un viejo catedrático jubilado que tiene soluciones para todo. También a un periodista, pero no lo hace. Juega al buen samaritano, mas, sin darse cuenta, es él el que se convierte en muñeco de esta nueva versión del niño-salvaje (sordomudo, engullidor de pescado crudo) que actúa con indiferencia y con el  automatismo de un juguete a pilas. Un desenlace trágico, terrorífico e inesperado sutura Eros y Tánatos, la muerte y los sueños eróticos del protagonista y pincela en buena medida la atmósfera de la novela.
   Por detrás de las pocas páginas del libro, un relato simbólico, con muchos elementos fantásticos y alegóricos, se ocultan las claves del macrotexto de Xabier López López: la creación de atmósferas narrativas cimentadas en el “juego de reflexiones y refracciones, de sombras chinescas, de apariencias, en ese laberinto interior donde soplan de cuando en vez los vientos del surrealismo y del absurdo” y se nos hace presente un ámbito de la realidad próxima y opresiva.
   Las citas de Ánxel Fole, Herman Melville e Alfred Russell Wallace, epígrafes en el pórtico de libro, nos sitúan en la pista del mensaje oculto de la novela. El fundido de este mundo en el ultramundo, de los colores del arco iris  con la imposibilidad de fijar la línea de demarcación, son una verdadera transposición de las dificultades con las que nos encontramos muchas veces a la hora de marcar la frontera que, en nuestro mundo humano, separa la cordura de la demencia. Es esa, en mi opinión, la meta de esta versión posmoderna del mito del niño salvaje, que el escritor desenvuelve a caballo entre la realidad y la fantasía.
   Lo más relevante de la novela de Xabier López López es la creación de un clima que poco a poco, y a medida que avanza el relato, se va fortaleciendo. Un clima sofocante y poblado de silencios inmundos. Un aire que nos envuelve como esas campanadas llenas de fatiga que llegan de lejos, o de muy cerca, por ejemplo de la mirada profunda, terrible y enrarecida del niño que mira al protagonista-samaritano sin quitar de su rostro su siniestra sonrisa de hoja seca.
    Novela erguida con una arquitectura interna muy sencilla, basada en un narrador omnisciente que conduce el relato de forma lineal y recrea ese clima existencial en el que vive el protagonista. El mono en el espejo, es sin embargo una narración densa y compleja. Una lengua concisa, un ritmo apropiado, aunque a primera vista pueda parecer demasiado lento para una obra cuyo formato exige condensación. Pero no sobran las minuciosas descripciones y reflexiones del protagonista que quizás no tengan demasiada influencia en la trama, pero a través de ellas aquel rumia sus problemas, manifiesta su forma de pensar y contribuyen a crear la atmósfera opresiva y sofocante de la novela. En resumen, una literatura en estado puro, mas con la presencia da abundantes referencias literarias, de elementos paródicos y claves simbólicas. La carta de presentación de un autor de culto capaz de deleitarnos con importantes y estimulantes cosechas literarias.

Francisco Martínez Bouzas

                                                     
Xabier López López
Fragmentos

“En la caseta de salvamento y socorrismo espera un niño de seis años que no sabe decir cómo se llama. Lleva una gorra amarilla, bañador negro y tiene el pelo largo. Se ruega a sus familiares que pasen a recogerlo. Repito: en la caseta de salvamento y socorrismo…
Dirigió instintivamente la mirada hacia los postes de los altavoces. Si uno ya reacciona al escuchar las señales sonoras que anuncian la canción de los pequeños desaparecidos, con más razón debe reaccionar cuando dan un mensaje tan peculiar. «No sabe decir cómo se llama»…¿Y entonces que era, un niño mudo? ¡En ese caso cómo pueden saber su edad! ¿A ojo? Se golpeó la frente. Con la …mano. Bastaba usar los dedos de la mano, qué tonto, y se sorprendió a sí mismo contando hasta seis con pequeños golpes en las uñas.”

…..

“El pequeño giró la cara y de repente reparó, con ese andar lento y húmedo de las sorpresas, en aquel, su masticar demorado y viscoso, lleno de mucosidad y tripada. Parecía que estuviese mordiendo un trozo de papel de plata manchado de sangre cuajada, de minúsculos capilares, negros y gelatinosos. Pescado crudo. Una pescadilla. Se la arrebató y la tiró a la basura. Se anticipó a su mano y alcanzó la bandeja donde se apretaba el resto de los peces, aquellos espárragos de mercurio con la boca mordiendo aire, los ojos mirando blando, las agallas irisadas segregando saburra. La levantó sobre su cabeza, mientras el pequeño, repentinamente enloquecido, saltaba a su alrededor para alcanzarla. Lo hizo; se puso a sollozar. Agrietó el rostro con una mueca, dejó escapar el berrido del llanto.
 Pasó del asco al miedo en el tiempo de un suspiro. ¿Pero por qué grita este…? Miró hacia todos los lados, como si los estantes, la fresquera, la mesa, la puerta, la ventana, fuesen a asomar las caras de los vecinos de un momento a otro. Se enervó; se quedó sin resuello. Ya no supo si taparle la boca o coger y darle sin más la bandeja.”


(Xabier López López, El mono en el espejo, páginas 21-22, 47)

martes, 13 de enero de 2015

El hombre ajeno, de David Pérez Vega

Sinopsis
¿Es el salvadoreño Héctor Meier Peláez uno de los más grandes poetas ocultos de las últimas décadas? ¿O es más bien un guerrillero sanguinario, muerto prematuramente en la vorágine de la violencia centroamericana? Juan Linares, que ha dedicado varios años a investigar la vida y la obra del salvadoreño, se inclina por la primera opción, aunque frente a sí mismo ha de reconocer que, además de la obra de Meier, también le fascina su estrecha relación con la violencia.

Mientras compagina sus investigaciones literarias con un trabajo de carga y descarga de camiones en una nave industrial, Juan tendrá la oportunidad de indagar en su relación conflictiva con los hechos violentos que marcaron el fin de su infancia.

Deudora de algunos de los más relevantes escritores hispanoamericanos de los últimos años, como Roberto Bolaño o Rodrigo Rey Rosa, El hombre ajeno es una novela en la que el protagonista busca, en la biografía de un poeta maldito, las pistas para entender su propia vida.
Suelo empezar las reseñas con citas extraídas de los libros. Si esta vez empiezo con la sinopsis editorial es porque quizás la veo algo alejada de lo que ha sido mi experiencia como lector. La sinopsis, si bien es un buen resumen de lo que encontramos en la obra, parece dar prioridad a la vida de Héctor Meier Peláez cuando el protagonista absoluto es Juan Linares. Empezamos:
"Al menos a esta chica no la había conocido en un hospital psiquiátrico entre personas con tendencias suicidas. Alberto parecía enamorado, lo que no dejaba de sorprender a Juan, que- como había leído en Proust- pensaba que el sentimiento de estar enamorado solo podía surgir en la más tierna adolescencia, cuando aún no somos lo suficientemente inocentes como para proyectar en otro todos nuestros anhelos, sin percatarnos de que parten de nosotros mismos" 
"Juan había sentido muchas veces su vida como una vida ajena, la de un huido: sus notas en el instituto, su carrera de Filología , como si solo fueran las coartadas que reúne el criminal para cubrirse las espaldas"
Como decimos, la obra se centra en Juan, un joven responsable que se está doctorando en Filología y que escribe una tesis sobre Héctor Meier Peláez, un autor ficticio, creación de Pérez Vega. Para ganar algo de dinero extra trabaja en unas naves de carga y descarga en las que interactúa con otros jóvenes en su rango de edad estableciéndose el contraste entre unos y otros. Juan, a diferencia de sus compañeros, es taciturno y reservado, responsable y meticuloso en todos los aspectos de su vida. Un hecho trágico en su infancia puede ser la clave del comportamiento de Juan que toma una vía muy distinta a la de su hermano Alberto, un delincuente toxicodependiente. Y es este hecho trágico el que queda pendiente de un hilo que se retoma tras un capítulo central que versa sobre el poeta creado por el autor y que conforma una segunda la segunda parte del libro.

A través de la biografía de un poeta ficticio, "homosexual y comunista", Pérez Vega repasa algunos hechos relevantes de la historia de El Salvador como la "mal llamada" Guerra del Fútbol, un conflicto entre Honduras y El Salvador en la que se usaron aviones obsoletos para el combate  cuyos nombres serán tomados como títulos por Meier Pelaez para los textos de su corta bibliografía.

En la tercera parte retomamos la vida de Juan, su relación incierta con una inmigrante ilegal ucraniana, profundizamos en la vida familiar del protagonista y sobre todo asistimos a un cara a cara de él mismo con su pasado.

Casi resulta un alivio que algunos de los escritores jóvenes del país se escindan de la línea tan recurrente que parece haber tomado la literatura contemporánea, novelas negras de fórmula fácil. El nuevo libro de Pérez Vega posee varios paralelismos con su obra anterior. Personajes cercanos, del día a día, con los que resulta fácil identificarse aunque esta vez el autor opta de forma más contundente por recoger los ecos de sus influencias literarias directas, principalmente de Roberto Bolaño, del que se perciben, en el capítulo central, alusiones a obras como "La literatura nazi en América" o incluso Los detectives salvajes , además, aparecen citados varios poetas y escritores sudamericanos como Roque Dalton. Se trata pues de una novela más arriesgada y madura del joven escritor madrileño.

Podéis encontrar más información del autor y de su obra en su blog literarioDesde la ciudad sin cines

Muchas gracias a David Pérez Vega.

viernes, 9 de enero de 2015

“Con este libro no vas a aburrirte”: entrevista a Santiago Raúl Bailez Chayé

Santiago Raúl Bailez Chayé es un joven escritor que vive en Junín, una ciudad al noroeste de la provincia de Buenos Aires, con mucho verde y aire puro. La editorial Baile del sol publicó hace muy poco su libro De Adanes y animales, una antología de cuentos que, además, tiene la particularidad de estar acompañada por unas muy buenas ilustraciones de Rocío D. Limón. El hablar pausado de Santiago invita a un diálogo ameno donde nos cuenta sobre la publicación.

¿Por qué no empezamos hablando del origen de este proyecto? ¿Qué fue primero el texto o la imagen?

El origen fue, en realidad, un punto y seguido, digamos que es una constante universal: causa y consecuencia. El primer cuento del libro “El jabalí y la semilla”, obtuvo el cuarto premio en un concurso literario de cuento y poesía organizado por la filial ATSA. A partir del premio llegó la idea del libro de cuentos. En 2011, Baile del sol me informó que estaba interesada en publicar, pero que, por cuestiones del mercado, no sería posible hasta 2014 y dejaron la decisión en mis manos. Decidí esperar, y fue en ese tránsito acalambrado de la espera que se me ocurrió sazonar los relatos de alguna forma. A esta altura, juro que no recuerdo cómo entablé contacto con Rocío, lo único que sé es que era un contacto más de Facebook. Le propuse una suerte de coautoría, leyó el libro y aceptó de inmediato.

¿Cómo fue la interacción con Rocío?

Fluida, concreta, una interacción en la que cada uno mantuvo una total independencia, por sobre todas las cosas. Se trataba de entrelazar algo que, sí sabíamos, establecería un contraste. El lector camina por el texto, y de pronto “choca” contra la ilustración, y cuando vuelve al texto, “choca” otra vez. Pero es la idea que persigue esta fusión de texto e imagen: el choque. El contraste. Y tal vez no te guste el texto y te deleites con la imagen; y tal vez la imagen no te diga tanto como el texto. Pero si tu paladar es amplio ¡qué suerte! Has comprado “tu” libro.

¿Cómo definirías los cuentos de esta antología?

Las preguntas cuyas respuestas son difíciles de encontrar suelen ser de las mejores. ¿Qué podría decirte, Adriana? Por 2011 apenas sí había leído algo de Quiroga, apenas sí recordaba El Principito, no sé, De adanes y animales, para mí, en aquel entonces, fue un tubo de ensayo. Y salió bien, un accidente. Es un estilo muy mío, lo digo teniendo en claro que no he leído nada que se le parezca. Hay realismo mágico, hay un poco de argentinidad, pero de pronto te cruzás con “El abismo” y es prosa poética, y hay un cambio de marcha cuando pasás del estilo cuento al estilo fábula. Lo que es seguro es que no vas a aburrirte. Podría definirlos como cuentos divertidos, que no graciosos, ¿no? Son cosas diferentes.

¿Sentís que siguen alguna línea con respecto a tu literatura anterior o se diferencian en uno o varios puntos?

Es como un actor que se hace cantante, o viceversa. No hay parangón. Primer libro de cuentos, primera vez que incursionaba en el género, primera vez que tomaba distancia de los autores que me habían marcado hasta ese momento, Shakespeare, C. S. Lewis y Tolkien (en ese orden), primera vez que pensaba más en la historia que en el decorado, por así decir.

¿Pensaron con Rocío en alguna franja de público en particular?

En realidad, no. Y esto también tiene que ver con la independencia con la que trabajamos. Por un lado, mientras escribía, en mi fantasía rondaba la imagen de un padre leyéndole el libro a alguno de sus hijos, disfrutando, además, él mismo la lectura, y llevándose el libro a la cama para continuar leyéndolo. La imagen se esfumó en cuanto escribí “El abismo”. No es un cuento para niños. De todas maneras, pienso que, más allá de que está mal visto decir que un libro es “para todas las edades”, debo resignarme a mis propias consideraciones. He recibido pulgares altos de gente pequeña, coetánea, y, para mi gran sorpresa, de gente adulta en todo el sentido de la palabra; gente que ha reconocido que gustaba de leer los cuentos dos, tres veces en el marco de pocos días. Las palabras eran “me acompañan”, “me hacen pensar”, “me distraen”. Y estoy seguro de que es tanto más satisfactorio que una sola persona te lea tres veces, a que tres personas te lean una vez. En cuanto a Rocío, tendríamos que preguntarle a ella. Su arte es reconocido y su estilo, muy marcado. Fue fiel a sí misma, eso puedo decirlo. Y lo digo con gran satisfacción, ya que no buscamos sino la pureza.

¿Considerás que la imagen acompaña el significado de los textos, los resignifica o amplía su significado?

Amplía el significado, sin dudas. El lector irá generando sus propias imágenes en el transcurso de la lectura y, cuando menos lo espere, llegará a un cruce de calles y apenas caerá en la cuenta de que se le venía un camión encima. Creo que Rocío logra un impacto estupendo con sus imágenes. Es cierto, podría decirse también que, de alguna forma, quizás en algún caso llegue a resignificar el texto. Y eso, particularmente, me parece un gran acierto.

¿Lo de las imágenes solo en blanco y negro obedece a una cuestión de costos o tiene algún motivo en particular?

En un principio las ilustraciones eran en color, pero la editorial nos indicó que debían ser en blanco y negro. Por suerte. El resultado, según Rocío, llevó su trabajo a otro nivel. Aunque, una vez más, no pretendo hablar por ella, más teniendo en cuenta que soy prácticamente un ciego en la contemplación del arte de la pintura.

¿Qué siente un escritor joven cuando una editorial le ofrece publicarle su texto?

Puedo hablar por mí. Fue increíble. Llegué a la publicación sin contactos, sin antecedentes en el mundo editorial, sin referencias, sin padrinos literarios, solitos mi libro y yo en un mundo que, si lo que llevás en la canasta son monedas de esperanza, tratá de pensar que siempre vas a estar a un paso de la bancarrota. Entonces, genial. Se siente estupendo. Es el Nirvana del autor novel que llega como llegué yo. Dura un momento, pero vale la pena vivirlo.

Santiago se levanta y enciende un cigarrillo, piensa la respuesta y, como a lo largo de toda la entrevista, se nota que él está acostumbrado a encontrar las mejores palabras para cada situación.

Si tuvieras que darles a los lectores una razón para comprar De Adanes y animales, ¿Cuál sería?

Lo mejor para el final. Es una pregunta que me fascina. ¿Por qué alguien debería comprar De adanes y animales? Empecemos por lo importante: porque es arte. No me interesa tanto venderme a mí o a Rocío sino vender la pasión por el arte. El arte es el alimento de la humanidad, o eso quiero creer. Compren De adanes y animales, sí, y compren otro libro, y otro, y muchos más, y no dejen de leer. A veces perdemos noción de todos los mundos que existen dentro de nuestro planeta. Hay una frase que escribí y que forma parte de mi presentación en el blog de microrrelatos que tenemos Rocío y yo: “En lo que otros escriben queda la huella de pensamiento más clara que un ser humano pueda plasmar; (…) creo que encontramos la huella de aquello que no pueden ver los ojos y que, al fin y al cabo, es lo que más nos distancia de comprobar que la vida no es un sueño, sino un hecho en el tiempo y el espacio. En otras palabras: pienso que cuando leés, sos el náufrago que se creía solo en la isla y de pronto se topa con un río de huellas en la arena”. De adanes y animales divierte, intenta dejar enseñanzas y mostrar realidades; mi padre ha soltado alguna lágrima al leer “La casa de los 250 vidrios”, mis amigos se han reído con “El mal momento de Don Jorge”, mi madre se ha asustado con “El abismo”, mi entorno específicamente literario encontró una hermosa y triste metáfora al leer “A la ciudad, ida”. Si comprás De adanes y animales, si te lo prestan, si te lo regalan, vas a encontrar un pequeño mundo. Vas a encontrar un sendero de huellas más. Vas a pensar “no estoy solo”, y probablemente vengas de otro pequeño mundo, y gracias al Cielo, continuarás con el turismo literario interplanetario, continuarás enriqueciéndote, continuarás creciendo.


Lic. Adriana Santa Cruz

Profesora y licenciada en Letras (UBA). Actualmente, es docente secundaria y terciaria (Instituto Mallea). Corrige y redacta textos de diferentes géneros, y da cursos de redacción. Escribe reseñas literarias para el portal Leedor.com y para la Revista Lecturas, de Chile. Dirige la revista cultural Dosier. Asimismo, escribe para #AsíSeEscribe (http://blogs.infobae.com/asi-se-escribe/), además de participar en diversas actividades vinculadas al mundo literario y académico.