jueves, 11 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Llegada a las islas, José Óscar López
Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2014. 102 pp. 9,36 €
Pedro Pujante
Pedro Pujante
Cuando lees un libro de José Óscar López no sabes qué te vas a encontrar. Ya sea poesía, relato… A veces tampoco se tiene claro en qué género te estás adentrando. Y quizá estas afirmaciones previas estén revestidas de más conveniencia y sean más oportunas cuando nos referimos a Llegada a las islas. Un libro que recién ha visto la luz pero que su autor revela haber comenzado hace ahora ya diez años. No obstante es imposible detectar algún anacronismo, inmadurez o vestigio del paso del tiempo en él.
En Llegada a las islas observamos algunas de las obsesiones que pueblan el imaginario delJosé Óscar más extraño, oblicuo e introspectivo. El viaje como metáfora de ese otro desplazamiento que sufrimos al confrontar nuestra experiencia con la razón; un "mundo flotante", frágil, onírico que se desmorona, explota y nos sumerge en una oscuridad repleta de luces, músicas y brillos inconcebibles. El tiempo, los dioses, la metarrealidad, las pesadillas. Ciudades posmodernas que quizás estén habitadas por un solo ser, por el poeta insomne que las ha fundado, por el lector desprevenido que se acerca a sus barrios. Alguien desde un rascacielos puede estar observando un ocaso, el fin del mundo, la estela de un avión que jamás regresará. Un ángel bostezando en la parada de autobús. Dioses marinos, lectores de Jung, video juegos…
López es un lecto-escritor caleidoscópico, que todo lo retiene, lo asimila y lo convierte en experiencia literaria. Desde los clásicos, el posestructuralismo, el cómic o la música de vanguardia. Nada escapa del vórtice de su escritura, todo confluye y se transmuta en otra cosa, en poema, flash, quimera o sentencia. De Homero, por ejemplo, rescata ese personaje, Tersites, el antihéroe, el único ser con defectos que aparece en La Ilíada, y que tan bien refleja la decadencia de un mundo indefinido y lejano. También desfilan por sus poemas personajes de la Marvel, directores de cine, hombres y mujeres sin nombre. Quizá tú, lector. La intertextualidad, la reflexión filosófica y la ironía son algunas de las señas de identidad de JOL. Pero hay en la ironía de este poemario un rasgo de seriedad, de solemnidad que soslaya todo indicio de broma casual. Y si ese intento de trivializar está (que lo está), palpita bajo una gruesa capa de sinceridad, de emoción, de mirada aguda e inmediata. Todo es inmediato aquí. Todo fluye y nada queda en reposo. Hay una fuga hacia… cada lector habrá de encontrar su punto de llegada.
Leemos estos fragmentos, estas bocanadas de fuego comprimido, y comprendemos que nunca llegaremos a la isla, que Heráclito tenía razón, porque siempre somos otro. Y también le damos la razón a Zenón, porque nuestro viaje es en vano. No hay viaje que no sea hacia nosotros mismos, nos advierte JOL, viajamos por ríos que no existen. Soñamos que dormimos…
En Vigila del asesino, su anterior poemario, un viaje alucinógeno nos conducía por las avenidas mentales de una ciudad extraña. En estas Islas, el viaje es cósmico, plural, sin brújula, y jamás albergaremos la certeza de hacia dónde vamos, qué intenciones nos mueven.
Quizá toda buena literatura debiera de apostar por fórmulas desconcertantes, por vías nuevas como las aquí sugeridas.
martes, 9 de diciembre de 2014
4 imprescindibles de Baile del Sol
Sin ninguna duda, hay ciertos libros en determinadas editoriales que nos llaman más la atención que otros. En este caso no hemos tenido que rebuscar demasiado entre el maravilloso catálogo que tiene Baile del Sol. Hemos rescatado para vosotros cuatro títulos que tenéis que apuntaros para el próximo regalo que tengan que haceros. Cada uno en su temática y género son especiales, y estamos seguros de que vais a encontrar vuestra próxima lectura entre alguno de ellos, sino en todos.
Sinopsis: ¿Hasta dónde estarías dispuesto a caer y dejar caer para que tus libros sean los más leídos, tus canciones las más escuchadas o tus cuadros los más admirados? ¿Qué harías si supieras de la existencia de una organización internacional que conoce el secreto para convertir en alimento los sentimientos de quienes les rodean y, de esta forma, crear obras de arte maravillosas? A través de estas páginas, hasta la fecha inéditas y ahora en tus manos, el escritor Mario Rojas nos descubre la cara oculta de un mundo que deslumbra a la misma velocidad y tiempo en que lo cubre todo de ceniza. Un relato que te atrapará a medida que vaya avanzando y en el que nada es lo que parece ni nadie es quien aparenta ser. Ni siquiera el propio protagonista de la historia.
Valoración: La primera novela siempre es un duro paso que los escritores dan, la mayoría sin pena ni gloria. Pero en el caso de Ramón Betancor ha sido muy diferente. El éxito conseguido hace que sea recomendada por cada uno de sus lectores. Nos encantan los libros que se escriben sobre escritores. Es como si inconscientemente creyéramos estar leyendo las propias vivencias del autor. Y es que Mario Rojas, el protagonista, está vivo, muy vivo para todos. Porque primero le conocimos en las redes. El mismo Mario nos iba relatando ciertos aspectos de él mismo. Y quedamos enganchados por siempre. Y cuidado, en esta novela no todo es lo que parece; no os imagináis las cosas que pueden llegar a hacer algunos por conseguir lo que quieren… Ésta es la primera entrega de la trilogía El Reino de los Suelos, que lo completarán los dos siguientes títulos: Colgados del suelo y Camino del suelo.
La inmortalidad del cangrejo, de Fernando J. López
Sinopsis: Septiembre 2001. Alfredo tiene veintitrés años, un novio al que apenas ve, un trabajo basura que odia y una familia a la que no soporta. La noche en que Álex, su mejor amigo, desaparece sin dejar rastro, se siente obligado a intentar dar con él. Su búsqueda lo llevará a adentrarse en una realidad cada vez más violenta y peligrosa, hasta que su mundo amenace con derrumbarse con la misma saña que las Torres del 11S. Un mundo obcecado en ser cangrejo y donde los titulares ya nos anunciaban, sin que lo supiéramos, cuánto habríamos retrocedido diez años después.
Valoración: Llevo tiempo diciendo lo que me atrae todo cuanto escribe Fernando. Novela, teatro, relatos… Es uno de esos escasos escritores que prueban cualquier cosa y salen con éxito de la empresa que se habían propuesto. Un gran talento español al que desde ya deberíamos seguir la pista. Leer La inmortalidad del cangrejo es como mirar a un espejo y ver en él nuestra actual sociedad. No siempre sabemos lo que nos depara el destino. Más bien nunca, por mucho que creamos que vamos por el camino correcto. A veces, como el protagonista del libro, nos encontramos a nosotros mismos buscando otras cosas. Una novela dura, impactante, enmarcado en el trágico atentado de las Torres Gemelas de NY, un suceso que nos quedó grabado a todos. Un relato contado con pasión, que habla por sí solo, que nos lleva a acompañar a Alfredo por un mundo que va derrumbándose delante de nosotros. Una historia que nos hará darnos cuenta de lo importante que es dejar de pensar en la inmortalidad del cangrejo (frase hecha que suele significar que estamos distraídos fantaseando), incluso dejar atrás nuestro deseo de seguir siendo cangrejos y mirar hacia adelante, seguir dando pasos hacia el futuro real, uno que podamos decir que hemos contribuido a crear.
Sinopsis: Bajo el influjo de una profecía maya, un niño asiste al fin de año más importante de su vida. Una plaga de chinches pone patas arriba una relación de pareja. El mito de la caverna de Platón es el punto de partida para el encuentro de dos seres solitarios. Una escritora canadiense trata de llegar a Guantánamo para reescribir el viaje a Sajalín de Chéjov. Tras su debut en la novela con Pequeñas biografías por encargo, Javier Morales regresa al relato corto con ocho cuentos en los que nos habla de la pérdida de la inocencia, del amor y del trabajo, de la soledad y el desarraigo, de las zonas quebradizas de nuestras vidas, sin perder nunca de vista un presente que nos desconcierta y nos revuelve. Un libro donde el lector escribe el medio cuento que falta.
Valoración: No es el primer libro de cuentos de este autor. Javier Morales es un escritor que se descubre y se le hace a uno imprescindible. Un libro en el que no se puede elegir el mejor relato. Todos y cada uno de ellos tienen su importancia y su valor. Apenas ocho páginas como máximo por historia, y apreciamos más fundamento que en otras obras de cientos de páginas. La madurez narrativa de Morales queda plasmada en cada cuento. Contiene ocho cuentos más un cuento en el epílogo de Gonzalo Calcedo. ¿El otro medio cuento? El que el lector quiera añadir. Amor, soledad, trabajo… nuestra vida plasmada en las letras breves de Javier Morales.
Sinopsis: En 1878, Robert Louis Stevenson quiso huir de sus numerosos problemas -salud escasa, amores tormentosos, dificultades económicas-, emprendiendo un viaje a través de los montes Cévennes, en Francia, acompañado por Modestine, una burra algo especial. Los apuntes que Stevenson recogió durante el viaje dieron origen a este libro, una entretenida descripción de los franceses y de su país.
Valoración: Cómo no incluir a Stevenson entre los autores recomendados de Baile del Sol. Este libro de viajes nos narra la experiencia del viaje que emprendió Stevenson por Cévennes, Francia, cuando necesitó huir de sus problemas amorosos, de salud y económicos, acompañado por una peculiar burra. Vemos un fiel retrato de los franceses de la época, bellos paisajes por los que nos perdemos durante la narración, sitios que nos apuntaremos para recorrer algún día nosotros mismos.
domingo, 7 de diciembre de 2014
Stoner - John Williams
Título: Stoner
Autor: John Williams
Publicación: Baile del sol, 2010
Páginas: 240
'Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado.' Tom Hanks, Times
'Stoner de John Williams es algo más que una gran novela, es una novela perfecta, bien contada y muy bien escrita, de manera conmovedora, que quita el aliento.' The New York Times Book Review
'Stoner está escrito en el más franco de los estilos… la razón. Su héroe es un oscuro académico que soporta una serie personal y profesional de agonías. Sin embargo, la novela es absolutamente fascinante y sencilla ya que su autor, John Williams, trata a sus personajes con una sencillez y honestidad brutales que no podemos dejar de amarlos.' Steve Almond, Tin House
'Williams no escribió mucho en comparación con algunos novelistas, pero todo lo que hizo fue excelente… es una pena que hoy en día no se le lea más a menudo… Pero es genial que por lo menos dos de sus novelas [Stoner y Butcher's Crossing] hayan vuelto a reimprimirse.' The Denver Post
'Un retrato magistral de un hombre virtuoso y verdadero.' The New Yorker
'¿Por qué no es más conocido este libro?… Muy pocas novelas o escritos literarios de cualquier tipo, han llegado como Stoner a estar tan cerca de un alto nivel de sabiduría humana o a una obra de arte.' CP Snow
'Formal, espléndida y conmovedora. Lo que hace que Stoner sea tan impresionante es la intensidad de la figura y el carácter de un autor de altura.' Irving Howe, New Republic
'Una sencilla pero vibrante obra.' The Times Literary Supplement
Mis impresiones
Supongo que no hay mejor y más poderosa campaña de marketing que el boca a boca o el boca a oreja como solemos decir, capaz de infundir nueva vida y colocar de actualidad a una novela publicada ya hace tiempo de forma tan discreta que pasó totalmente desapercibida tanto para la crítica así como los lectores. Esto sucedió con Stoner, que originalmente vio la luz por primera vez en 1965 en estados Unidos pero no ha sido hasta hace poco que se ha empezado a reconocer su valor humano y literario hasta el punto de contar actualmente con gran prestigio y consideración.
“WILLIAM Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad. Este manuscrito aún puede encontrarse en la Colección de Libros Raros, portando la siguiente inscripción: «Donado a la Biblioteca de la Universidad de Missouri, en memoria de William Stoner, Departamento de Inglés. Por sus colegas».”
Stoner me ha parecido una obra sumamente curiosa y mi percepción sobre ella ha ido variando a lo largo del transcurso de la novela. Esta narración no es más que la vida de una persona como otra cualquiera, un simple profesor de universidad que, ni siquiera después de morir, ha dejado un gran recuerdo entre los que le conocieron. ¿Dónde está entonces la grandeza de esta obra o de su personaje? Su autor, John Williams, nos introduce en la historia de forma contundente. Son pocas las palabras iniciales que ya van a marcar ya de entrada la impresión del lector con respecto al personaje y que resumen casi de principio a fin la vida de este personaje.
Después vamos entrando poco a poco y en detalle en la vida de William Stoner, el hijo de unos granjeros de Missouri nacido en 1891 en un pequeño pueblo cercano a Columbia, la sede de la universidad. Con dieciocho años, animado por su padre, se marcha a la facultad a estudiar agronomía, conocimientos que más tarde podrá aplicar en su propia granja. Pero poco tiempo después de llegar a la misma se enamora irremediablemente de la literatura inglesa hasta el punto de abandonar sus estudios, a escondidas de sus padres, para matricularse en la facultad de Artes.
Con este pequeño acontecimiento surcando su vida, Stoner se replanteará su futuro en otra dirección y comenzará simplemente a vivir la vida que ha elegido. Embarcado en un desgraciado matrimonio, una hipoteca que se escapa a sus posibilidades y un empleo para el que tampoco tiene un don especial, aprenderá a afrontar los reveses diarios, a soportar las desgracias venideras y quizás en algún momento a aprovechar una chispa de suerte.
Mi historia con Stoner no fue amor a primera vista. Empecé a leerlo con emoción y las expectativas muy altas. Tan altas que a los pocos capítulos me preguntaba, un poco perdida, donde estaba la magia de la novela. Su comienzo es algo vulgar y un tanto lento. No es un libro que narre una gran historia con grandes aventuras ni acontecimientos prodigiosos, tampoco presenta demasiada complejidad y confieso que al principio tampoco le encontré la gracia al personaje (William Stoner tardó en conquistarme) pero lo cierto es que a medida que iba avanzando me apetecía adentrarme cada vez más en la vida de este personaje hasta llegar a un final memorable que me dejó con las emociones a flor de piel y profundamente emocionada.
“Pero William Stoner conocía el mundo de una manera que pocos de sus colegas más jóvenes podrían comprender. Por dentro, bajo su memoria, yacía la experiencia de la dureza, el hambre, la resistencia y el dolor”
Como protagonista seguramente Stoner no destaque en nada. Más bien se trata de un tipo gris, anodino y desapasionado. Un aburrido profesor de literatura inglesa (ni siquiera es un buen profesor) que no tiene carisma ni otra característica que le haga diferente. Quizás lo único destacable en su persona es la capacidad de asumir los problemas de forma estoica y continuar hacia adelante. No es un personaje con el que simpatizar o al que querer desde el principio pero poco a poco es capaz de hacerse un hueco en el corazón hasta el punto de que cuando le suceden cosas buenas nos alegramos sinceramente por él y cuando sufre lo hacemos también con él, por cada injusticia que le toca vivir y como a pesar de ello no pierde un ápice de su integridad.
Son pocos los personajes que interactúan con Stoner en la novela y sus relaciones están marcadas, como el resto de la novela, por la sencillez y definidas por una característica principal. Si es verdad que hay figuras muy complejas e interesantes entre ellas también es cierto que en ocasiones he echado en falta alguna que otra explicación sobre sus comportamientos para poder concretar porque actuaban de esta o aquella manera.
“En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.”
Me gusta la forma en que está contada esta novela. La gran magia de Stoner es su sencillez y cercanía, la veracidad con que nos muestra la vida misma. Nos habla de amor, desamor, amistad, los lazos familiares, las consecuencias de los actos, la competitividad laboral, el alcance y las consecuencias de las enemistades y venganzas personales entre muchos otros. Tiene momentos maravillosos, increíblemente intensos e inteligentes y otros terriblemente prosaicos. No es una lectura para aquel que espere acción, intrigas y sorpresas. Su autor simplemente nos narra y me gusta el tono que le infunde al relato. No evalúa a ninguno de sus personajes ni siquiera pretende que tal o cual caiga bien o mal al lector. Es una voz narrativa en tercera persona la que de forma lineal conduce el relato.
La novela se desarrolla a principios del siglo XX en Columbia. De fondo vamos viendo algunos de los acontecimientos que marcaron la sociedad del momento. Tales como la Primera y Segunda Guerra Mundial o el Crack del 29, unas circunstancias que rodean al personaje pero que él parece vivir de forma ajena inmerso en sus asuntos. La novela termina en el año 1956 con la muerte del protagonista (no descubro nada porque en la primera página se desvela este hecho).
Conclusión
Stoner me ha resultado una gran novela de comienzos discretos pero un final absolutamente maravilloso. Entre estos dos puntos una historia sencilla que va atrapándote y conquistándote poco a poco y un personaje de los que al final dejan huella. Completamente recomendable.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Bailando con Ricardo Hernández Bravo: "Llegar a la palabra, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma".
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Imagen que persigo, sólo exacta en mis ojos. /Bebo del
espejismo, de tu agua inventada.
Un agua
desbordada, que rezume de sus madres como un reboso capaz de remontar hasta sus
fuentes, o incluso más allá, al interior de esa tierra escondida donde sólo la
palabra, con su hacho tembloroso, nos permite alumbrar.
BdS.- Da la sensación de que cada palabra, cada verso, ha
experimentado un proceso de destilación hasta quedarse prácticamente en la
esencia de lo poético, ¿era esta tu intención?
RHB.-Esa
tendencia a la condensación, a la brevedad, ha sido siempre una característica
de mis poemas, en los que la anécdota poética es prácticamente inexistente
o está reducida a la mínima expresión.
Quizá en este libro sea aún más evidente por la propia naturaleza de su
contenido: ese deseo de exprimir la sed, lo que va quedando de ella en los
sequeros de la vida, hasta hacerla manar de nuevo en el flujo regenerador de la
palabra. Soy consciente de que de esa búsqueda de lo esencial, de eliminación
de todo lo que pueda desviar del sentido, resulta un lenguaje intenso, casi en
los huesos, de difícil apertura. Pero es
lo que me pedía este libro, aun a riesgo a veces de ahogarme en el silencio.
RHB.-Seguramente mi
predilección por el arte japonés del haiku
proviene de una íntima afinidad con sus principios estéticos. Me seduce su
condensación, su capacidad de concentrar la mirada, de desvelar lo pequeño y hacernos
apreciar, en palabras de Luis Corrales, la grandeza de “los innumerables
acontecimientos mínimos que cada día el mundo despliega ante nuestros ojos”. Es
una estrofa que encaja a la perfección en mi idea del poema como plasmación de
una imagen- extraída de la naturaleza muchas veces- y ejercicio de precisión
lingüística ajustada a una forma. No sólo me atrae el haiku como creador, sino que lo utilizo con mis alumnos de
Secundaria y Bachillerato, ya que sus posibilidades didácticas son muy
interesantes. Fruto de ese trabajo escolar es el libro cartonero Haikus del almendro en flor, (Cartonera Island, 2014), realizado por
estudiantes del IES Puntagorda.
BdS.-El libro tiene cinco partes, la última de ellas se titula
"Lugar de la palabra", ¿es allí donde querías llegar?
RHB.-Llegar a la
palabra, sí, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma, en
tanto generadora de más sed. De cuanto se nos niega hago cimiento. /
Destilo de mi sed. Esa tierra en la que ahondar como un viejo cabuquero
hasta hacerla brotar desde sus más profundos diques.
- ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?
Escarbo la palabra, como el hoyo en la arena donde un
niño quiere apresar el mar.
Creo que mi
lenguaje poético-por supuesto, también en Los
posos de la sed-está marcado por ese impulso: la necesidad de conservar la
inocencia en la mirada, la capacidad de asombro, los ojos del niño en su visión
inaugural del mundo y el milagro de esa palabra original, balbuciente e
incomprensible a veces, pero exacta en su nombrar maravillado: La del crío es mi sed, la que agita los
posos. / Su incesante inquirir, su acuciar desandado.
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jueves, 27 de noviembre de 2014
Mi vida con Potlach: entrevista a Inma Luna

“Mi vida con Potlach” es una de las sorpresas editoriales de los últimos meses. Se trata de una novela que se aleja rotundamente de la mediocridad habitual gracias a la profesionalidad de su autora y la falta de aspiraciones engoladas: difícilmente dejará indiferente a los lectores de buen criterio literario. Su autora, Inma Luna (Madrid, 1966), es periodista y antropóloga. Antes había publicado una gran cantidad de producción literaria, siendo esta su primera novela. Acaba de reeditar su primer poemario, “Divina”, también con Baile del Sol, y otro de sus poemarios más recientes es “Cosas extrañas que sin embargo ocurren”, a cargo de la editorial Cangrejo Pistolero (2013). Atendiendo a su producción en prosa, existe un libro de relatos titulado “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” (Baile del Sol, 2008).

Esta entrevista surge por la gran calidad de la novela que tenemos entre manos: “Mi vida con Potlach”. Después de leerla, estábamos deseando conocer a Inma y preguntarle acerca de un buen puñado de cuestiones. Su predisposición para concertar una cita y realizar la entrevista fue inmediata, y comprobamos en persona que su amabilidad es tan grande como la sonrisa que luce en todas sus fotografías. Nos citó en un local absolutamente encantador, y tras un té de nombre evocador y la mejor música de fondo, esto fue lo que nos contó:
“Mi vida con Potlach”, el proceso
Pregunta: En primer lugar, hasta ahora conocíamos su trayectoria literaria a través de sus relatos publicados, pero principalmente por su poesía, que además nos parece muy íntima, muy femenina y muy personal (que se aleja un tanto de la poesía narrativa)… ¿cómo surge ese salto a la novela, qué sucede?
Respuesta: Aparte de poesía, siempre he escrito también relatos: para mí, la diferencia esencial entre escribir poesía y narrativa está sobre todo en lo que hay de ficción en cada cosa. En la poesía no hay nada de ficción, es decir, todo lo que pongo sobre el papel es lo que realmente pienso, lo que siento. Quizá no todo lo experimento, pero sí es mi visión del mundo. Ahí no hay nada ficticio, no hay ningún personaje creado. Para eso me habían venido muy bien los relatos, había conocido muchos personajes muy interesantes.
P: No ha caído en la trampa del poeta que de pronto irrumpe en la narrativa escribiendo prosa lírica o incluyendo poemas entre los capítulos… ¡y queremos darle la enhorabuena por ello! ¿Cómo ha sido la experiencia escribiendo narrativa?
R: Yo tenía una idea en la cabeza: quería contar cómo a veces, aunque nos cerremos a las sorpresas que la vida nos depara, la vida se empeña en irnos cambiando ese trayecto: cómo era casi inevitable que la vida fuese cambiando el camino que tú has elegido. Pero no sabía con qué historia iba a explicar esto. Entonces, como no tenía experiencia en novela, al principio empecé a redactar esquemas, a pensar por capítulos, a hacer la dinámica que puedes encontrar en cualquier taller de cómo escribir una novela. Bueno, pues fui incapaz de funcionar así. Entonces, empecé a escribir de una manera más intuitiva, y en ese otro comienzo surgió Luis, el protagonista de la novela, que en principio yo no sabía ni siquiera si iba a ser un hombre, no lo tenía nada claro.
Pero de repente aparece esta voz y me resulta muy potente. Entonces me dejé llevar absolutamente. Y de verdad que ha sido un personaje agradecidísimo porque me ha contado muchas cosas. Ha habido mucha parte mágica, porque realmente me dejaba llevar. Tenía todas las facetas que yo necesitaba para contar esta historia: esa cierta paranoia, esos problemas que tiene, cómo intenta que su vida se convierta en una cuadrícula para salvarse del dolor… que en realidad es por lo que yo creo que a veces nos volvemos un poco inmóviles, porque creemos que cualquier paso que demos puede hacernos daño. Si no tuviésemos miedo al dolor seríamos mucho más osados. Necesité un trabajo de constancia, que es lo que requiere esto por contra de la poesía, (que para mí no requiere ningún esfuerzo).
P: ¿Cómo describiría la experiencia al darle voz a un protagonista masculino?
R: Ha sido muy, muy, muy interesante porque en cada tesitura que Luis se encuentra yo tengo que pensar como él, y tengo que entender por qué él piensa así, por qué se relaciona de esa manera con las mujeres, qué le ha pasado para tener esos prejuicios cada vez que se enfrenta a una relación, qué miedos le atenazan y por qué… y ver esto desde un punto de vista masculino, cuando yo además he hecho una literatura muy femenina. Ponerme en la piel de Luis ha sido un ejercicio precioso, porque me ha servido a mí también de mucho. Ponerte en lugar del otro pero no de una manera paternalista. Y la verdad es que los lectores hombres me han dicho que le veían bastante real, que era un hombre sensible pero que no parecía algo impostado.
P: ¿Por qué le interesaba meterse en la piel de un personaje con problemas mentales? ¿Hay un por qué?
R: ¡Eso también fue cosa suya! (Risas). En principio tampoco tenía pensado que tuviese ningún problema mental. Me venía muy bien ese punto de inflexión en un momento de su vida, cómo él empieza con esa crisis brutal que tiene, para que se replantearse qué hacer. Ese aspecto es muy útil para indagar en esa mente, en su forma de ver la vida, y también para ver cómo se enfrenta a otra visión con la que él no está familiarizado, y sobre todo, cómo se da cuenta de que tiene sentimientos que desconocía: intentar ayudar a gente que no conoce, que le ayuden a él…
P: ¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente?
R: Estoy trabajando en otra novela, pero igual, con paso lento porque me cuesta, y además casi no corrijo, con lo cual cada página esta destilada absolutamente: tardo muchísimo en escribirla porque no me gusta lo superfluo en nada, ni en la poesía ni tampoco en la novela. No quiero contar cosas que no sean imprescindibles, por eso voy corrigiendo a la vez que escribo, el proceso es lento. Estoy escribiendo una novela que creo que tiene muy poco que ver con ésta tanto en el tono como en los personajes; quería en principio que fuese un poco más ligera porque ésta es un poco densa en algunas partes, pero… ¡no me está saliendo tampoco tan ligera como me gustaría! (Risas). También estoy haciendo un poemario que sacaré para el mes de julio con una editorial de Huelva que se llama Crecida.
Feminismo en la literatura
P: Actualmente existen movimientos de carácter feminista, de igualdad de géneros, tanto a nivel político y social como, concretamente, literario. Por ejemplo, se está presentando por muchas ciudades el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón, que reivindica la igualdad de la presencia femenina en todos los ámbitos de la industria de la literatura, y en el que participan escritoras de tu círculo y/o generación. ¿Se siente identificada con estos movimientos? ¿Ha tenido que luchar con más fuerza en alguna ocasión dentro del ámbito literario por ser mujer?
R: Yo he tenido mucha suerte: cuando he querido publicar, he publicado. He escrito mucho de siempre, pero no he querido publicar hasta muy tarde porque todo lo que había escrito no me parecía digno de ser publicado. El primer poemario lo presenté a un concurso y gané la publicación, del que ahora ha salido la segunda edición (“Nada para cenar”). A partir de ahí casi todo me lo han ido pidiendo las editoriales.
Ahora bien: ¿qué le pasa a una escritora?, ¿qué le pasa a una mujer en general? Lo mismo, la misma dinámica que podemos experimentar en cualquier otro campo pasa en la literatura. Casi siempre somos un grupo aparte. No hay todavía un campo abierto de hombres y mujeres en nada: están los hombres, que ocupan la parte genérica de cualquier cosa (del arte, de la literatura…), la parte masculina es la que puede interesar a todo el mundo, siempre nos encontramos con esa barrera.
Me preguntan: ¿tú escribes para mujeres? ¡Pues no, nunca en mi vida he escrito para mujeres! ¿Escribo como mujer? Pues claro, escribo como mujer como pinto como mujer, como aprieto un tornillo como mujer… todo lo que hago en mi vida lo hago como una mujer, y además no reniego de eso para nada. Y lo que siento y experimento no me planteo si es femenino, es que es mío y sale de mí. Pero es que creo que ningún hombre se plantea si lo que hace es masculino. El problema que veo es que todo lo masculino es genérico, como ocurre con el lenguaje, y luego está lo femenino, que casi siempre son intereses que sólo corresponden a una parte de la sociedad. Parece que lo femenino no interesa en general, con ese choque te encuentras siempre. Tenemos que tener una alarma constante.
Por ejemplo, yo noto que me invitan mucho a festivales, a recitales. Pero a mesas redondas me invitan a muy pocas, esas casi siempre son de hombres… ¡salvo que hablen de literatura femenina! Entonces sí me llaman. Estoy segura de que quien lo organiza ni siquiera se acuerda. Tenemos que estar alerta. A veces no sabría decir si es discriminación… que sí que lo es… a lo mejor no voluntaria, pero existe, y se percibe.
Mi trabajo no sólo va destinado a las mujeres: hablo de la vida, que nos interesa a todos, y hablo de la maternidad porque me parece una experiencia relevante, pero no sólo para las mujeres. Este tema sólo se utiliza a nivel universal cuando interesa, es decir, cuando se trata de comprar cosas: si te interesa que los padres tengan en cuenta que tienen que comprar. En general parece que la maternidad es una cosa de la mujer, tanto para bien como para mal. Si quien diese a luz fuese un hombre, ¿te imaginas?, ¡tendría todos los privilegios del mundo! Y la maternidad no es una debilidad: es lo que hace que el mundo siga. El hecho de que ahora esté de moda hablar de algunos temas feministas me parece maravilloso.
Oigo a muchas mujeres más jóvenes que yo: “Soy feminista, pero no radical”. ¡Pero es que tienes que ser radical hasta el máximo… radicalísima! Nos las cuelan, hay miles de cosas que no eres consciente que estás haciendo o te estás tragando en la tele y esto no tiene que ser así. Tenemos que ser muy radicales, claro que sí: muy radicales pero no en el sentido de ataque, es una cuestión de defensa.

Cuestiones sociales, literarias y más
P: ¿A nivel global, qué opinión le merece el panorama literario actual de este país?
R: No estoy muy al tanto, pero lo que veo es que hay corrientes subterráneas, gente haciendo cosas que me parecen interesantes. De la literatura española contemporánea no me gusta casi nada. Hay excepciones, pero en general lo que llega a las librerías y lo que aparece en Babelia me parece malo, o por lo menos a mí no me interesa. Coordino un club de lectura y hemos leído cosas muy buenas y otras que te preguntas cómo se pueden publicar y vender durante tanto tiempo. Leímos “La alegría es un té contigo” de Mamen Sánchez… no puede estar peor escrito. Pero es que el último de Julia Navarro (que también lo leímos porque iba a venir a la librería) me pareció nefasto.
En poesía hay cosas que me encantan, y muchas son mujeres. Me encanta lo que están haciendo Ana Pérez Cañamares, Sofía Castañón, Sonia San Román… hay gente que está haciendo un trabajo muy bueno. Pero, ¿cómo está el panorama? Como todo, difícil, la cultura está en declive absolutamente. Luego hay grupúsculos semi mafiosos haciendo cosas de las que no participo, me muevo en ambientes mucho más gratificantes. La gente que he conocido en el campo de la literatura ha sido muy generosa conmigo.
Cuando me preguntan: “¿Vives de la poesía?”, digo: “Sí, vivo de la poesía porque es lo que me da la vida”. Recitar para la gente me encanta, porque hay un punto de conexión preciosa, es como un paso más del libro.
P: ¿Cuáles son sus principales referentes literarios?
R: Mi diosa es Clarice Lispector, es la escritora que más me gusta y más difícil me parece, pero siempre que la leo pienso: “Yo quiero hacer esto, quiero escribir con esta depuración”. Ella era una mujer que pensaba tanto en la literatura, que todo lo que ha escrito sobre literatura, yo lo firmaría. Es como si leyera lo que pienso, me encanta. Aparte, hay libros sueltos… me gusta volver a los libros de Juan Rulfo, “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, que son dos libros deliciosos; Yasunari Kawabata también me gusta mucho; algunas cosas de Gioconda Belli me parecen muy interesantes, las manos comerciales, quizá. En poesía me gustan Jaime Sabines, Laya…
P: Una de las grandes cualidades que ennoblecen a algunos de los personajes principales de esta novela, es su generosidad sin fisuras, ¿cree que es una de las grandes taras de la sociedad, la falta de empatía y de generosidad entre las personas?
R: Creo que no está perdido, que hay gente muy generosa, lo que pasa es que no sabemos mucho de ella. Esa gente no llega a los medios de comunicación, se ve mucho más la suciedad que nos rodea, que en esa no hay ninguna empatía, efectivamente.
El otro día fui a una Caixa, tienen un cuaderno con los pisos que venden, lo cogí y estaba lleno de dramas: cada piso de esos se lo han quitado a una familia y lo venden por una miseria. Es tan triste ver eso… ¡que te lo ofrezca una entidad que está ganando millones y millones, y tenga ahí esa exhibición del dolor! Es terrible, es horroroso. Se lo dijimos al director, “Estos son los pisos que quitáis a la gente”. Claro, no saben qué decir porque no pueden justificar eso.
Pero entre esa gente que han echado de los pisos estoy segura de que a su alrededor hay gente generosa que les está ayudando a sobrevivir, porque si no, ¡estarían las calles llenas! Así, hay una red de gente que está ayudando a los que estos están destruyendo. Ayer oía que la gente sigue aguantando gracias a la economía sumergida… mentira, siguen aguantando gracias a las familias, de las pensiones de los ancianos, de los 500 euros de la pensión, esa persona, sus hijos y sus nietos. Si eso no es empatía y generosidad… Esa gentuza nos está robando y además quiere hacernos creer que la culpa es nuestra. Viendo estos agujeros, ¿cómo pueden decir que es inviable la renta básica de Podemos? ¡Suma, suma todo lo que has robado!
P: Esta novela nos transmite un gran mensaje de aliento, de la superación a pesar de las dificultades… ¿cuál es el mensaje principal que desea transmitir a los lectores?
R: Sobre todo me encantaría que pudiese ayudarnos a estar más abiertos a la vida. Aunque tiene momentos tristes, es esperanzadora. La sociedad está construida sobre unos cánones equivocados. Es un sistema que a veces se olvida de la persona, sólo mira lo superficial.
En la maternidad y la corresponsabilidad, ¿quién decide que una historia de una noche implique ya a dos personas de por vida? Es un tema muy interesante que va en paralelo a la novela. También estoy de acuerdo en lo que tú dices, es una novela de superación, y de descubrimiento. También de sentimientos. No hemos hablado de Potlach, pero no vamos a desvelar quién es… es un personaje que Luis no sabía que le iba a hacer tanta falta, y en realidad la novela es todo el tiempo que comparte con ese personaje, y cómo va formando parte de sí mismo. También es una novela de descubrimiento en ese sentido: cómo él descubre cómo pueden ser las mujeres, (no la que él tenía en su cabeza), cómo puede ser la gente, y cómo puede ser él mismo.
Todo le va haciendo a comprenderse a sí mismo para enfrentarse de otra manera al mundo. Creo que es una buena fórmula para todos: conocernos, entendernos, perdonarnos lo que nos tenemos que perdonar y tener esa visión un poco más relajada y optimista frente a lo que nos rodea.
Para saber más de Inma Luna, mantiene un blog de literatura y aquí encontramos una relación de su bibliografía.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
John Williams: Stoner
Williams, John: Stoner. Baile del Sol, Tenerife, 2010 (edición original de 1965). Colección "Narrativa" 121. 240 páginas. Traducción de Antonio Díez Fernández.
Pues sí, me ha cautivado. Me ha dejado de piedra. Es buenísimo. No encuentro palabras. Me regalaron este libro hace un par de meses y no me sentía con ánimos de leerlo. Sin embargo, aprovechando un viaje, lo empecé y no pude parar de leer hasta terminarlo. ¿De qué va este libro? Pues va de la vida de un hombre normal y corriente, de un hombre que sueña con vivir tranquilo, con montar una familia, trabajar y ser feliz. Así, sin más.
"William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad".
Así comienza esta novela de John Williams (1922-1994), su tercera novela, escrita en el año 1965. Y tiene mucho de autobiográfico, como veremos a continuación. Williams nació y se crió en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y emisoras de radio, se enroló en el ejército en 1942 (en la novela, Stoner no se enrolará para continuar su carrera como profesor universitario). Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura en 1949 y su máster en 1950. Durante este período publicó su primera novela, Nothing but the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. La segunda novela en publicarse fue Butcher's Crossing (1960). Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965 (igual que Stoner). En este año, Williams se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quaterly hasta 1970. Su última obra publicada, Augustus, fue ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su muerte el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep of Reason, quedó inacabada.
Sobre esta novela he leído varias críticas, una de ellas, por ejemplo, en el blog de mi amigo y compañero David Pérez Vega (Desde la ciudad sin cines). Este destaca el comentario que hizo en el ABC Cultural Rodrigo Fresán, el cual decía: “Stoner es una obra maestra. Y punto”. “Repitan y tomen nota en sus cuadernos: Stoner… es… una… obra… maestra…”. Pero, ¿tiene razón? Desde mi punto de vista, sí. ¿Por qué? Pues porque es muy difícil escribir sobre la vida cotidiana, sobre una persona normal, que le pasan cosas normales, que quiere vivir feliz con su trabajo, su familia... La novela es muy lineal, no pasan grandes cosas (a la gente normal no le suelen pasar grandes cosas reseñables en novelas o en películas), no hay una trama policial, no hay giros de última hora, no hay acción que te cautive... Stoner es un tipo normal que fue a la Universidad de Missouri a estudiar Agricultura (para poder ayudar mejor a su padre, que era agricultor) y, cuando estudiaba su segundo curso, se dio de bruces con la literatura en una clase que le cautivó y le hizo cambiar de idea. A partir de ese momento se dedicó a la literatura, a su enseñanza, etc.
Por la vida de Stoner, como telón de fondo, se suceden los acontecimientos históricos más relevantes: Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial... Digamos que lo normal en su momento. Nada destacable. Tanto es así, que llegas a identificarte con él, con su historia, sus intereses... con sus valores y convicciones, con sus alegrías y sus penas, con sus aciertos y sus errores. Con su búsqueda de amor por encima de todo. ¿No estamos en este mundo para ser felices?
Así comienza esta novela de John Williams (1922-1994), su tercera novela, escrita en el año 1965. Y tiene mucho de autobiográfico, como veremos a continuación. Williams nació y se crió en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y emisoras de radio, se enroló en el ejército en 1942 (en la novela, Stoner no se enrolará para continuar su carrera como profesor universitario). Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura en 1949 y su máster en 1950. Durante este período publicó su primera novela, Nothing but the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. La segunda novela en publicarse fue Butcher's Crossing (1960). Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965 (igual que Stoner). En este año, Williams se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quaterly hasta 1970. Su última obra publicada, Augustus, fue ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su muerte el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep of Reason, quedó inacabada.
Sobre esta novela he leído varias críticas, una de ellas, por ejemplo, en el blog de mi amigo y compañero David Pérez Vega (Desde la ciudad sin cines). Este destaca el comentario que hizo en el ABC Cultural Rodrigo Fresán, el cual decía: “Stoner es una obra maestra. Y punto”. “Repitan y tomen nota en sus cuadernos: Stoner… es… una… obra… maestra…”. Pero, ¿tiene razón? Desde mi punto de vista, sí. ¿Por qué? Pues porque es muy difícil escribir sobre la vida cotidiana, sobre una persona normal, que le pasan cosas normales, que quiere vivir feliz con su trabajo, su familia... La novela es muy lineal, no pasan grandes cosas (a la gente normal no le suelen pasar grandes cosas reseñables en novelas o en películas), no hay una trama policial, no hay giros de última hora, no hay acción que te cautive... Stoner es un tipo normal que fue a la Universidad de Missouri a estudiar Agricultura (para poder ayudar mejor a su padre, que era agricultor) y, cuando estudiaba su segundo curso, se dio de bruces con la literatura en una clase que le cautivó y le hizo cambiar de idea. A partir de ese momento se dedicó a la literatura, a su enseñanza, etc.Por la vida de Stoner, como telón de fondo, se suceden los acontecimientos históricos más relevantes: Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial... Digamos que lo normal en su momento. Nada destacable. Tanto es así, que llegas a identificarte con él, con su historia, sus intereses... con sus valores y convicciones, con sus alegrías y sus penas, con sus aciertos y sus errores. Con su búsqueda de amor por encima de todo. ¿No estamos en este mundo para ser felices?
"Abrió el libro y, cuando lo hizo, se volvió algo ajeno. Dejó que sus dedos hojearan las páginas y sintió un hormigueo, como si estuviesen vivas. El hormigueo recorrió sus dedos y recorrió su carne y sus huesos. Fue perfectamente consciente y aguardó hasta que le poseyó, hasta que la vieja excitación parecida al terror se le fijó donde estaba. La luz del sol, entrando por la ventana, resplandecía sobre la página y no podía ver lo que allí había escrito.
Los dedos perdieron fuerza y el libro que sostenían se deslizó despacio y luego bruscamente sobre su cuerpo inmóvil, cayendo en el silencio de la habitación".Al final, cuando terminas la novela, algo de ti sientes que se muere con Stoner. Qué delicadeza, qué suavidad, qué paz... Cuando llegue mi muerte, a mí también me gustaría morirme así, con un libro como el de Stoner en mis manos. Que lo disfrutes. Hasta la próxima.
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