lunes, 1 de diciembre de 2014

Bailando con Ricardo Hernández Bravo: "Llegar a la palabra, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma".



http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=674&Itemid=427&catid=116
 
Baile del Sol. - Los posos de la sed es un libro de poemas breves, casi sentencias en algunos casos, en los que el agua aparece como hilo conductor, ¿qué te ha llevado a utilizar este elemento como eje?, ¿qué simboliza el agua en el poemario?

Ricardo Hernández Bravo. -El agua está en lo más íntimo de nuestra esencia, es casi nuestra razón de ser.  El agua o más bien algo tan humano, tan nuestro, como el deseo, la necesidad de ella: la sed. Una sed capaz de crear el agua misma, la propia idea del agua. Una sed que no se agote en la efímera saciedad, que sea capaz de resurgir, más intensa aún, de los posos a que va quedando reducida en la merma diaria:

Imagen que persigo, sólo exacta en mis ojos. /Bebo del espejismo, de tu agua inventada.

Un agua desbordada, que rezume de sus madres como un reboso capaz de remontar hasta sus fuentes, o incluso más allá, al interior de esa tierra escondida donde sólo la palabra, con su hacho tembloroso, nos permite alumbrar.

 
BdS.- Da la sensación de que cada palabra, cada verso, ha experimentado un proceso de destilación hasta quedarse prácticamente en la esencia de lo poético, ¿era esta tu intención?

RHB.-Esa tendencia a la condensación, a la brevedad, ha sido siempre una característica de mis poemas, en los que la anécdota poética es prácticamente inexistente o  está reducida a la mínima expresión. Quizá en este libro sea aún más evidente por la propia naturaleza de su contenido: ese deseo de exprimir la sed, lo que va quedando de ella en los sequeros de la vida, hasta hacerla manar de nuevo en el flujo regenerador de la palabra. Soy consciente de que de esa búsqueda de lo esencial, de eliminación de todo lo que pueda desviar del sentido, resulta un lenguaje intenso, casi en los huesos, de difícil apertura.  Pero es lo que me pedía este libro, aun a riesgo a veces de ahogarme en el silencio.

 
BdS.-Algunos de los poemas también parecen querer captar un instante, recuerdan de algún modo a la poética japonesa del haiku.

RHB.-Seguramente mi predilección por el arte japonés del haiku proviene de una íntima afinidad con sus principios estéticos. Me seduce su condensación, su capacidad de concentrar la mirada, de desvelar lo pequeño y hacernos apreciar, en palabras de Luis Corrales, la grandeza de “los innumerables acontecimientos mínimos que cada día el mundo despliega ante nuestros ojos”. Es una estrofa que encaja a la perfección en mi idea del poema como plasmación de una imagen- extraída de la naturaleza muchas veces- y ejercicio de precisión lingüística ajustada a una forma. No sólo me atrae el haiku como creador, sino que lo utilizo con mis alumnos de Secundaria y Bachillerato, ya que sus posibilidades didácticas son muy interesantes. Fruto de ese trabajo escolar es el libro cartonero Haikus del almendro en flor, (Cartonera Island, 2014), realizado por estudiantes del IES Puntagorda.  
http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=287&itemid=426
 

BdS.-El libro tiene cinco partes, la última de ellas se titula "Lugar de la palabra", ¿es allí donde querías llegar? 

RHB.-Llegar a la palabra, sí, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma, en tanto generadora de más sed.  De cuanto se nos niega hago cimiento. / Destilo de mi sed. Esa tierra en la que ahondar como un viejo cabuquero hasta hacerla brotar desde sus más profundos diques.  

 BdS- La naturaleza, la armonía también aparecen en el libro, a veces en contraposición a la agitación y la tecnología. Háblanos de este contraste.

 RHB.-Como bien apuntas, la naturaleza es otra de mis constantes; ese paisaje rotundo de la isla y el mar que impresionara mis sentidos desde niño y que forma parte de mi imaginario vital. Es una naturaleza en la que el elemento paradisíaco y el modelaje humano han mantenido un frágil equilibrio, una difícil armonía de siglos que cada vez se ve más amenazada. Y la amenaza viene por muchos flancos, pero se me antoja que la principal es también nuestra propia sed. Esa otra sed artificial, sujeta al mercadeo, a la novedad en serie, a la expropiación de los instintos, la uniformación de la mirada prisionera en una red de ocultamientos en la que lo virtual es superior a lo vivo, donde navegamos aparentemente saciados por un agua llena de brillos,  pero sin verdadera luz. Una palabra simplificada, vaciada de su rica complejidad, limitada a su simpática función “guasapera” o a su baboso reclamo publicitario y politiquero; un verbo incapaz de decir, de ser agua, de producir auténtica sed. La desintegración de la naturaleza, de nuestra convivencia armónica al compás de sus ritmos, va a la par de nuestra propia desintegración como seres capaces de sentir sed y de apreciar el valor del agua que nunca sacia.

- ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?

 RHB.-No soy amigo de hablar de mi poesía. Cuando me han pedido poéticas, siempre he preferido que sean mis poemas-si algo logran decir- los que hablen por mí. En la antología  Poesía canaria actual, de Miguel Martinón, utilicé esta imagen:

Escarbo la palabra, como el hoyo en la arena donde un niño quiere apresar el mar.

Creo que mi lenguaje poético-por supuesto, también en Los posos de la sed-está marcado por ese impulso: la necesidad de conservar la inocencia en la mirada, la capacidad de asombro, los ojos del niño en su visión inaugural del mundo y el milagro de esa palabra original, balbuciente e incomprensible a veces, pero exacta en su nombrar maravillado: La del crío es mi sed, la que agita los posos. / Su incesante inquirir, su acuciar desandado.

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jueves, 27 de noviembre de 2014

Mi vida con Potlach: entrevista a Inma Luna


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“Mi vida con Potlach” es una de las sorpresas editoriales de los últimos meses. Se trata de una novela que se aleja rotundamente de la mediocridad habitual gracias a la profesionalidad de su autora y la falta de aspiraciones engoladas: difícilmente dejará indiferente a los lectores de buen criterio literario. Su autora, Inma Luna (Madrid, 1966), es periodista y antropóloga. Antes había publicado una gran cantidad de producción literaria, siendo esta su primera novela. Acaba de reeditar su primer poemario, “Divina”, también con Baile del Sol, y otro de sus poemarios más recientes es “Cosas extrañas que sin embargo ocurren”, a cargo de la editorial Cangrejo Pistolero (2013). Atendiendo a su producción en prosa, existe un libro de relatos titulado “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” (Baile del Sol, 2008).


Esta entrevista surge por la gran calidad de la novela que tenemos entre manos: “Mi vida con Potlach”. Después de leerla, estábamos deseando conocer a Inma y preguntarle acerca de un buen puñado de cuestiones. Su predisposición para concertar una cita y realizar la entrevista fue inmediata, y comprobamos en persona que su amabilidad es tan grande como la sonrisa que luce en todas sus fotografías. Nos citó en un local absolutamente encantador, y tras un té de nombre evocador y la mejor música de fondo, esto fue lo que nos contó:

“Mi vida con Potlach”, el proceso

Pregunta: En primer lugar, hasta ahora conocíamos su trayectoria literaria a través de sus relatos publicados, pero principalmente por su poesía, que además nos parece muy íntima, muy femenina y muy personal (que se aleja un tanto de la poesía narrativa)… ¿cómo surge ese salto a la novela, qué sucede?

Respuesta: Aparte de poesía, siempre he escrito también relatos: para mí, la diferencia esencial entre escribir poesía y narrativa está sobre todo en lo que hay de ficción en cada cosa. En la poesía no hay nada de ficción, es decir, todo lo que pongo sobre el papel es lo que realmente pienso, lo que siento. Quizá no todo lo experimento, pero sí es mi visión del mundo. Ahí no hay nada ficticio, no hay ningún personaje creado. Para eso me habían venido muy bien los relatos, había conocido muchos personajes muy interesantes.

P: No ha caído en la trampa del poeta que de pronto irrumpe en la narrativa escribiendo prosa lírica o incluyendo poemas entre los capítulos… ¡y queremos darle la enhorabuena por ello! ¿Cómo ha sido la experiencia escribiendo narrativa?

R: Yo tenía una idea en la cabeza: quería contar cómo a veces, aunque nos cerremos a las sorpresas que la vida nos depara, la vida se empeña en irnos cambiando ese trayecto: cómo era casi inevitable que la vida fuese cambiando el camino que tú has elegido. Pero no sabía con qué historia iba a explicar esto. Entonces, como no tenía experiencia en novela, al principio empecé a redactar esquemas, a pensar por capítulos, a hacer la dinámica que puedes encontrar en cualquier taller de cómo escribir una novela. Bueno, pues fui incapaz de funcionar así. Entonces, empecé a escribir de una manera más intuitiva, y en ese otro comienzo surgió Luis, el protagonista de la novela, que en principio yo no sabía ni siquiera si iba a ser un hombre, no lo tenía nada claro.
Pero de repente aparece esta voz y me resulta muy potente. Entonces me dejé llevar absolutamente. Y de verdad que ha sido un personaje agradecidísimo porque me ha contado muchas cosas. Ha habido mucha parte mágica, porque realmente me dejaba llevar. Tenía todas las facetas que yo necesitaba para contar esta historia: esa cierta paranoia, esos problemas que tiene, cómo intenta que su vida se convierta en una cuadrícula para salvarse del dolor… que en realidad es por lo que yo creo que a veces nos volvemos un poco inmóviles, porque creemos que cualquier paso que demos puede hacernos daño. Si no tuviésemos miedo al dolor seríamos mucho más osados. Necesité un trabajo de constancia, que es lo que requiere esto por contra de la poesía, (que para mí no requiere ningún esfuerzo).
Mi vida con Potlach
P: ¿Cómo describiría la experiencia al darle voz a un protagonista masculino?

R: Ha sido muy, muy, muy interesante porque en cada tesitura que Luis se encuentra yo tengo que pensar como él, y tengo que entender por qué él piensa así, por qué se relaciona de esa manera con las mujeres, qué le ha pasado para tener esos prejuicios cada vez que se enfrenta a una relación, qué miedos le atenazan y por qué… y ver esto desde un punto de vista masculino, cuando yo además he hecho una literatura muy femenina. Ponerme en la piel de Luis ha sido un ejercicio precioso, porque me ha servido a mí también de mucho. Ponerte en lugar del otro pero no de una manera paternalista. Y la verdad es que los lectores hombres me han dicho que le veían bastante real, que era un hombre sensible pero que no parecía algo impostado.

P: ¿Por qué le interesaba meterse en la piel de un personaje con problemas mentales? ¿Hay un por qué?

R: ¡Eso también fue cosa suya! (Risas). En principio tampoco tenía pensado que tuviese ningún problema mental. Me venía muy bien ese punto de inflexión en un momento de su vida, cómo él empieza con esa crisis brutal que tiene, para que se replantearse qué hacer. Ese aspecto es muy útil para indagar en esa mente, en su forma de ver la vida, y también para ver cómo se enfrenta a otra visión con la que él no está familiarizado, y sobre todo, cómo se da cuenta de que tiene sentimientos que desconocía: intentar ayudar a gente que no conoce, que le ayuden a él…

P: ¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente?

R: Estoy trabajando en otra novela, pero igual, con paso lento porque me cuesta, y además casi no corrijo, con lo cual cada página esta destilada absolutamente: tardo muchísimo en escribirla porque no me gusta lo superfluo en nada, ni en la poesía ni tampoco en la novela. No quiero contar cosas que no sean imprescindibles, por eso voy corrigiendo a la vez que escribo, el proceso es lento. Estoy escribiendo una novela que creo que tiene muy poco que ver con ésta tanto en el tono como en los personajes; quería en principio que fuese un poco más ligera porque ésta es un poco densa en algunas partes, pero… ¡no me está saliendo tampoco tan ligera como me gustaría! (Risas). También estoy haciendo un poemario que sacaré para el mes de julio con una editorial de Huelva que se llama Crecida.

Feminismo en la literatura

P: Actualmente existen movimientos de carácter feminista, de igualdad de géneros, tanto a nivel político y social como, concretamente, literario. Por ejemplo, se está presentando por muchas ciudades el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón, que reivindica la igualdad de la presencia femenina en todos los ámbitos de la industria de la literatura, y en el que participan escritoras de tu círculo y/o generación. ¿Se siente identificada con estos movimientos? ¿Ha tenido que luchar con más fuerza en alguna ocasión dentro del ámbito literario por ser mujer?

R: Yo he tenido mucha suerte: cuando he querido publicar, he publicado. He escrito mucho de siempre, pero no he querido publicar hasta muy tarde porque todo lo que había escrito no me parecía digno de ser publicado. El primer poemario lo presenté a un concurso y gané la publicación, del que ahora ha salido la segunda edición (“Nada para cenar”). A partir de ahí casi todo me lo han ido pidiendo las editoriales.
Ahora bien: ¿qué le pasa a una escritora?, ¿qué le pasa a una mujer en general? Lo mismo, la misma dinámica que podemos experimentar en cualquier otro campo pasa en la literatura. Casi siempre somos un grupo aparte. No hay todavía un campo abierto de hombres y mujeres en nada: están los hombres, que ocupan la parte genérica de cualquier cosa (del arte, de la literatura…), la parte masculina es la que puede interesar a todo el mundo, siempre nos encontramos con esa barrera.
Me preguntan: ¿tú escribes para mujeres? ¡Pues no, nunca en mi vida he escrito para mujeres! ¿Escribo como mujer? Pues claro, escribo como mujer como pinto como mujer, como aprieto un tornillo como mujer… todo lo que hago en mi vida lo hago como una mujer, y además no reniego de eso para nada. Y lo que siento y experimento no me planteo si es femenino, es que es mío y sale de mí. Pero es que creo que ningún hombre se plantea si lo que hace es masculino. El problema que veo es que todo lo masculino es genérico, como ocurre con el lenguaje, y luego está lo femenino, que casi siempre son intereses que sólo corresponden a una parte de la sociedad. Parece que lo femenino no interesa en general, con ese choque te encuentras siempre. Tenemos que tener una alarma constante.
Por ejemplo, yo noto que me invitan mucho a festivales, a recitales. Pero a mesas redondas me invitan a muy pocas, esas casi siempre son de hombres… ¡salvo que hablen de literatura femenina! Entonces sí me llaman. Estoy segura de que quien lo organiza ni siquiera se acuerda. Tenemos que estar alerta. A veces no sabría decir si es discriminación… que sí que lo es… a lo mejor no voluntaria, pero existe, y se percibe.
Mi trabajo no sólo va destinado a las mujeres: hablo de la vida, que nos interesa a todos, y hablo de la maternidad porque me parece una experiencia relevante, pero no sólo para las mujeres. Este tema sólo se utiliza a nivel universal cuando interesa, es decir, cuando se trata de comprar cosas: si te interesa que los padres tengan en cuenta que tienen que comprar. En general parece que la maternidad es una cosa de la mujer, tanto para bien como para mal. Si quien diese a luz fuese un hombre, ¿te imaginas?, ¡tendría todos los privilegios del mundo! Y la maternidad no es una debilidad: es lo que hace que el mundo siga. El hecho de que ahora esté de moda hablar de algunos temas feministas me parece maravilloso.
Oigo a muchas mujeres más jóvenes que yo: “Soy feminista, pero no radical”. ¡Pero es que tienes que ser radical hasta el máximo… radicalísima! Nos las cuelan, hay miles de cosas que no eres consciente que estás haciendo o te estás tragando en la tele y esto no tiene que ser así. Tenemos que ser muy radicales, claro que sí: muy radicales pero no en el sentido de ataque, es una cuestión de defensa.

Inma Luna

Cuestiones sociales, literarias y más

P: ¿A nivel global, qué opinión le merece el panorama literario actual de este país?

R: No estoy muy al tanto, pero lo que veo es que hay corrientes subterráneas, gente haciendo cosas que me parecen interesantes. De la literatura española contemporánea no me gusta casi nada. Hay excepciones, pero en general lo que llega a las librerías y lo que aparece en Babelia me parece malo, o por lo menos a mí no me interesa. Coordino un club de lectura y hemos leído cosas muy buenas y otras que te preguntas cómo se pueden publicar y vender durante tanto tiempo. Leímos “La alegría es un té contigo” de Mamen Sánchez… no puede estar peor escrito. Pero es que el último de Julia Navarro (que también lo leímos porque iba a venir a la librería) me pareció nefasto.
En poesía hay cosas que me encantan, y muchas son mujeres. Me encanta lo que están haciendo Ana Pérez Cañamares, Sofía Castañón, Sonia San Román… hay gente que está haciendo un trabajo muy bueno. Pero, ¿cómo está el panorama? Como todo, difícil, la cultura está en declive absolutamente. Luego hay grupúsculos semi mafiosos haciendo cosas de las que no participo, me muevo en ambientes mucho más gratificantes. La gente que he conocido en el campo de la literatura ha sido muy generosa conmigo.
Cuando me preguntan: “¿Vives de la poesía?”, digo: “Sí, vivo de la poesía porque es lo que me da la vida”. Recitar para la gente me encanta, porque hay un punto de conexión preciosa, es como un paso más del libro.

P: ¿Cuáles son sus principales referentes literarios?

R: Mi diosa es Clarice Lispector, es la escritora que más me gusta y más difícil me parece, pero siempre que la leo pienso: “Yo quiero hacer esto, quiero escribir con esta depuración”. Ella era una mujer que pensaba tanto en la literatura, que todo lo que ha escrito sobre literatura, yo lo firmaría. Es como si leyera lo que pienso, me encanta. Aparte, hay libros sueltos… me gusta volver a los libros de Juan Rulfo, “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, que son dos libros deliciosos; Yasunari Kawabata también me gusta mucho; algunas cosas de Gioconda Belli me parecen muy interesantes, las manos comerciales, quizá. En poesía me gustan Jaime Sabines, Laya…

P: Una de las grandes cualidades que ennoblecen a algunos de los personajes principales de esta novela, es su generosidad sin fisuras, ¿cree que es una de las grandes taras de la sociedad, la falta de empatía y de generosidad entre las personas?

R: Creo que no está perdido, que hay gente muy generosa, lo que pasa es que no sabemos mucho de ella. Esa gente no llega a los medios de comunicación, se ve mucho más la suciedad que nos rodea, que en esa no hay ninguna empatía, efectivamente.
El otro día fui a una Caixa, tienen un cuaderno con los pisos que venden, lo cogí y estaba lleno de dramas: cada piso de esos se lo han quitado a una familia y lo venden por una miseria. Es tan triste ver eso… ¡que te lo ofrezca una entidad que está ganando millones y millones, y tenga ahí esa exhibición del dolor! Es terrible, es horroroso. Se lo dijimos al director, “Estos son los pisos que quitáis a la gente”. Claro, no saben qué decir porque no pueden justificar eso.
Pero entre esa gente que han echado de los pisos estoy segura de que a su alrededor hay gente generosa que les está ayudando a sobrevivir, porque si no, ¡estarían las calles llenas! Así, hay una red de gente que está ayudando a los que estos están destruyendo. Ayer oía que la gente sigue aguantando gracias a la economía sumergida… mentira, siguen aguantando gracias a las familias, de las pensiones de los ancianos, de los 500 euros de la pensión, esa persona, sus hijos y sus nietos. Si eso no es empatía y generosidad… Esa gentuza nos está robando y además quiere hacernos creer que la culpa es nuestra. Viendo estos agujeros, ¿cómo pueden decir que es inviable la renta básica de Podemos? ¡Suma, suma todo lo que has robado!

P: Esta novela nos transmite un gran mensaje de aliento, de la superación a pesar de las dificultades… ¿cuál es el mensaje principal que desea transmitir a los lectores?

R: Sobre todo me encantaría que pudiese ayudarnos a estar más abiertos a la vida. Aunque tiene momentos tristes, es esperanzadora. La sociedad está construida sobre unos cánones equivocados. Es un sistema que a veces se olvida de la persona, sólo mira lo superficial.
En la maternidad y la corresponsabilidad, ¿quién decide que una historia de una noche implique ya a dos personas de por vida? Es un tema muy interesante que va en paralelo a la novela. También estoy de acuerdo en lo que tú dices, es una novela de superación, y de descubrimiento. También de sentimientos. No hemos hablado de Potlach, pero no vamos a desvelar quién es… es un personaje que Luis no sabía que le iba a hacer tanta falta, y en realidad la novela es todo el tiempo que comparte con ese personaje, y cómo va formando parte de sí mismo. También es una novela de descubrimiento en ese sentido: cómo él descubre cómo pueden ser las mujeres, (no la que él tenía en su cabeza), cómo puede ser la gente, y cómo puede ser él mismo.
Todo le va haciendo a comprenderse a sí mismo para enfrentarse de otra manera al mundo. Creo que es una buena fórmula para todos: conocernos, entendernos, perdonarnos lo que nos tenemos que perdonar y tener esa visión un poco más relajada y optimista frente a lo que nos rodea.

Para saber más de Inma Luna, mantiene un blog de literatura y aquí encontramos una relación de su bibliografía.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

John Williams: Stoner

Williams, John: Stoner. Baile del Sol, Tenerife, 2010 (edición original de 1965). Colección "Narrativa" 121. 240 páginas. Traducción de Antonio Díez Fernández.

Pues sí, me ha cautivado. Me ha dejado de piedra. Es buenísimo. No encuentro palabras. Me regalaron este libro hace un par de meses y no me sentía con ánimos de leerlo. Sin embargo, aprovechando un viaje, lo empecé y no pude parar de leer hasta terminarlo. ¿De qué va este libro? Pues va de la vida de un hombre normal y corriente, de un hombre que sueña con vivir tranquilo, con montar una familia, trabajar y ser feliz. Así, sin más.

"William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad".


Así comienza esta novela de John Williams (1922-1994), su tercera novela, escrita en el año 1965. Y tiene mucho de autobiográfico, como veremos a continuación. Williams nació y se crió en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y emisoras de radio, se enroló en el ejército en 1942 (en la novela, Stoner no se enrolará para continuar su carrera como profesor universitario). Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura en 1949 y su máster en 1950. Durante este período publicó su primera novela, Nothing but the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. La segunda novela en publicarse fue Butcher's Crossing (1960). Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965 (igual que Stoner). En este año, Williams se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quaterly hasta 1970. Su última obra publicada, Augustus, fue ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su muerte el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep of Reason, quedó inacabada.

Sobre esta novela he leído varias críticas, una de ellas, por ejemplo, en el blog de mi amigo y compañero David Pérez Vega (Desde la ciudad sin cines). Este destaca el comentario que hizo en el ABC Cultural Rodrigo Fresán, el cual decía: Stoner es una obra maestra. Y punto”. “Repitan y tomen nota en sus cuadernos: Stoner… es… una… obra… maestra…”. Pero, ¿tiene razón? Desde mi punto de vista, sí. ¿Por qué? Pues porque es muy difícil escribir sobre la vida cotidiana, sobre una persona normal, que le pasan cosas normales, que quiere vivir feliz con su trabajo, su familia... La novela es muy lineal, no pasan grandes cosas (a la gente normal no le suelen pasar grandes cosas reseñables en novelas o en películas), no hay una trama policial, no hay giros de última hora, no hay acción que te cautive... Stoner es un tipo normal que fue a la Universidad de Missouri a estudiar Agricultura (para poder ayudar mejor a su padre, que era agricultor) y, cuando estudiaba su segundo curso, se dio de bruces con la literatura en una clase que le cautivó y le hizo cambiar de idea. A partir de ese momento se dedicó a la literatura, a su enseñanza, etc.

Por la vida de Stoner, como telón de fondo, se suceden los acontecimientos históricos más relevantes: Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial... Digamos que lo normal en su momento. Nada destacable. Tanto es así, que llegas a identificarte con él, con su historia, sus intereses... con sus valores y convicciones, con sus alegrías y sus penas, con sus aciertos y sus errores. Con su búsqueda de amor por encima de todo. ¿No estamos en este mundo para ser felices?
"Abrió el libro y, cuando lo hizo, se volvió algo ajeno. Dejó que sus dedos hojearan las páginas y sintió un hormigueo, como si estuviesen vivas. El hormigueo recorrió sus dedos y recorrió su carne y sus huesos. Fue perfectamente consciente y aguardó hasta que le poseyó, hasta que la vieja excitación parecida al terror se le fijó donde estaba. La luz del sol, entrando por la ventana, resplandecía sobre la página y no podía ver lo que allí había escrito.
Los dedos perdieron fuerza y el libro que sostenían se deslizó despacio y luego bruscamente sobre su cuerpo inmóvil, cayendo en el silencio de la habitación".
Al final, cuando terminas la novela, algo de ti sientes que se muere con Stoner. Qué delicadeza, qué suavidad, qué paz... Cuando llegue mi muerte, a mí también me gustaría morirme así, con un libro como el de Stoner en mis manos. Que lo disfrutes. Hasta la próxima.

viernes, 21 de noviembre de 2014

STONER


- ¿Has leído Stoner? ¿Sí? ¿Me lo recomiendas?
- Sí, es buenísimo. Léelo, por favor, ya verás, te va a encantar.
- ¿Seguro? No sé, ¿de qué va?
- Pues, mmm, transcurre en la primera mitad del siglo XX, en EEUU, y es la historia de un hijo de granjeros muy humildes que va a la universidad y se convierte en profesor. Y, bueno, la verdad es que es eso, principalmente. Y le pasan muchas cosas. Se casa, tiene una hija. Cuenta su relación con la literatura, el amor por los libros, su honestidad a prueba de todo, y también podría ser un libro de denuncia, porque describe muy bien los tejemanejes políticos y corruptos dentro del profesorado, el favoritismo y los chanchullos. Pero en realidad no lo es. También habla de las guerras mundiales vistas por los que no quisieron alistarse, y hay una historia de amor espléndida y un poco triste. Y...
- Vale, me lo llevo, aunque...
- En realidad, fíjate, es un libro casi sin argumento. Es simplemente la historia de un hombre que va a la universidad y se convierte en profesor, es la anti-épica perfecta. 
- ¿Me estás vendiendo un libro sin argumento y sin épica?
- ¡Sí! Pero lo lees y te envuelve, te atrapa y te lleva por donde menos te lo esperas. Es duro y frío, y Stoner es de una contención emocional absoluta, pero te emociona. Y no me preguntes cómo, que no tengo ni idea. Al terminarlo, no sabes muy bien qué te ha contado. La historia, de tan sencilla, parece que se te escapa de las manos. Pero no. Permanece. Y no se te olvida. 
- Bueno, ya te contaré. 
- Vendrás a por uno para regalar, ya lo verás.

jueves, 20 de noviembre de 2014

El origen extraño de lo visible

Antonio Ubero/La Opinión de Murcia 15/11/2014


Ana Pérez Cañamares dice verdad y lo hace con voz propia

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Por Deborah Antón

Ana Pérez Cañamares es una consagrada y respetada. Si aclaramos que no somos muy dados a colocar etiquetas fáciles, ¿qué podemos decir de su poesía, que habla por sí misma? Si lo que se necesita para considerar a una escritora como consagrada es su verdad y su voz, diremos que, entre “ególatras de museo y obelisco”, Ana Pérez Cañamares dice verdad, y lo hace con voz propia; una voz clara y potente, distinguida a su manera. Su poesía nos habla de cosas que realmente nos importan, sobre personas y situaciones “de carne y sangre”, sobre todo lo que nos incumbe: amor, trabajo, justicia, enfermedad, comunicación, familia, amistad, autoestima, tiempo. Nos lo relata de una manera que resulta palpable, inmediata; con imágenes cotidianas y aun así poderosas e imaginativas, “porque los poemas que los árboles dictan / están escritos en un idioma exótico / que no entendemos los que vamos / a recluirnos en nuestras casas”.
La autora comienza este con una disculpa: “Perdonadme que ahora juegue: / el dolor fue una institutriz severa”. El dolor enaltece –sólo si se sublima– y marca un recorrido de heridas, de experiencias, de enseñanzas. Alfabeto de cicatrices trata de relativizar las palabras con las palabras. Ellas son nuestro legado, nuestra democracia. “Si es de dignidad de lo que hablamos: // la justicia de las palabras / –la belleza de la exactitud– / aún nos pertenece”. En este recorrido suyo, vital, no perdemos de vista lo importante, no dejamos que el día a día acabe con nosotros: “llegas a casa, abres una cerveza y otra / bebes y bebes hasta que vuelve a ti / la sobriedad”. No nos dejamos deslumbrar por lo accesorio, por esos nuevos mitos del asfalto, a pesar de que “hay días en que parece / que cualquier objeto / recién comprado / va a tener el poder / de cambiarlo todo”. Y, a pesar de ello, nos llegamos a desesperar alguna vez, porque todos libramos una batalla personal y privada, y todos hemos conocido esas “tardes en que el teléfono no suena / y parece que todos los amigos han muerto / o están lejos o demasiado ocupados / en sobrevivir”. Todo el mundo siente alguna vez que la independencia que tanto nos cuesta construir “se requebraja cuando la tristeza da un golpe de estado”.
Este es el mundo en el que tenemos que vivir, y en el que todos mantenemos una lucha. Hay multitud de vivencias y de opciones. Todos estamos solos. Por eso a veces necesitamos personas que nos ofrezcan una guía, un poco de su luz. Si tenemos en cuenta todo lo anterior, Ana Pérez Cañamares es una profeta, y Alfabeto de cicatrices es su credo.

http://letrasenvena.com/2014/alfabeto-de-cicatrices-de-ana-perez-canamares

miércoles, 19 de noviembre de 2014

AMADOU NDOYE África más allá del tópico

AMADOU NDOYE
África más allá del tópico
Ed. Baile del Sol. 2014

            A veces bromeábamos con Amadou diciéndole que más que un estudioso ensayista, era la gran promesa de un novelista espectacular. El se reía, sonreía y decía: ¡eso no puede ser muchacho! Pero ninguno le creíamos porque su habilidad para enlazar y capitular relatos inverosímiles era la prueba irrefutable de que era un homo narrator.
-         ¿Cómo está Olga, cómo está Mariano, cómo está Pepín? – sonaba su voz inconfundible al teléfono.
            Al día siguiente ya estábamos comiendo los sabrosos manises tostados y macerando las hojas para hacer el bissap. Eran los cacahuetes con un sabor único, como los que vendía en cucuruchos el manisero de la canción. Con el mismo aroma de las canciones acubanadas y paternas de timbre inconfundible y el recuerdo de unas manos arrollando cucuruchos para con el pico divertir nuestros más alejados recuerdos de inviernos, laureles y charcos en la niñez de nuestros barrios.
-         ¿Cómo estáis los caballeros? Nos despertaba en aquellos días mágicos en su casa de la gran Medina, acercándose a la ventana del patio, mientras la nurse de sus hijos todavía pequeños, nos acercaba el desayuno.
            Y es que los sincronismos de la vida nos llevaron a coincidir con él en una entrevista radiofónica a principios de los ochenta. El era un perfecto desconocido y nosotros unos músicos atrevidos que compartimos la mesa del estudio, sin pensar que años más tarde nuestros caminos se encontrarían.
            Hasta tal punto esto fue así que he tenido la enorme suerte de presentar sus tres libros publicados por la emprendedora editorial Baile del Sol. Los  comentarios han sido unánimes, nuestro hombre en África nos ha ido desentrañando lo que una visión extraviada y llena de tópicos instalada en nuestra aculturación había propiciado.
            Se necesitan clarificar muchas cosas, casi deconstruir como cita el prologuista de esta obra, y por ello una de las afirmaciones más reiteradas por Amadou Ndoye ha sido habitualmente la contenida en esta frase: el pasado africano de Canarias es mileranio, mientras que el pasado europeo de las islas sólo es centenario.  Y esto viene a colación en ese común pasado de esclavitud remota, colonialismo y aculturación en que Amadou Ndoye ha sido y continúa siendo un referente para la dicha deconstrucción de una identidad sumida exactamente igual que la africana, en el tipismo y en toda clase de tópicos padecidos por el hombre insular.
            Es de esperar y desear que los libros de Ndoye ocupen de forma definitiva el lugar que les corresponde en nuestro acervo cultural y si hace falta repetirlo habrá que hacerlo. Por su profundidad intelectual, por su calidad literaria expresada con acierto total en una lengua que además no es la suya materna, precisamente.
            De los variados ensayos que contiene este libro y para dejar intacta la curiosidad del futuro lector me centraré en tres de ellos: La presencia del bolero en Senegal, tema etnomusicológico que desarrolla con verdadera maestría antropológica, Las creencias africanas a ambos lados del Atlántico que recorre el tema del espiritismo y la magia en Canarias y África, y también Esas voces de narradoras y narradores senegaleses tan lejanas y tan cercanas.
            Comienzo por el tema musicológico porque éste es como dije al principio el que me llevó a entablar una relación epistolar con Amadou que se continuaría más tarde en diversos viajes al país africano en visitas a clubes de jazz, escuela de artes, aprendizaje de la kora y conocimiento de afamados músicos del continente como Papa Seck, Pap Niang, Baba Maal, Les Freres Guissé o Youssou N´dour. Y es que fue tal la insistencia por mi parte en este tema que a nuestro autor no le quedó otro remedio que escribir un artículo para el primer número de la revista El Vigía bajo el rótulo La Música africana. Él había escrito un texto de título Jazz y Literatura que había presentado y leído en Madrid y en Francia, pero que era largo como una tesis y nosotros necesitábamos algo más fresco y acorde al impacto de la música africana de aquellos momentos de finales de los ochenta cuando los sones de la salsa parecían menguar y la música étnica aflorar. Uno de los primeros nombres que aparece en este capítulo IV de África más allá de los tópicos es el de Johnny Pacheco, con quien precisamente tuve ocasión de departir largo y tendido en el camerino de la Plaza de toros en Santa Cruz de Tenerife durante el gran festival de salsa auspiciado por la tabaquera Coronas. Había regresado entonces de Senegal hacía pocas semanas y charlé con Johnny precisamente  de ello, de Papa Seck y su flauta travesera, de los ancestros isleños del propio Pacheco y hasta de los super equipos de sonido de ahora y sus conciertos multitudinarios en Nueva York con la cuarto parte de vatios.
   
         Johnny Pacheco, dice Amadou “es el dominicano más conocido en mi país” y en el bolero siempre ha sido decisiva la impronta africana, recogen los estudiosos cubanos de este género. Buenaventura Ferrer hace alusión a este género como datado en 1708: bailes en La Habana que se abrían con el minué y seguían con la contradanza, zapateos, congos, boleros y guarachas. Amadou se mueve asimismo en el terreno de la oralidad, busca informantes y nos habla del Senegal años 20 con cuatro ayuntamientos y cada uno con su orquesta. La capital era Saint Louis y los colonizadores desembarcan ahí todo lo que venía de Francia: el son, el tango, el vals, la rumba y el beguine. El bolero de Ravel data de 1928 y en los 20 y 30 grupos caribeños pasaban por Francia y grupos franceses recalaban en Saint Louis. Nos relata así que en 1930 se unen las orquestas de Goree y Dakar bautizadas como La Lira africana. Es una época donde se conoce a Matamoros, Piñero, Mª. Teresa Vera de Cuba y las llamadas batucadas que llegan de Brasil gracias a emigrantes caboverdianos.
            En los cincuenta nos cita a Abelardo Barroso, el caruso cubano y así nos confirma que muchas vocaciones de hispanistas nacieron, porque africanos del oeste escucharon a boleristas, guaracheros y charangueros. Los africanos se adueñaron plenamente del bolero, el cha cha chá y la rumba a finales de los cincuenta y así hasta los 70 con la orquesta Baobab, la Number one y locales como La estrella polar, El molino rojo, el Miami, donde diera sus primeros pasos Youssou N´dour que cantaba salsa antes de ser una estrella del mbalax.
            A partir de esas fechas la racha nacionalista se traduce en instrumentos, vestidos, baile tradicional y los sonidos del Caribe dejarán paso a ritmos nacionales y étnicos. Magnífica exposición diríamos donde la perspectiva difusionista es clave, pero también el funcionalismo y evolucionismo etnomusicológico, para concluir con unas frases memorables cuando dice que para entender el dolor y el amor no es preciso ser latinoamericano, basta ser humano simplemente y que africanos y afrodescendientes saben mucho del dolor...“hemos tenido que desplegar tesoros de un amor inoxidable para sobrevivir a congojas y desazones en un mundo en que nos ha tocado a menudo luchar con armas desiguales”. O esta otra de Art Blakey “nuestra música es un reto permanente a todas las humillaciones e injusticias que hemos tenido que aguantar desde hace generaciones”. Para concluir con una cita de Fabio Betancort: “la confluencia musical supone pliegues y repliegues etnomusicales, préstamos, puntos de encuentro de tradiciones musicales existentes, hibridismos, tentativas aleatorias, desplazamientos sonoros y hasta fusiones de géneros y estilos“.
            Con todo esto concluye Ndoye: Quien se entera de que sonidos negros se colaron en el flamenco y el tango no se extrañará de que el bolero, como el son, la guaracha o el mambo hayan vuelto a casa para ser acogidos con brazos y corazones sorprendidos y abiertos.
            En el capítulo II encuentra Amadou el entronque de la magia en ese triángulo del que reiteradamente nos habló y no sólo en el terreno musical como es obvio, entre África, Cuba y Canarias. Y lo halla en lo mágico de la obra tan conocida de Luis León Barreto: Los espiritistas de Telde: “el médium por excelencia en la obra es Juan Camacho, es el enlace entre los espíritus y la futura víctima, Ariadna. Es el nexo entre razas, culturas, sistemas religiosos, espacios y tiempos. Vincula a Canarias y Cuba, ya que se traslada del archipiélago a las Antillas a principios del siglo XX y recibe una iniciación por adeptos lucumíes y congos en la isla caribeña”. Si el lector precisa una clarificación mayor, ésta se encuentra en la página 96 donde Amadou hace responder al narrador a su pregunta ¿Cómo entender la persistencia de ciertas creencias y actitudes? El narrador sume a su lector, nos dice, en las aguas de la historia canaria, descubriendo de paso elementos de los condicionamientos socioétnicos y socioculturales de la isla, que se tenía tendencia a olvidar, ritos de magua de conversos berberiscos, negros de Cabo Verde y Guinea, danza del pámpano roto, ritos de adivinas y de iniciados del Corán y fe judía de los expulsados. En la página 97 encontramos esto: “Del África del Norte son oriundos los guanches, primeros habitantes del archipiélago, que dejaron su impronta en las distintas superficies y subsuelos de las islas. A ellos se unieron europeos y africanos negros. Esos llegaron con su cosmovisión y aportaron su contribución cultural a la construcción de la idiosincrasia pese al modo en que se ha escrito la historia hasta la fecha.”
            En el capítulo V nos advierte el autor que van a desfilar en la antología de narradores y narradoras que nos presenta varios períodos de la historia de Senegal, desde la independencia y antes hasta el principio del siglo XXI. La historia, nos dice, está en los personajes, los acontecimientos sean estos ficticios o reales y también en los silencios.
            Lo que fue perder la hacienda, la autonomía de milenios y explicarlo con palabras sencillas aparece en Los tambores de la memoria. Las matanzas y trabajos forzados y el compartir con los blancos solidarios se perciben con claridad en Excelencia, sus esposas. Lo que supone que un poder se vaya y otro aparezca dando lugar al cuestionamiento de la situación y su continuismo se ve con claridad en El cubo de basura. Y ese desorden económico según Amadou quien mejor lo ilustra es la novela Xala. La aceptación del multipartidismo a raíz del mayo 68 senegalés se ilustra en El vientre del Atlántico. El puro cuidado de las apariencias en Bueno como el pan. El collar de paja es otra buena novela a juicio de Amadou que desvela una crítica a la poligamia y varios aspectos de la tradición, el sitio reservado a las mujeres. La huelga de los battu o El juego del mar, son otras obras cuyo análisis detallado encontrará el lector en estas páginas. Ndoye concluye enumerando los obstáculos que le quedan por superar a la narrativa senegalesa. Un escaso número de lectores, la flaqueza del poder adquisitivo, el idioma y la difícil distribución de las obras. Cheickh Aliou Ndao, Ousmane Sembene y Boris Diop tienen la convicción de que su identidad remite al vacío al escribir en otra lengua; algunos de ellos han decidido escribir en wolof, idioma materno mientras que Ousmane Sembene, llevó sus novelas al cine para acceder al público menos culto.
            Sólo me resta felicitar a la editorial Baile del Sol por poner a nuestro alcance esta obra y a su prologuista Antonio Lozano por haberme introducido en estos ensayos de una manera tan adecuada, con datos y citas como esta, contestando a un desafortunado discurso de Sarkozy en Dakar: que mientras su país (Francia) y el resto de Europa, se sumían en el siglo XIII en la sombría Edad Media, en las orillas del Níger florecía un Imperio, el fundado por Sundiata Keita, que gozaba de una ley magna, llamada de Kurukanfuga, considerada por muchos como la primera constitución de la historia, que consagraba la libertad, la solidaridad y la tolerancia como ejes sociales fundamentales y que, entre otras cosas, afirmaba que “las mujeres, además de a sus tareas cotidianas, deben ser asociadas a todos nuestros gobiernos”  o esta otra: “Tombuctú, una ciudad que disponía en el siglo XV de una universidad que albergaba a más de veinticinco mil alumnos de varios países, y por cuyas calles transitaban sabios de todas las disciplinas, humanísticas o científicas, que componían el saber de aquella época”, que nos posicionan del lado de un futuro  compartido y solidario.

© Roberto Cabrera