miércoles, 20 de agosto de 2014

STONER

STONER
JOHN WILLIAMS

Ed. Baile del sol, 2013

STONER
 Stoner es una palabra de jerga que designa a aquella persona que fuma habitualmente marihuana. No sé si el autor de la novela ha escogido a conciencia este nombre para el protagonista de la narración, pero supongo que lo ha tenido muy en cuenta. Porque el personaje central va por la vida aparentemente ido, traspuesto. Se nos muestra como un carácter pusilánime y pasivo; sin embargo, cuando entiende que algo es verdaderamente importante, su decisión es inapelable y afronta el problema como una roca, como una piedra (Stone). También como una piedra se comporta a veces el protagonista, inmutable ante los acontecimientos y dejándolos pasar.
Tremenda novela en la que Williams disecciona no solo el alma humana sino la vida en su aspecto más dramático: la soledad de la persona frente a la sociedad y el mundo en general, la soledad en cuanto a afrontar su propia vida. Y es terrible porque lo que nos cuenta es demoledor, de tan real; inevitablemente cotidiano. Aunque esté ambientada entre el comienzo y la primera mitad del siglo XX, la narración, con pequeños cambios de ambientación, podría ser perfectamente actual. Se sigue aislando al “diferente”, al que no se comporta como todos, al que se ocupa de sus asuntos y va a su aire. No es demasiado comprensible, sin embargo, cómo el protagonista da el salto de la mentalidad agraria y campestre a la literatura. Casi parece sernos descrito como una transfiguración, una visión que transforma a William (nombre tampoco casual, hay elementos autobiográficos en esta novela) y le hace penetrar en los secretos de las palabras. Una especie de “caída del caballo” al modo de San Pablo.
La historia es la de un hijo de granjeros de Missouri que sale del campo y se sumerge en el mundo universitario de Columbia, una pequeña ciudad de Missouri. Con la idea originaria de que su retoño aprenda mejores técnicas de Agricultura, que revertirán en la mejora de la granja, los padres de William lo envían a la Universidad. Pero allí ocurre un cambio, el chico descubre que hay otras cosas que le atraen profundamente más. Un mundo nuevo: las palabras. Y abandona padres, granja, proyectos y futuro.
Este es un nuevo mundo en el que, fuera de los libros y un par de amigos, William no sabe nada, y mucho menos, de las mujeres. Así, la primera mujer que le mira se convierte en la dama de sus sueños. Todo va muy deprisa y de la noche a la mañana William Stoner se convierte en un esposo (y más tarde en padre) con demasiadas responsabilidades y muy pocas satisfacciones. La existencia de este hombre se va retrayendo cada vez más, para defenderse de las agresiones externas, aunque las responsabilidades y las culpabilidades se le vayan sumando sobre sus ya desmejorados hombros. Paulatinamente se va atrincherando en los libros, en la literatura, en el mundo de las palabras y en el mundo académico, en su trabajo como profesor. La esposa, los padres, la hija, el hogar, todo va distanciándose (contra su voluntad, pero William es un hombre tranquilo, podríamos decir) y haciéndole enrocarse en un duro caparazón, del que sale en una breve etapa al descubrir el amor, la pasión amorosa. Pero esto tampoco se le permitirá. Toda su vida es un acumulo de frustraciones y fracasos, salvo su constante refugio: su trabajo como profesor. La descripción de la vida académica universitaria, que el autor conoció durante muchos años, es una vivísima disección, un retrato fiel, dramáticamente realista…y lo peor es que no parece haber cambiado demasiado, incluso en la europea y no digamos, la española. Intrigas, presiones, ambiciones y luchas por el poder. Todo un reflejo, en miniatura, de la sociedad.
La vida de Stoner es presentada al lector por diversas facetas (la campestre, los comienzos estudiantiles, el noviazgo y boda, el trabajo de profesor, el affaire con Katherine, etc.) por orden cronológico y desde un narrador impersonal, pero eligiendo el punto de vista de Stoner. No sabemos lo que piensa Edith, ni Grace, ni los demás personajes, aunque podemos deducir muchas cosas de los hechos que se nos muestran. Tampoco sabemos demasiado del pensamiento de William. A veces parece que siga una corriente vital, sin plantearse nada, como si estuviera fumado, dejándose llevar, como un canto rodado…like a rolling stone.
Lo que vemos en el desarrollo de la historia es que un hombre sencillo, honrado, que sigue su camino, es acosado por todos aquellos que le rodean; de un modo muy sutil a veces, de un modo violento y directo, otras. Y su refugio siempre es la literatura, que es el mundo que ha elegido ( a veces nos queda la duda de si es la literatura la que le ha elegido a éll). Con los libros vive y con los libros muere. Por lo demás, a pesar de estar siempre rodeado de gente, la soledad es su única compañía.

John Williams (Clarksville, Texas, 1922 – Fayetteville, Arkansas, 1994) fue un escritor estadounidense principalmente conocido por sus novelas Stoner, Butcher’s Crossing y El hijo de César, aunque también se dedicó a la poesía. Nació en una pequeña localidad tejana, Clarksville, Después de desempeñar varios empleos se enroló en el ejército en 1942, durante dos años y medio, sirviendo en la India y Birmania. Tras la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su título de bachelor en 1949, y elmaster, en 1950. Durante este periodo publicó su primera novela, Nothing But the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. En 1955 pasó a dirigir el programa de escritura creativa de la Universidad de Denver. Tras jubilarse en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su fallecimiento.
  
Ariodante
agosto 2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

‘Abrazando vértebras’, de Alberto García-Teresa

 | agosto 12, 2014 | MISCELÁNEA CULTURAL » Territorio en penumbra »
Publica Baile del sol el nuevo libro de Alberto García Teresa (Madrid, 1980), un poeta conocido por su palabra comprometida y su labor como activista. Sin embargo, aunque esa labor y su poesía van íntimamente unidas, no es en lo que nos vamos a centrar aquí. Lo que nos interesa es el fuerte trabajo de lenguaje que se imprime al texto para que este quiebre y grite, otorgue esperanza y asuma las derrotas. La labor de García-Teresa es la misma de César Vallejo: darle al leguaje el valor de testimonio, pero sin que este pierda su función poética. Por supuesto, García-Teresa se sitúa en la poesía de la conciencia crítica, de la que ha hecho un estudioLibros, literatura, poesía fundamental. Partiendo de esos postulados, su lenguaje salta desde lo histórico a lo atemporal, tal como hacía Bertolt Brecht para advertirnos del horror del totalitarismo, de la violencia irracional en manos de los mismos de siempre. García-Teresa escribe desde aquí y desde ahora, pero sus palabras deben valer como advertencia y como refugio. Además, como buen trabajador de lenguaje, sabe que este debe también ser puesto bajo sospecha, pues se utiliza al servicio del poder. Por lo tanto, la primera subversión va a ser la que se opera en ese territorio, creando un lenguaje para los que luchan y los que sufren la opresión. Un lenguaje propio frente al discurso único que otorga una función a los poetas en la república del nuevo día.
…………El lenguaje de García-Teresa abunda en imágenes. En su decir se concitan figuras de traslación de sentido para crear una sinapsis particular entre los términos. De ese modo, los elementos cotidianos, sobre todos los urbanos, están trabajados de tal modo que dan la idea de una prisión para el pensamiento, en donde el individuo debe darles nuevo uso si quiere ser libre. También el cuerpo se concibe como un elemento de liberación y se convierte en la expresión simbólica del propio dolor ante el sometimiento, así como de la fraternidad del abrazo es la única salvación para esos individuos forzados a la alienación y la soledad. García-Teresa conoce la capacidad subversiva del humor y de la solidaridad: ambas operan también como instrumentos metafóricos para romper el dogal que unce a los bueyes al trabajo. El trabajo de ritmo es también necesario para construir la partitura textual que se nos ofrece. El verso está montado musicalmente, cercano a esa música de lo conversacional que se nos antoja banda sonora.
…………Estamos, pues, ante un texto que demuestra la coherencia y también la solidez del discurso del poeta. Otro paso más en el desmontaje de una realidad cada vez más asfixiante.

martes, 12 de agosto de 2014

PALABRA POR PALABRA. Stoner


John Williams (1922-1994)
Ocurrió de este modo: me había dejado el último capítulo de Todo lo que hay, la última novela de James Salter, para leer, solitario, a la mañana siguiente; una forma como otra cualquiera de intentar alargar el placer, demorar lo inevitable. Por suerte, todavía me queda un libro de Salter por leer, La última noche, y sé que los relatos que contiene volverán a fascinarme con esa prosa deslumbrante, fresca, sabrosa. Es un consuelo pensar que entre sus páginas hallaré, seguro, fugaces vislumbres de las vidas, las historias y las palabras entretejidas en sus novelas, el regusto impagable de su portentosa Años luz. No obstante, como decía, me resistía a terminar Todo lo que hay y, aquella mañana, más bien temprano, cuando volví sobre ella, me encontré con que, en realidad, sólo siete páginas me separaban del indeseado final. Mi ocurrencia de la noche anterior se había convertido, de pronto, en una broma algo cruel. Las leí despacio y terminé enseguida. Un abismo se abría entre mis manos. Con toda seguridad, cualquier libro que empezase entonces habría de decepcionarme. Repasé mentalmente la lista de títulos pendientes, una lista inabarcable, y no conseguía decidirme por ninguno. Entonces tropecé con Stoner (Ed. Baile del Sol), una novela publicada en 1965 que pasó desapercibida para el mundo en su momento y que volvió a reeditarse hace poco, convirtiéndose ahora en un fenómeno literario internacional. Su autor, John Williams, fallecido en 1994, era un completo desconocido para mí y, a pesar de las buenas críticas, el entusiasmo general y el hecho de estar en posesión de un ejemplar de la novela, lo cierto es que no había pensado en leerla por el momento. La cogí y empecé a hojearla sin entusiasmo, dispuesto a abandonarla en cuanto el vacío de Salter se hiciese demasiado evidente. Sin embargo, cuando me levanté del sillón, apremiado por la hora de la comida, dejaba a mis espaldas casi doscientas páginas. Ya con el estómago lleno, regresé de inmediato al mundo del profesor Stoner, a su Universidad de Misuri, a su Departamento de Inglés, a su matrimonio, a su sencilla y profunda, ordinaria y turbadora vida a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Esta vez, no pude evitar el final, retrasarlo, ni siquiera me di cuenta de que se acercaba hasta que, apenas una hora más tarde, el libro caía sobre el propio Stoner y mi regazo; sus páginas agotadas.