lunes, 28 de julio de 2014

Cuentos nacidos de la constancia

EL AUTOR ASEGURA QUE UN BUEN CUENTO PUEDE APORTAR LO MISMO QUE UNA NOVELA

El escritor y periodista placentino Javier Morales ha presentado en la Puerta de Tannhäuser su última obra, 'Ocho cuentos y medio'

  •  Autor  El escritor placentino Javier Morales. - Foto:SOLE GONZALEZ
    Autor El escritor placentino Javier Morales. - Foto:SOLE GONZALEZ
SERGIO DIAZ 17/07/2014

El escritor y periodista placentino Javier Morales ha lanzado al mercado recientemente su última obra, Ocho cuentos y medio, que, según Morales, "sigue la misma semilla" que sus otros dos compendios de cuentos, La despedida (2008) y Lisboa (2011), que es "admiración por el cuento naturalista de Antón Chéjov", del que se distancia para "abrir caminos propios".
Morales no considera que haya "mucha diferencia entre cuento, relato y novela. Un buen relato puede aportarte lo mismo que una novela". Aunque, como aliciente para los relatos más breves, el autor considera que el cuento se ajusta perfectamente "al mundo fragmentario en el que vivimos actualmente".
Sus obras son fruto del esfuerzo, "la historia no te abandona durante el tiempo en que la escribes, pero tienes que hacerlo todos los días", asegura el autor de la novela Pequeñas biografías por encargo (2011).
En cualquier caso, Morales se toma descansos entre cada pieza que crea. Nacida de su forma de escribir, ha terminado una novela, aún inédita, llamada Expediente de regulación de empleo , y planea una hibridación entre novela, crónica y documental sobre el poeta Angel Campos Pámpano, que lleva por título provisional Viaje a la ciudad blanca. 

domingo, 27 de julio de 2014

“El Siglo de la Gran Prueba”, de Jorge Riechmann

Por Alberto García-Teresa.
jriechmann cubiertaEcología, Filosofía, Política y Poesía constituyen los ejes de los trece textos que componen este último volumen de ensayos de Jorge Riechmann. Todos ellos giran alrededor de la idea de que nos encontramos en el “Siglo de la Gran Prueba”: en este momento se decide el destino de la Humanidad y del planeta debido a la inminencia del punto de no retorno en el camino de destrucción medioambiental que estamos recorriendo.
Riechmann lleva a cabo una reflexión muy crítica sobre nuestro tiempo, sobre el productivismo y el capitalismo, sobre cómo romper las inercias (también del discurso y de la acción antagonista). La obra parte de la conciencia real del colapso irreversible de los ecosistemas, de un ecocidio que se llevará a millones de seres humanos y de ejemplares de otras especies vivas por delante. Frente a ello, Jorge Riechmann apuesta por una imprescindible transformación radical en las relaciones sociales, económicas y con la naturaleza.
Esto exige, además del cambio individual y colectivo, eludir la resignación y abandonar el autoengaño. Especialmente, señala los ejes del pensamiento posmoderno y cómo sirve de coartada al capitalismo. Asimismo, realiza un análisis del culto a la velocidad y a la inmediatez del capitalismo (que atentan contra la vida, contra su disfrute y contra la propia experiencia de vivir) y que resultan paradigmáticos en nuestra sociedad.
Aborda todo ello a través de una prosa armada de concisión y de claridad expositiva, pero que permite la aparición de huecos donde vibra la resonancia poética; unas grietas que poetizan el discurso. Al respecto, dado que la obra ensayística de Riechmann se halla atravesada por la poesía, como su pensamiento se encuentra afilado y pulido por ella, no nos debe extrañar el toparnos con poemas insertados en estos textos, o incluso la inclusión del particular epílogo de este libro, compuesto por aforismos, apuntes de poemas y prosa poética.
Otro tema central del volumen, aunque arranca del mismo punto de partida, es la poesía; en concreto, cómo puede ayudarnos en estos tiempos. Riechmann explica, entre otros aspectos, que la poesía constituye una herramienta de exploración y de descubrimiento, que contribuye a desalienarnos, que aporta nuevas propuestas de sentido para la existencia humana y todo un aprendizaje fundamental alrededor del “arte de vivir”. A su vez, el libro recoge también un iluminador homenaje a Juan Gelman, trazando agudas reflexiones desde o acerca de la poesía del argentino.
En definitiva, se trata de una obra que pretende arrojar luz sobre cómo encarar las incertidumbres y abismos del presente buscando la pervivencia de la vida y de la dignidad.

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El Siglo de la Gran PruebaJorge Riechmann
Baile del Sol, 2013
166 páginas

sábado, 26 de julio de 2014

EL CHICO DE LA CHAQUETA ROJA - Alena Collar


El chico de la chaqueta roja, de Alena Collar, es una buena novela, de esas que casi no se escriben.
Y ahora les cuento por qué.
No es una novela al uso. Es un juego, un juego de espejos en el que el lector es cómplice del escritor que, a su vez, es cómplice de su propia vida.
Es una historia que contiene varias historias. La del escritor en sí mismo, como persona. La del escritor como personaje de su escritura y la de los recuerdos que cautivan.
Es un juego metaliterario del lector con el escritor, o cómo conducir al lector hasta donde ni siquiera el mismo escritor sabe cómo llegar.
Alena Collar incita al lector a través de este juego de espejos a seguir adelante, a descubrir los misterios que encierra la historia.
Una de las cosas que más me han gustado de esta novela son los personajes: sencillos, entrañables. O los recuerdos que el escritor necesita recuperar, convertidos en tiburones y metáforas, que se le habían perdido. Por esa razón se encierra en un pueblo con el afán de que su memoria le vuelva a hablar y le cuente. Su memoria, su olfato o su vista.
De lo mejor que se puede encontrar son las metáforas de Alena. El lenguaje poético, sin resultar cursi jamás, sin recurrir a lo trillado, a los lugares comunes de los que nos dicen a los que escribimos que hay que huir. A ella no le hace falta que se lo recomienden.
En la novela se intuye una crítica hacia la pasividad en la escritura de los relatos, hacia esos novelones del mil páginas en las que lo único que sucede es una retahíla de palabras sin fondo alguno. A través de su conocimiento de los escritores y poetas de todas las épocas, Alena Collar, a través de su protagonista, va hilvanando patadas en la espinilla a todo lo que se mueve. Genio y figura. A mí me han divertido mucho, la verdad.
De paso, mientras Carlos escribe, Alena Collar nos va mostrando cómo se realiza el proceso de escritura de una novela. Cómo escribimos mentalmente las situaciones que vamos viviendo y que trasladamos, sin darnos cuenta, a la historia que fluye dentro de nuestra cabeza.
¿Alguna pega o todo es perfecto? Ninguna novela lo es, faltaría más. En algunos momentos, siempre desde mi punto de vista, la falta de acotación en el diálogo para diferenciarlo del pensamiento de Carlos, el escritor protagonista. Pero tampoco es malo, no crean.
Otro punto destacable es el oficio de Alena Collar. Se nota, se lee y te sorprende.
El chico de la chaqueta roja es una novela que necesita tranquilidad para su lectura. Dejarse llevar hasta convertirse en el mismo escritor.
Como dice la contraportada del libro, El chico de la chaqueta roja es la metáfora de lo que ocultamos.

viernes, 25 de julio de 2014

Tradición chejoviana

Anun­cia Javier Mora­les Ortiz, escri­tor, perio­dista, pro­fe­sor y cola­bo­ra­dor de varios medios, entre ellos Leer, que su pró­xima publi­ca­ción será la novela Expe­diente de regu­la­ción de empleo, que, a tenor de lo ade­lan­tado por el autor pla­cen­tino afin­cado en Madrid, se vis­lum­bra de enorme inte­rés por el asunto que aborda: la devas­ta­dora cri­sis que nos asola y su terri­ble con­se­cuen­cia de las enor­mes cifras de des­em­pleo. Y no solo por el tema, dando mues­tra de la nece­si­dad de una lite­ra­tura que, sin rego­dearse en solip­sis­mos, nos sitúe en el com­pli­cado aquí y ahora. Javier Mora­les debutó en el género nove­lís­tico el año pasado con Peque­ñas bio­gra­fías por encargo (Huerga &Fie­rro), una tan ori­gi­nal como suge­rente pro­puesta, que, a tra­vés de su pro­ta­go­nista, Samuel, que se dedica a la curiosa tarea mer­ce­na­ria de escri­bir la vida de otros, logra sumer­gir­nos en una trama que, sin olvi­dar su punto de intriga, sabe des­cu­brir los inquie­tan­tes plie­gues que encie­rra la más apa­ren­te­mente ano­dina realidad.
Pero antes de la apa­ri­ción de esa pró­xima novela, Javier Mora­les nos regalaun nuevo volu­men de rela­tos, moda­li­dad de la que es bri­llante y fiel cul­ti­va­dor en una opor­tuna inten­ción de poner en valor un género que no siem­pre se estima como merece. Su domi­nio del cuento quedó patente en dos ante­rio­res reco­pi­la­cio­nes: La des­pe­dida (2008) yLis­boa (2011), apa­re­ci­das ambas en laEdi­tora Regio­nal de Extre­ma­dura. Y vuelve a mani­fes­tarse ahora en Ocho cuen­tos y medio, que nos llega de la mano de la edi­to­rial Baile del Sol.
Como su pro­pio autor señala en una nota ini­cial, la obra pre­senta dos pecu­lia­ri­da­des: por un lado, pro­mete ocho cuen­tos y medio, pero en sus pági­nas solo encon­tra­mos ocho. Por otro, a modo de epí­logo, incluye un relato de otro escri­tor: “Caí­dos del cielo”, de Gon­zalo Cal­cedo. La pri­mera obe­dece a que, según apunta Mora­les, “el medio cuento que falta es el que crea cada lec­tor des­pués de haber lle­gado a la última página”. La segunda se pro­pone “esta­ble­cer un ‘diá­logo’ en el plano de la fic­ción con uno de los refe­ren­tes del cuento en espa­ñol”, a quien Mora­les agra­dece su gene­ro­si­dad. Nin­guna, pues, de estas dos sin­gu­la­ri­da­des resulta gra­tuita. Mora­les Ortiz plan­tea de esta forma un “diá­logo” no solo con Cal­cedo, sino con los pro­pios lec­to­res que resulta, cier­ta­mente, enriquecedor.
Ocho cuen­tos y medio se abre con “Pro­fe­cías”, donde la voz narra­dora, en pri­mera per­sona, recuerda epi­so­dios de su infan­cia, etapa de la vida en la que tam­bién se cen­tra el siguiente, “Nidos”, para pasar a con­ti­nua­ción a “Más allá de la caverna”, cre­pus­cu­lar relato en el que se da una vuelta de tuerca al mito pla­tó­nico de la caverna en el encuen­tro de dos sole­da­des, que hace pre­ver a su pro­ta­go­nista un giro ines­pe­rado. Ima­gine aquí, por ejem­plo, el lec­tor cuál puede ser ese giro en el crea­tivo juego al que nos invita Javier Mora­les. En “Es tra­bajo, idiota, no es amor” se plan­tea una situa­ción por des­gra­cia muy habi­tual en la actua­li­dad como son los des­pi­dos labo­ra­les, asunto que tam­bién está pre­sente en otros rela­tos del libro, y que ocu­pará, como antes indi­ca­mos, la pró­xima entrega nove­lís­tica de Mora­les Ortiz. En “Final de verano” somos tes­ti­gos de un amor esti­val con dra­má­tico desen­lace y en “Navi­dad” nos alo­ja­mos en el hotel Almi­rante, donde Bruno tra­baja como recepcionista.
Cie­rran el volu­men, antes del bro­che final de la con­tri­bu­ción de Gon­zalo Cal­cedo, dos mues­tras espe­cial­mente atrac­ti­vas. “Mos­qui­tos” me ha evo­cado la desa­so­se­gante pelí­cula La car­coma, de Ing­mar Berg­man, con su gran metá­fora en torno a la com­ple­ji­dad y dete­rioro de las rela­cio­nes de pareja. En el relato de Mora­les, una plaga de chin­ches obliga a Mónica y a Robe a desa­lo­jar su casa. Pero no será solo esa la nove­dad que tras­to­cará sus vidas. Por­que la vida no es per­fecta, como pen­saba Mónica antes de que la des­pi­die­ran ni “exis­tía solo para que Robe y ella la con­su­mie­ran”. En “Regreso a Saja­lín”, su per­so­naje prin­ci­pal, Becky, alumna de un Más­ter de escri­tura crea­tiva en la Uni­ver­si­dad de Toronto, se ins­pira en “La isla de Saja­lín”, de Antón Ché­jov, para rea­li­zar un tra­bajo de fin de curso sobre los pre­sos de Guantánamo.
No es “Regreso a Saja­lín” el único caso donde la som­bra pro­tec­tora de Ché­jov, por quien Mora­les ha con­fe­sado admi­ra­ción, se alza en la manera en que con­cibe el género del relato. Como en los del ruso,en los cuen­tos de Mora­les, el fra­caso, la sole­dad, la inco­mu­ni­ca­ción, el dolor, las insa­tis­fac­cio­nes vita­les, el paso del tiempo, dis­cu­rren impla­ca­bles pero sin estri­den­cias, en un sub­suelo del alma car­gado de silen­cio­sas tor­men­tas. Home­na­jea así Javier Mora­les Ortiz al egre­gio maes­tro, sin per­der sus señas de identidad.
CARMEN R. SANTOS

jueves, 24 de julio de 2014

Caídos del suelo

Posted 06/07/2014 by 

 
RESEÑA
 
¿Qué es la fama? ¿El éxito? ¿Acaso no es todo magia? ¿De qué se compone el talento? Quizá, nos dice el protagonista de esta novela, no sea todo nada más que algo por lo que luchar si verdaderamente crees en ello. Creer en algo, puede que esa sea toda la magia. El tiempo de las varitas mágicas ya ha pasado, pero ahora tenemos el teclado y el ratón a nuestra disposición, y con talento, seriedad y esfuerzo, al igual que con la magia, también todo es posible. Esta es una historia que comienza en Internet y que todavía no ha terminado.
Ramón Betancor (Santa Cruz de la Palma, 1972) afirma que se considera periodista para poder vivir y escritor para evitar la muerte. Una sentencia que nos hace detenernos por un instante en alguien que, a pesar de dedicarse al periodismo, a los 36 años descubrió que su verdadera vocación era la escritura, y se puso a trabajar con fuerza en ello. La escritura que comenzó siendo una terapia para expresarse se ha convertido en una necesidad ineludible para este autor canario.
Cuando nada es lo que parece
“Caídos del suelo” es una novela que se presenta al lector como un juego de espejos: lo que al principio parecen pompas de jabón se convierten en una espiral que gira y gira y que finalmente termina siendo una única circunferencia perfecta que se cierra exactamente en el mismo punto donde empezó, serenamente, encerrando en su interior una trama estupendamente hilada.
Algo que destaca en las páginas de este libro es que está escrito con honestidad: es algo palpable. Ramón Betancor se ha arriesgado a escribir una novela sobre novelistas, éxito de ventas y otras cuestiones literarias, demostrando valentía al hacerlo puesto que se trata de un tema sobre el que se ha escrito mucho, y destacar no siempre es fácil.
Como puntos débiles solamente podemos destacar el uso abusivo de las metáforas al inicio de la novela, que sin embargo hará las delicias de los amantes de los juegos de palabras y en todo caso es una circunstancia que se suaviza según avanzan los capítulos.
La magia, ¿camino hacia el éxito?
Todo lector debe ser impresionable pues, ¿qué interés tiene la cultura si uno se enfrenta a ella con una postura arrogante y una actitud de vuelta de todo? Nada hay como despojarse de todo prejuicio ante la obra de un artista para apreciarla por completo. Lo que sucede en esta novela al respecto, es que se juega con la magia, a pinceladas y de una forma muy sutil pero ya desde los primeros capítulos el lector debe asumir que existe un supuesto sortilegio capaz de dotar de éxito la obra de cualquier autor elegido. ¿Por qué no? Aún tratándose de una trama que se podría desarrollar en un mundo real, una pincelada de magia siempre es bienvenida. Solamente el paso de los capítulos desvelará si esa magia es tal.
El juego de ilusionismo en la trama procede de un grupo con tintes sectáreos que se dedica a captar artistas para enriquecerse a su costa. Son huidizos, resulta casi imposible ponerse en contacto con ellos y tienen una forma de actuar propia de película de suspense. Se caracterizan por su secretismo y misterio, se alimentan de obras de arte y del alma y de los sentimientos de las personas que seleccionan, y marcan a sus elegidos con un colgante del que pende una piedra de color verde. Tan imposible, tan de película y tan misterioso… que perfectamente podría ser verdad.
Internet o un mundo de posibilidades
La novela de Ramón Betancor dio sus primeros pasos en un blog de internet, en el que su autor iba colgando capítulos al mismo tiempo que ganaba adeptos incondicionales. El resto de la historia continuó con una legión de seguidores comprando el libro completo en Amazon hasta que finalmente una editorial canaria, Baile del Sol, se decidió a publicarla. Así fue como el sueño se hace realidad: las luces inaprehensibles de la pantalla se convierten en tinta sobre papel.
El personaje que narra la historia, Mario Rojas, era el sobrenombre tras el que se escondía el verdadero autor, Ramón Betancor, en un estupendo blog que aún puede visitarse y en el que algunas fotografías del autor acompañan sus textos, así como los comentarios espontáneos de los seguidores.
“Caídos del suelo” no es solo una estupenda novela, es también la primera entrega de otros dos títulos que completan la trilogía “El reino de los suelos”. Aunque el final de este primer título parece completamente cerrado, si algo se aprende a medida que se suceden los capítulos es que con Ramón Betancor al mando nada es lo que parece: hay que ser muy bueno para envolver al lector hasta el punto de aturdirle y convencerle de que no tiene entre las manos una novela previsible. Así que trataremos de seguirle la pista para seguir disfrutando del resto de entregas.

martes, 22 de julio de 2014

"Ocho cuentos y medio", un homenaje a Chejov con final abierto

Madrid, 8 jul (EFE).- El escritor Javier Morales Ortiz escribió su última obra, "Ocho cuentos y medio", un conjunto de relatos en el que el lector debe escribir el final, como un homenaje al autor ruso Antón Chéjov, considerado uno de los creadores de relatos más importantes de la literatura.
En ella, Javier Morales (Plasencia, 1968) habla del suicidio, de la naturaleza, de la inmigración, del trabajo, de las relaciones de pareja y hasta de los chinches, cuenta en una entrevista con Efe.
"No me gusta la literatura comprometida, pero los personajes viven en un mundo concreto que les afecta", asegura el también autor de los libros de relatos "La despedida" y "Lisboa", así como de la novela "Pequeñas biografías por encargo".
Por eso, el libro está ambientado "en el momento presente" y algunas de sus historias son "bastante dramáticas", como las relativas a la angustia por perder el empleo, en una obra "de tradición chejoviana", escritor por el Morales siente pasión, quien animaba a escribir relatos "de cualquier cosa".
"El punto de partida siempre es la realidad y lo que te rodea", asegura Morales, quien subraya que como trasfondo de sus historias siempre están "las insatisfacciones de la vida, los fracasos, la muerte, la infancia o la sensación de que el tiempo se escapa entre los dedos".
Además, con "Ocho cuentos y medio" su creador también indaga en sus recuerdos infantiles de la mano de dos jóvenes protagonistas, mientras que para el final deja el capítulo más político, "Regreso a Sajalín", inspirado en "La isla de Sajalín", el relato de Antón Chéjov sobre su viaje a esta isla, en el Pacífico, para documentar las condiciones de vida de los presos rusos.
En esa última historia, la protagonista, Becky, toma este libro como base para su relato de fin de curso, pero antes decide viajar a Guantánamo para trazar un paralelismo entre los presos rusos confinados en Sajalín y los apresados por EEUU en Guantánamo, a 64 kilómetros de Santiago de Cuba, por sus supuestas vinculaciones con Al-Qaeda y los talibanes.
"Pensé que lo que ocurría en Sajalín es lo mismo que ahora puede ocurrir en Guantánamo, un sitio del que no existen datos sobre los presos que hay ni de su vida", asegura.
La obra, con epílogo de Gonzalo Calcedo, autor de referencia para todos los lectores de relatos, muestra la habilidad de su creador como narrador, algo que aplica también a su oficio de periodista ante su creencia de que el buen periodismo "trata de contar historias", en este caso reales, y también forma parte de la literatura.
Según Morales, el relato En España, a diferencia de lo que ocurre en EEUU o en América Latina, sigue siendo un género "bastante minoritario", al decantarse la mayoría de lectores por las novelas "de tipo de comercial", aunque reconoce que su popularidad ha aumentado en las últimas décadas.
Su próximo trabajo es una novela titulada "Expediente de regulación de empleo", que tiene que ver "con una experiencia bastante personal" y con un proceso en el que se han visto envueltas, en los últimos años y como consecuencia de la crisis, miles de personas.
Todos sus relatos, también los de sus obras anteriores, mantienen ese final abierto que encierran "una historia soterrada: la que debería escribir el lector cuando los lea", una corriente que también creó Chejov, al no cerrar algunas de sus historias y mantener en las mismas un final sorprendente.
"Me gusta más dejarlo abierto porque ese tipo de historia conecta más con la vida, que no deja de tener un final abierto", asegura. EFE