martes, 18 de febrero de 2014

Stoner de John Williams

"Una joya olvidada""un canto a la dignidad""una novela perfecta"... Con afirmaciones de este tipo podría llegar a escribir varios párrafos, incluso la reseña entera. Durante muchos meses ha sido algo casi matemático, era leer una crítica sobre "Stoner" y encontrar una opinión entusiasta. 

A veces, tal cantidad de opiniones favorables, puede resultar hasta sospechosa.  Pero cuando éstas vienen de la mano de grandes escritores, editores, críticos y al mismo tiempo del "lector común",  a mi terminan por convencerme. 
En la primera visita que hice a la librería esta Navidad fue lo primero que pedí. "Estoy buscando Stoner de John Williams". Por la cara que puso el librero, me pareció que él también la había leído; y así era, al darme mi ejemplar me dijo "buena elección"

Os podéis imaginar que me faltó tiempo para pagar e irme corriendo a casa a empezarlo.  Lo primero que me llamó la atención, casi desde las primeras líneas, fue que John Williams escribía muy bien;  bueno mentira, escribía excepcionalmente bien. No había duda de que estaba ante uno de esos narradores natos que te guían sin remedio hacia donde desee su pluma.
La segunda cosa que me sorprendió fue el propio Stoner, el protagonista. Ese hombre no tenía madera de protagonista; básicamente era un hombre sencillo, gris, casi invisible. 

Campus de la Universidad de Columbia, Misuri. 
Cuando le conocemos, este hijo de campesinos de Misuri, está a punto de entrar en la Universidad. A pesar del esfuerzo económico que supone para la familia, su padre está convencido de que sus futuros estudios de agricultura serán vitales para el porvenir de sus cultivos. 

Lo que nadie espera, ni siquiera el propio Stoner, es que un descubrimiento le alejará para siempre del camino que tenía trazado. William no estudiará agricultura, ni tampoco regresará a la granja familiar. 
Por insólito que parezcaserá profesor y dedicará su vida a la literatura.



No se que esperaba encontrar en "Stoner" cuando empecé a leerlo. Bueno, quizá una de esas historias sencillas que colman mis gustos; historias humanas, hechas a la medida de una vida ordinaria. Pero lo que no imaginé fue encontrar entre sus páginas semejante regalo.  

Tal y como imagino a Stoner en una de sus clases
Adentrarme en la vida de William Stoner fue como conocer por fin a una de esas personas que han pasado por mi vida y de las que no he podido evitar preguntarme: ¿por qué escogió ese camino? ¿que decisión le hizo dedicarse a la enseñanza? ¿por qué no aspiró a más? 

Esas respuestas pueden responderse una a una leyendo esta novela; porque eso es básicamente lo que cuenta, el encuentro de un hombre con su vocación y las decisiones que toma a lo largo de los años para mantenerla viva. Uno de los momentos más intensos del libro es ese instante en que Stoner descubre que quiere dedicarse a la literatura.

"El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años señor Stoner, ¿le escucha?".

A partir de ese momento ya no importará lo que ocurra a su alrededor. Stoner hubiera podido ser héroe de guerra de haberse alistado, hombre de sociedad de haber aprovechado su matrimonio o quizá catedrático si hubiese claudicado ante las presiones del mundo académico.
Pero conociendo los riesgos, no cedió ante lo que a su parecer no era correcto. Como uno de esos hombres de firmes principios, se mantuvo en su puesto, aquel para el que sabia había nacido: detrás de su pupitre y de las hojas de sus libros. 
A simple vista su vida parece vacía, monótona. Pero bajo esa fachada gris, se esconde una historia simple pero coherente, la de una vida hecha de decisiones tomadas a conciencia. 

John Williams fue también
profesor de literatura en la
Universidad de Misuri.
Hay instantes luminosos en este libro que valen en si mismos por más de cien historias publicadas por separado. Una simple dedicatoria y un recuerdo firman una historia de amor sobria, delicada, pero de una intensidad como pocas veces he leído; y lejos de ser puntual esa  brillantez se mantiene de la primera a la última línea de la novela. 
¡Que enorme talento muestra John Williams al haber creado a alguien como William Stoner! Un personaje tan bien construido, tan humano, que en el momento en que debemos dejarle ir duele, duele enormemente.

Se que puedo equivocarme y mi recomendación no complacerá a todo el que se acerque a este libro. Pero, yo lo cerré con lágrimas en los ojos y con la certeza  de haber leído algo brillante. La historia de un simple profesor que pudo haber sido célebre, pero también la de un hombre íntegro  que se mantuvo fiel a sus principios  fuesen cuales fuesen las consecuencias.

De verdad espero que disfrutéis de esta novela tanto como yo, y si es así me encantará saber que os ha parecido. Yo no puedo menos que darle un coup de coeur. Más que merecido :)

PD. Stoner ocupa el año 1965 en mi Century of books.

lunes, 17 de febrero de 2014

Stoner

Stoner, John Williams, Baile del Sol, 2010.
Generación perdida es el nombre con el que se conoce a un grupo de escritores estadounidenses, fundamental en la narrativa del siglo XX. En él se ha integrado a novelistas como Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner o Steinbeck, que compartían el hecho de haber vivido en Europa entre la I Guerra Mundial y el crack del 29. Fueron los ideólogos de una nueva estética narrativa caracterizada por escribir sobre la situación económica y social norteamericana, el pesimismo, la gran depresión y las consecuencias de la guerra.
A John Williams no se le considera miembro de este grupo, pero bien podría serlo por su estilo y sus tramas. De hecho, no es un autor muy conocido aunque merece, y mucho, la pena.
El protagonista, William Stoner, es el único hijo de un matrimonio de granjeros de Missouri. La vida familiar es tan árida como la tierra de labriego. A base de mucho trabajo, sus padres consiguen enviarle a la Universidad para que estudie Agronomía. Allí descubrirá su amor por las letras, lo que le llevará a olvidarse de la agricultura en favor de la enseñanza universitaria.
Stoner comienza su vida docente y se suceden las diferentes etapas de su vida: conoce a una chica, se casa con ella, enseña, investiga, tiene una hija, se enamora, cae en trampas, afronta obstáculos, envejece… Todo ello con el aparente desinterés de quien tacha un día ya finalizado en el calendario.
Planteado así, el libro no parece la alegría de la huerta. Entonces, ¿por qué lo recomiendo? Son varias las razones.
La primera de ellas, la forma en que está escrito y compuesto. Aparentemente sencilla. Aparentemente. Sin artificios, con naturalidad, la historia fluye sin dificultad y así lo percibimos los lectores. Todo un logro.
Además,  Stoner es un hombre semipresencial que, sin embargo, llena el libro, deja una gran impresión en la poslectura. Otro logro más.
Junto a ello, los detalles. Lo pequeño aparece sin estridencias, pero se queda para sostener la novela.
Para finalizar, no puede olvidarse el regustillo placentero que deja en la glándula lectora y que dura días. Mmmmmmmmmm, qué rico.
Inmaculada Setuáin Mendía

domingo, 16 de febrero de 2014

Sobre Brazos, piernas, cielo, de Isabel Bono

Ya desde el título, Brazos, piernas, cielo, hay una alusión doble, a lo anatómico y a lo elevado y espiritual. Una posición de nominar, de darle un sentido a las cosas desde lo que las nombra. Una poesía que se siente desgajada y fuera de arquetipos, que circula por lo fragmentario, y lo enumerativo. Piezas de encaje que se exponen para ser articuladas y para que quien las lea las reconstruya y una individualmente.

Ignoro si casualmente -y casi como una contradicción-, el libro comienza con un descenso, a la franqueza de una aceptación de lo mortal y lo efímero:

desde el principio lo sabes
vas a caer

la luz
el paisaje
dejan de importar


En la página 28 vuelve a incidir en ello. Su voz es un temblor fijado al detalle. Se advierte entre poemas una continuidad: un hilo de funambulista.

perdido el equilibrio
queda la tierra
bajo mis costillas

el verano era mi casa
diré antes de caer


Hay en Brazos, piernas, cielo poemas que parecen postales y textos breves dominados por la imagen, como éste, que se asemeja a un haiku:

el tiempo posa los pájaros negros
en las últimas antenas

ningún sol
es capaz de evaporarlos


Sabe cortar. Elegir y seleccionar, reducir. Hacer pausas. Su poesía es el arte de decir y no decir. Potencial evocativo. De mencionar. De señalar. Hay en todo ello una apuesta por la elipsis, por saber, como diría Castilla del Pino, qué no leer.

Mediante un lenguaje minimalista y una serie de figuras poéticas recurrentes (pájaros, cielo) evoca sutilmente los temas más personalísimos. Isabel Bono es una lectora de sentimientos. Una amiga de la cotidianidad pasada por el diorama de la ironía, como en este verso: se acumula el trabajo de pasear más juntos y doloridos que nunca (página 21)

He advertido y subrayado algún que otro aforismo, que aprovecho para aislar y traer aquí:

entretener el miedo / se convierte en superstición

Brazos, piernas, cielo carece de aditivos. Les ha quitado todo lo que sobra. Un esencialidad casa con su poética. Los poemas están desnudos, como descubriendo las dimensiones del cielo. La intensidad aquí se acompaña de brevedad. La poeta se ha vaciado.

Una maravillosa portada (de Luciano lozano) acompaña a la ya de por sí estupenda y pulcra edición de Baile del sol. Una mujer con forma de jaula abierta, de la que se liberan unas cometas. Todo un acierto.


Isabel bono es una poeta prolífica, franca, dinámica. Hace libros contundentes -a pesar de su aparente fragilidad- para salvar al mundo. Decía De Quincey que él tenía que saber lo que era la felicidad. Yo le contestaría que una primera lectura siempre sabe a poco.

sábado, 15 de febrero de 2014

Stoner: una rutina apasionante

“William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. ”

Éste es el centelleante comienzo de una las mejores novelas que he leído en los últimos años. Publicada en Estados Unidos por vez primera en 1965 y luego olvidada entre la producción del autor, tuvo que esperar casi medio siglo para poder ser recuperada y disfrutar, por fin, de cierto éxito; sobre todo en Europa.

Estamos ante una de las maravillas de la provincia americana, casi como el paisaje otoñal de colores ocres que inunda los bosques en otoño o la especial quietud de las montañas cubiertas de nieve; porque Stoner es más que una simple novela, es una epopeya de la cotidianidad de la clase media en el Midwest. Por supuesto que no es la gran novela americana ni tampoco aspira a serlo: es una novela americana y basta con eso. William Stoner es un profesor gris de la universidad de Columbia en el Missouri; un hombre de mirada ausente y hombros caídos, que nace en una humilde familia campesina y parece destinado a repetir el sacrificado trabajo de sus padres. Sin embargo, en Stoner se revelan -casi de improviso- unas capacidades para la docencia universitaria que le alejan (aunque sea únicamente cuarenta millas) de su localidad natal, Booneville y del futuro que le esperaba.

Williams cumple un milagro, hacer que el lector se interese por una vida plana y monótona, por una biografía anodina y miserable. A través de una estructura lineal y progresiva (no se recurre ni tan siquiera al recurso del flash back), de una escritura clara y ordenada que en ocasiones alcanza cotas de un lirismo contenido, asistimos al desarrollo vital de William Stoner, a la tristeza de una existencia condenada a la mediocridad: su difícil ambiente familiar (una mujer que le hace la vida imposible, una hija ausente), sus relaciones y tensiones con los demás colegas del departamento universitario, un enternecedor escarceo amoroso, sus clases...


Un material literario que en un primer momento puede alejar al lector, temeroso de sumergirse en una aburrida cotidianidad, pero que se revelará de una hondura y de una sensibilidad superlativas (en 1963 Williams comentaba en una carta a su editor que una compañera de la universidad le ayudó a pasar el manuscrito a máquina y que cuando un día acudió a visitarla para ver los progresos del trabajo, se la encontró llorando por la emoción: “estaba terminando de escribir el capítulo 15. Grandes lágrimas le caían por las mejillas”).Stoner es la novela de todos nosotros, la historia de la intimidad doméstica, de sus dramas y de sus tragedias.

jueves, 13 de febrero de 2014

Bailando con Karmelo Iribarren: "Mis poemas buscan la emoción perdurable de lo pequeño..."




http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=635&Itemid=427&catid=115Baile del Sol.- La piel de la vida parece asomarse a diferentes escenas vitales: el amor, la memoria, la pérdida, el paisaje, la cotidianidad…

Karmelo Iribarren.- En efecto, es una constante en mi poesía. Este libro está estructurado en tres partes –la vida, el amor, la literatura-, y eso podría llamar a engaño al principio, pero en el fondo, aunque cambie el envoltorio, dentro sigue habiendo lo de siempre: días que vienen y se van, y cómo nos dejan, y lo que se llevan…



BdS.- También advierte sobre la importancia, de lo minúsculo, los pequeños detalles, las cosas que, a simple vista, no parecen relevantes, ¿es la poesía un buen vehículo para ponerlas en su lugar?

K.I.- Es que yo dejo que las cosas me hablen, parto de lo “anecdótico” para llegar a lo “universal”. Algo que a primera vista parece “irrelevante” puede compendiar siglos de filosofía. Perder un autobús puede ser trágico, entrar en ese bar definitivo. Estamos, vivimos entre las cosas, entre los detalles, a centímetros del suelo. Mis poemas buscan la emoción perdurable de lo pequeño…



BdS.- La soledad es un eco también perceptible en muchos de los poemas, así como una cierta nostalgia por cosas no vividas, ¿es éste un poemario nostálgico?

K.I.- Es imposible no ponerse nostálgico, añorar incluso –o sobre todo- aquello que no fue. Cualquier vida es, al final, la historia de un fracaso. Un día, mirando la lluvia, hacemos inventario y… Pero no creo que este libro sea especialmente nostálgico, hay un poco de todo en estos poemas, los dedos tienen memoria, ven más profundamente que los ojos, la piel de la vida sigue dejándose acariciar… Ahí estamos.

http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=605&itemid=426



BdS.- ¿Te dejas la piel en la poesía?

K.I.- Antes más que ahora, creo. Lo que se gana en oficio se pierde en osadía, como en la vida.


BdS.- ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?

K.I.- Concentrado y directo como un disparo de ternura e inteligencia… Doy en el blanco pocas veces, pero cuando acierto hiero de por vida. Quien me probó lo sabe. (Cualquier cosa por citar a Lope).


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STONER, de John Williams

Podría empezar esta reseña escribiendo que lo mejor es acercarse a Stoner sabiendo que en esta novela no pasa nada "trepidante". Pero prefiero empezar de la siguiente manera:

Lo mejor es acercarse a Stoner

Y punto. 

Sí, porque no ocurre nada que acelere nuestro pulso, no hay asesinatos, ni sobresaltos, ni giros inesperados en su argumento, ni acelerones o frenazos, no. No hay nada de eso, en esta novela lo único que hay es el relato de una vida, la de William Stoner, que nació en una familia muy humilde de un pequeño pueblo de Missouri y que, gracias al sacrificio de sus padres, puede marcharse a estudiar Agricultura a la Universidad. Pero después de un tiempo descubrirá que lo que realmente le apasiona es la Literatura. Y así, gracias a esa pasión que vibra en sus entrañas, es como consigue convertirse en profesor en la universidad, simple y llanamente profesor asistente, puesto que jamás recibió un ascenso y ni siquiera llego a ser jefe del departamento. ¿Y sabéis por qué? Por dignidad. Porque Stoner adolecía de una profunda dignidad, y en la vida, por desgracia casi siempre, hay que tragarse la dignidad para llegar lejos, y él no lo hizo. Quizá haya aquí una lectura diferente y alguien me diga que le faltaba ambición para enfrentarse a Archer Sloane, quien no paró de ponerle zancadillas durante tantos años, o que incluso esa pasión que tuvo para estudiar literatura le faltó para vivir, pero la realidad es que de la novela de John Williams se desprende un enorme amor del protagonista por las cosas que de verdad le importaban, y le importaba la enseñanza, y le importaba su hija, de la que nunca pudo disfrutar con plenitud porque su mujer estaba mal de la cabeza y él lasoportó, lo soportó todo para no perder el vínculo febril con su hijita amada. 

"En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra".

Es un libro escrito con pulso firme, es la historia de un hombre admirable que pasó desapercibido por un mundo hostil y demasiado competitivo. Es un hombre que se enamoró de una mujer bella en su juventud, y se enamoró de verdad, hasta los huesos tenía recubiertos de amor, de una mujer no tan bella en su madurez, y esa pequeña historia de amor intercalada en esta novela de dignidad es tan triste y tan conmovedora que cuesta no llorar de pena, de rabia, o de amor. Stoner es uno de esos personajes inolvidables (estuvo seleccionado entre los mejores personajes masculinos de 2013 en CAJÓN DE HISTORIAS), uno de esos personajes a los que a cualquier escritor le gustaría parir, porque si pasó desapercibido en la historia de su vida, no lo hará en la memoria del lector. 

Una lectura íntima, profundamente vibrante y necesaria.  

La frase: 
Fue una sonrisa tenue que partía de sus ojos y tiraba de sus labios hasta que su rostro se llenó con un deleite radiante, secreto e íntimo

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria