jueves, 30 de enero de 2014

Cuaderno de interior (Diarios 2003-2004), de Ricardo Virtanen

Cuaderno de interior (Diarios 2003-2004)
Ricardo Virtanen
Baile del Sol, Tegueste, 2013


A la literatura autobiográfica le viene bien la luz natural, esa claridad justa para percibir una dimensión adecuada de las cosas sencillas que conforman el entorno. El primer volumen de los diarios del poeta, músico y profesor universitario Ricardo Virtanen desprende esa sensación desde el comienzo. La escritura no compone el gesto; comparte pormenores de una biografía al paso que tiende más a caminar hacia dentro que hacia fuera.
En su ejemplar currículo profesional, Ricardo Virtanen conjuga dos facetas artísticas, la música y la escritura, abordadas con perseverancia. Nacido en Madrid e hijo de un músico de jazz profesional, Santiago Pérez, desde sus días infantiles comenzó a tocar varios instrumentos y es una costumbre mantenida. Cuando las tareas docentes languidecen acude a los ensayos o toca en conciertos dispersos por una geografía que reclama los grupos musicales donde actúa como batería, o guitarra. Y además escribe poesía, novela, ensayo, reseñas y diarios, como si los días del autor tuviesen un ritmo temporal distinto, más intenso y más pleno.
Desde hace una década el autor se trasladó a vivir a Rivas-Vaciamadrid con su familia. La ciudad del este de Madrid es su reducto doméstico y está presente en el círculo relacional y en las inquietudes literarias del  momento vital en el que surge este diario. Esos años, la punta de lanza era Prima Littera y a los nombres que impulsaban la revista dedica variadas reflexiones. De igual modo, están presentes algunos ciclos literarios en los que visitaron la localidad poetas como Joan Margarit, Luis Alberto de Cuenca o José Cereijo. Además se describen convocatorias de la capital y encuentros con amigos del gremio; la sociología escritural ocupa un tramo grande de esta autobiografía..
El cauce introspectivo del diario tiene por norma transcender la anécdota para apuntar una consecuencia moral. Cada ser lleva en su acontecer algunas preguntas claves como el sentido existencial, o la condición fugaz del ser. El ejercicio de vivir impone sus gravámenes.
Hay acontecimientos que convulsionan el solipsismo del yo y le conminan a definirse desde el nosotros. El 11 de marzo de 2004 Madrid sufrió el mayor atentado terrorista de su historia. Fue un día para la mudez –el escritor deja esa fecha en blanco-:”el poeta –y no pienso en el escritor panfletario-tiene que reflexionar en voz baja, padecer lo ocurrido, tragarlo, y un día, cómo no, vomitarlo.” Aquella masacre tuvo una inmensa marea en las calles y es tarea de todos, también del escritor de diarios. Junto a esas muertes del fanatismo totalitario emergen las otras, las que separan de seres queridos o de figuras del jazz que dejan un hondo hueco en el ánimo del escritor.
Cuaderno de interior es la imagen fija de una soledad que sólo a veces se cura con los analgésicos del afecto, que tienen en la pequeña Sofía –la hija del escritor- el mejor remanso. Nos deja subrayados  y anotaciones que conforman el carácter de una sensibilidad que casi siempre mira con melancolía. Es sabido que el diario no es más que una propuesta para deambular de un asunto a otro sin que ese recorrido diverso pierda el interés y la complicidad del lector. Y eso sólo lo consigue el talento. De buena, de excelente literatura está hecho Cuaderno de interior. El libro descubre un diarista de estatura.

Redacción: José Luis Morante

miércoles, 29 de enero de 2014

‘Graceland’, el valor variable de la vida humana

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Del variable valor que cobra la vida humana según donde uno haya nacido habla el nigerianoChris Abani en Graceland (Editorial Baile del Sol), una novela cuya lectura no le dejará indiferente
En un mundo donde nada es lo que parece, en el que abundan las mistificaciones, deberíamos agradecerle su sinceridad a Marijn Dekkers, consejero de la multinacionalfarmacéutica Bayer. “No producimos medicamentos para los indios. Los producimos para los pacientes occidentales que pueden permitírselos”, ha declarado esta semana Dekkers a la revista Bloomberg Business Week. Como siempre que a uno le puede el inconsciente, luego se ha retractado. Supongo que para Dekkers la vida humana no vale lo mismo en Alemania que en India, en Occidente que en África, pongamos por caso. Y no le falta razón.
Del variable valor que cobra la vida humana según donde uno haya nacido habla el nigeriano Chris Abani en Graceland (Editorial Baile del Sol), una novela cuya lectura no le dejará indiferente y de la que dimos algunas pinceladas hace unos meses en esta Área de Descanso.
Decía Joyce que el arte no es un modo de huir de la vida, sino al contrario, la expresión suprema de la vida. “Y el artista no es un tipo que ofrece al público el señuelo de un cielo mecánico: eso es lo que hace el sacerdote. El artista parte de la riqueza de su propia vida para crear”, escribió en Stephen Hero.
Abani, nacido en el sur de Nigeria, en Afikpo, ha sufrido en su propia carne la persecución política y desde años vive exiliado en Estados Unidos. Abani, por tanto, sabe de lo que habla cuando escribió Graceland, publicada por primera vez en España y que tuvo una buena acogida al otro lado del Atlántico.
Estamos en 1983, en Lagos, en una Nigeria postcolonial machacada por sucesivos golpes de Estado. Asistimos al paso a la madurez de Elvis, un adolescente empeñado en ganarse la vida como imitador de su ídolo, Elvis Presley. Se maquilla, hace largos trayectos en autobús –a veces jugándose la vida– desde su chabola en un arrabal de Lagos hacia la zona donde pernoctan los turistas, en busca de unas monedas. Sin éxito.
Elvis, huérfano de madre, comparte la chabola con su padre, la pareja de éste y los hijos de ella, pero no siempre vivió en el inhóspito Lagos. Tanto Elvis como su padre nacieron en Afikpo, la tierra de los igbo. Ellos mismos lo son.  El contraste entre la cultura tradicional, la de los igbo, la del propio Abani, y un país sin identidad y sin futuro, gobernado por una casta militar enriquecida con los negocios –legales o no– con Occidente y cuyos despojos habitan en la ciudad de Lagos, son los dos espejos donde puede mirarse Elvis.
Fracasado en su intento de ganarse el sustento como bailarín, inmerso en una encrucijada vital, Elvis tendrá que explorar otros caminos: el de su amigo Redemption(los nombres no están elegidos al azar en la novela), un superviviente de la calle sin demasiados escrúpulos; la surrealista resistencia política junto al Rey de los mendigos; o la huida hacia Estados Unidos, la tierra promisoria.
Graceland recrea con veracidad la Nigeria de los años ochenta, la mísera vida cotidiana, envuelta en una violencia gratuita, el conflicto con el poder corrupto, la relación con un Occidente hipócrita (de ahí el valor que cobra la sinceridad de Marijn Dekkers, volvemos al principio). Durante las horas que empleemos en la lectura de la novela compartiremos la mirada de quienes viven allí, algo a lo que no estamos acostumbrados. Pero Graceland es algo más, una historia de aprendizaje, la de Elvis. Si crecer ya es complicado, imagínense en un país gobernado por una tiranía, un lugar donde la vida de la mayoría de sus habitantes no vale nada. La conflictiva relación de Elvis con su padre, un hombre que ahoga los sueños perdidos y sus fracasos en el alcohol. La vista atrás del chico hacia su propio pasado. La imposibilidad de amar en un país enfermo. Son logros de una novela escrita con eficacia y cierto lirismo y que, a pesar de su crudeza, no carece de momentos hilarantes.  Si de verdad quieren leer algo distinto,atrévanse con Graceland.

martes, 28 de enero de 2014

Momentos estelares, por Javier Cánaves

Editorial Baile del Sol. 71 páginas. 1ª edición de 2013.

De Javier Cánaves (Palma de Mallorca, 1973) ya he comentado en el blog cuatro libros: sus tres novelas editadas por Baile del Sol y su poemario Limpieza y absorción (2011), editado porDelirio. Ya he contado también aquí que Javier y yo somos amigos, y que antes de conocerle había leído sus poemarios Al fin has conseguido que odie el blues (Premio Hiperión, 2003) y El peso de los puentes(Premio Ciudad de Palma Rubén Darío, 2005). En diciembre de 2013 Baile del Sol ha editado su último poemario, Momentos estelares, y Javier Cánaves tuvo la gentileza de hacérmelo llegar a casa por correo ordinario.

El propio Cánaves nos cuenta en su prólogo que con este nuevo libro se rompe el orden cronológico en el que hasta ahora se han ido publicando sus poemas. Aquí se incluyen composiciones que están escritas antes de la publicación en 2011 de Limpieza y absorciónMomentos estelares está formado por cuarenta poemas escritos entre 2008 y 2013. Cánaves, en correos electrónicos, me comentaba que le preocupaba que los poemas de este libro no terminaran de cuajar como una unidad con entidad propia. Pero, como le dije a él en privado y hago ahora en público: en realidad no hay ninguna sensación de discontinuidad en el libro, y ciertamente la variedad de enfoques y temas le da fuerza y consistencia.
De hecho, y lo digo desde ya, Momentos estelares me parece, junto con Al fin has conseguido que odie el blues, el mejor poemario de Javier Cánaves hasta la fecha. Y posiblemente, el tono de desencanto de Momentos estelares, su suave ironía y la nostalgia por la juventud hacen de él una obra de gran madurez.

El tema principal de Momentos estelares sería el de la juventud que nos dejó y la asimilación de la vida adulta con sentido de pérdida, pero también tras haber conquistado la lucidez de una mirada más sabia sobre el mundo.
El poema Sed puede ser un buen ejemplo para mostrar el tono del poemario:

Sed


La vida y sus momentos estelares.
Qué grandes fuimos y qué triste es todo
ahora. No me dejes esta noche
beber más. Todo brilla y todo duele
en un temblor descontrolado. Bebo
y no debiera. ¿Qué se hizo, dime,
de tanto amor y tanta sed? Aquella
sed era diferente, era sagrada,
sed de gigantes en la cuerda floja,
sed de Clyde Chestnut y de Bonnie Parker,
sed de un fulgor violento, irrepetible
como mi cuerpo de los dieciocho
años, como tu risa que ya nunca
escucho. Todo brilla y todo duele.
En esta noche inmensa, no me dejes
beber más. No me dejes. Tengo miedo.
Mi sed es diferente, es más oscura.
La vida y sus momentos estelares.
Qué grandes fuimos, Dios, qué grandes fuimos.


El poeta vuelve continuamente la mirada hacia el pasado, mientras se adentra con incertidumbre en las sombras del futuro. Me gustaría destacar también el poema Sobre las primeras veces:

Sobre las primeras veces


Como la primera vez que viste a una mujer desnuda,
de carne y hueso, a tan solo un descuido
de tus dedos temblorosos;

como la primera vez que pisaste la nieve acumulada
y el campo y las montañas y tu vida entera
parecían la misma cosa
pura e inviolable;

como la primavera vez que leíste aquel poema
de Charles Bukowski, GERTRUDE ESCALERAS ARRIBA, 1943,
y supiste que todo momento mágico, irrepetible,
guarda en su reverso una imagen de la decrepitud
y la derrota;

como la primera vez que escuchaste aquel tema
de Damien Rice mientras una Natalie Portman de pelo rojo
avanzaba entre la multitud a tu encuentro
y fuiste consciente de que, pese a su belleza,
lo hubieses dado todo por escribir aquella canción
antes que por dormir a su lado.

¿Cuántas veces nos quedan
como aquellas primeras veces?


Y, como es habitual en la obra de Cánaves, el poeta habla del amor y de la belleza, mezclando el tono celebrativo con la inminencia de la pérdida, de la grandeza que sabemos que sólo va a perdurar en nuestro recuerdo. Me gustaría incluir ahora el poema que más me ha gustado del libro, posiblemente uno de los poemas que más me han gustado en los últimos años:

El trueque


La verdad siempre tuvo un aire triste,
sobre todo después de limpiarse la cara.
Prefiero mirar por la ventana o centrar mi atención
en la curva perfecta de tu culo.
Dios bendiga los gimnasios de barrio, la fe en la perdurabilidad,
los domingos a partir de las ocho, después del Apocalipsis
y antes del telediario.

Quiero desmenuzar tu existencia
bajo la vigilancia imparcial del aire acondicionado. Quiero pensar
que recordaremos este momento con una precisión maniática
y no me refiero a tus palabras, sino a los detalles,
los detalles que después nos apuñalarán con su dulzura:
los libros apilados en la mesita de noche,
la lata de Kas Limón a medio beber, la persiana entreabierta
a una calle con muchos números para convertirse, al fin,
en la calle más triste y asesina del mundo,
una calle en la que zambullirse en pelotas,
con una copa de vino tinto en la mano,
después de haber brindado por todas las cosas rotas
que fuimos apilando a lo largo de nuestras vidas.
Pero esto es un primero y carecemos de vino,
debemos conformarnos con el Kas Limón
de los figurantes anónimos.

Te veo caminar desnuda por el pasillo.
Morirás siendo esclava, ciega y sin dientes, sola,
lejos de todo lo que un día amaste,
pero ahora mismo (y lo sabes ) eres una diosa,
la más grande entre todas las diosas que los hombres inventaron.
Tus pechos son lágrimas de cera viva.
Deja que queme mis labios en ellos, deja que me olvide de todo
por unos minutos, no, no prepares todavía la ensalada,
no me preguntes si estoy bien porque nunca he estado mejor,
necesito contártelo todo pero no puedo hablar,
sólo puedo abrir la boca para lamer tus pezones,
el vello de tu ombligo, para darte las gracias
con esta especie de quejido tonto,
como un perro salvado de la lluvia,
como un reo indultado en el último instante.

Ya te dije, cosas de poetas.
A veces se nos va la cabeza y andamos días, meses enteros,
sin nada sobre los hombros.
Decapitados que le aúllan a la luna,
a los letreros luminosos de las ciudades,
al culo de la primera que se arriesga a acogerlos en su cama
y les da de comer y de beber,
y les baila desnuda hasta que caen dormidos
o se tiran por la ventana.

La verdad es terrible, ¿lo sabías?
Al final la verdad es un juguete roto en manos de los pobres,
es esta música sonando en tu portátil mientras troceas el tomate
y mis ganas de arrancarme el corazón y entregártelo
sin condiciones ni plazos
y qué triste es la vida,
qué grande, ¿no la sientes?, ¿no escuchas sus pisadas,
el desplazamiento de tropas bajo la cama deshecha?
Mientras le añades pipas a la ensalada, y pasas, y cuadraditos de pavo
y no sé cuántas cosas más, yo me agacho y vigilo,
escruto el sideral abismo hecho de ausencias, sandalias
y cajas de cartón.

Todas las cosas rotas de mi vida, las que me empeciné en romper
y las que me llegaron así, ya rotas, sin posibilidad de ser devueltas.
Objetos hechos trizas, frases partidas y olvidadas en la guantera del coche
o en el cajón de los cubiertos.
El material de que está hecha mi ternura, la poca que logré salvar,
la que te entrego a cambio de tu cuerpo y tu alma
y unas hojas de lechuga
y un tomate.

El trueque me parece justo.
No debes preocuparte. Nadie
sabrá que nos vendimos por tan poco.



Y no me resisto a mostrar aquí el poema que Javier Cánaves me dedica de Momentos estelares, lo que me hace sentir un gran orgullo. Según me comenta Javier, me dedica el poema Hambreporque se acercó a este libro de Knut Hamsun tras leer sobre él en mi novela Acantilados de Howth.


Hambre


Para David Pérez Vega


Me pasé el día leyendo Hambre, de Knut Hamsun.
El sol quemaba mis hombros y yo leía y veía a Hamsun
abrazado al cabronazo de Joseph Goebbels.
Aquella novelita me tenía hipnotizado.
Le di gracias al cielo por no haberla leído
con 18 años. De haberlo hecho,
probablemente me hallaría bajo tierra,
muerto por inanición artística,
como un aspirante a maldito
sin otro mérito que su propia defunción.

Mientras leía y dejaba que el sol
hiciera su trabajo, el hambre crecía en mi interior
como una víbora borracha.
Hambre, sí, pero hambre de qué.

Terminado el libro, lo cerré y me zambullí
en la piscina. Nadé con la esperanza de ser sólo
tormento muscular. El verano crepitaba.
Mi actividad acuática no hacía más que aumentar
el hambre que sentía,
que me devoraba por dentro como un ácido.

Ya en casa, recordé
que la gran novela del hambre
había sido escrita por un españolito anónimo
del siglo dieciséis. Pues sepa vuestra merced,
ante todas cosas, que a mí me llaman Lázaro de Tormes.
Pensé en un rostro áspero, con los dientes partidos,
repleto de cicatrices,
en Joseph Goebbels quemando la vieja Europa,
en todo lo que había hecho falta
para el surgir de la Literatura.

Tuve un instante de terror,
un segundo de vértigo inmedible.

Tenía que tranquilizarme,
el verano no había hecho más que empezar.
Quedaban muchos meses por delante
para intentar recomponer
la ciudad posnuclear
que era mi vida.

Pero el hambre, joder, no remitía.
La víbora mordía en lo más hondo.



Así que, como ya he señalado al comienzo de la entrada,Momentos estelares me ha parecido un poemario de una gran madurez y hondura, que me ha hecho disfrutar mucho, que entroncaría de forma directa con la poesía que siempre ha sido mi favorita: la poesía narrativa que pretende encontrar el lirismo en la experiencia cotidiana, como ya hicieron antes que Cánaves poetas como Jaime Gil de Biedma o Juan Luis Panero, y a cuya tradición Javier Cánaves se suma con voz propia.

lunes, 27 de enero de 2014

‘Caídos del suelo’, el éxito se esconde en la caja de Pandora

Éxito es una palabra que acostumbramos a relacionar con unreconocimiento a gran escala y su correspondencia económica, de tal modo que un actor de éxito es aquél que protagoniza las películas más taquilleras, un cantante de éxito es el que arrastra multitudes y provoca taquicardias entre las adolescentes, y una escritora de éxito es la que con sólo poner su nombre en un manuscrito garantiza que ocupará los primeros puestos en las listas de ventas, aunque… bueno, para ser súperventas no hace falta ser escritor, basta con aparecer en alguna bazofia televisiva de máxima audiencia.
El sueño de Mario Rojas era convertirse en un escritor de éxito, así que cuando la oportunidad llama a su puerta, no duda en aprovecharla. El éxito es muy goloso. ¿Qué escritor o aprendiz de ello no fantasea con ver su obra reconocida? Si nos aseguraran que cualquier cosa que escribamos será un best seller, ¿cómo decir que no?
Mario Rojas no duda en subirse al tren, aunque ello signifique poco menos quevenderle el alma al diablo
Caídos del suelo (Baile del Sol Ediciones) es la primera novela de Ramón BetancorPeriodista de La Palma, la Isla Bonita (certifico que lo es), yescritor novel. ¿Cómo no sentirme identificado? Igual que el protagonista de su historia, tanto Ramón como yo, y un puñado de miles de autores más, porfiamos por salir de la invisibilidad que otorga levantar la mano entre un océano de manos levantadas. En la vida real no existe un Clan que conceda el éxito como por arte de magia, o no, al menos, de la manera como se presenta en este thriller trepidante que penaliza el menor despiste del lector.
En Caídos del suelo nada es lo que parece y —recurriendo a los continuos juegos de palabras que utiliza el autor— todo parece lo que no es.
Mario nos cuenta su historia de éxitos y fracasos, de reconocimiento profesional y desdichas personales, de una permanente lucha interior entre deseos y realidades; dudas, nostalgias, sueños y pesadillas. Y en el curso de un relato impregnado siempre de una atmósfera incómoda pero paradójicamente atrayente, aprovechará para, cena a cena, copa a copa, vermut tras vermut, acabar con las existencias de alcohol de bares, restaurantes, hoteles y locales de moda que se cruzan en su camino y en el del resto de personajes.
Se trata de un viaje interior por las aguas de la incertidumbre a bordo de un velero al que el temporal amenaza con enviar continuamente contra las rocas. De la siempre cálida y bella costa de las Islas Afortunadas, para más detalle. Se nota que Ramón ama su tierra, que es tierra y océano a partes iguales.
En las páginas de Caídos del suelo se nos plantea la eterna batalla entre tentación y cordura. En este caso, como en tantos otros, la tentación se impone y lleva al escritor protagonista a abrir la tentadora caja de Pandora sin evaluar las consecuencias de una decisión que marcará el resto de su vida.
No voy a desvelar nada más del argumento porque es una novela que vale la pena leer sabiendo lo menos posible sobre lo que nos tiene preparado.
Ramón Betancor demuestra un gran dominio del lenguaje y del ritmo narrativo, administrando con acierto las dosis adecuadas de intriga y sorpresa, cosa que irremediablemente nos empuja a, como le ocurre a Mario Rojas, querer descubrir más.

La editorial Baile del Sol acaba de publicar los poemarios La piel de la vida y Libro de las invitaciones, de Karmelo Iribarren y Aitor Francos

El libro de Karmelo Iribarren nos acerca a este autor y su peculiar mirada al mundo que nos rodea, especialmente a ese entorno cercano de la cotidianidad que toca directamente nuestra piel en el roce de lo ordinario.
Los poemas desnudos y nítidos de Iribarren destacan en La piel de la vida lo que hace con nosotros la memoria, la nostalgia o el amor. Su voz reconocible nos lleva por caminos en los que la dureza y la dulzura aparecen en lo urbano y lo íntimo.

so170Míralo
El viento,
el que arranca los árboles de cuajo,
el que enfurece al mar,
el que arrasa las costas
sin clemencia,

sí, el mismo,
míralo ahora,

siguiéndote por la calle,
jugando con tu melena,

tonto perdido.

Sobre el autor:
San Sebastián (1959). OBRA: Bares y noches (Ateneo Obrero de Gijón, 1993), La condición urbana (Renacimiento,1995), Serie B (Renacimiento, 1998), Desde el fondo de la barra (Línea de fuego, 1999), La frontera y otros poemas (Renacimiento, 2005), Ola de frío (Renacimiento, 2007), Atravesando la noche (Huacanamo, 2009), Versos que el viento arrastra (El jinete azul, 2010), Otra ciudad, otra vida (Huacanamo, 2011), Las luces interiores (Renacimiento, 2013), LA PIEL DE LA VIDA (Tenerife, 2013). ANTOLOGÍAS: Gainontzekoa, kontuak dira (Erein, 2000), La ciudad (Renacimiento, 2002 y 2008), El tamaño de los sueños (Anaya, 2006), Un leve guiño de luz hacia la sombra (Ediciones 4de Agosto, Planeta Clandestino, 2011). POESÍA COMPLETA: Seguro que esta historia te suena (Renacimiento, 2005 y 2012)

Acerca de Libro de las invitaciones y de su autor nos dice la poeta Luna Miguel:
so-167Hay en su lírica algo no-lírico. Algo puramente cerebral y visceral -sí, esa conjunción aquí es posible- que nos desvela a un poeta que no mira a las cosas para ensalzarlas o celebrarlas por su belleza, sino para examinarlas, comprenderlas y, al fin, explicárnoslas. Así, su Libro de las invitaciones se convierte precisamente en eso, en una invitación al mundo que él degusta y nos entrega. Un mundo que ya no es un mundo sino una galaxia figurada, mullida, geométrica: sólo suya. Porque este es, en definitiva, el
libro de los homenajes. El libro y la enciclopedia. El libro de las versiones.
El libro de las citas. El libro del reconocimiento. El libro de Aitor Francos, inteligente y conciso, con esa voz heredera del último Valente, del mejor Lorenzo Oliván y de la más cruda Maillard. Invitados quedamos: aquí está la llave.

Clímax sexual
¿Vivir no era mirar?
Luis Rosales
Girando en la decrépita desgana
de arroparnos solos,
lo elegimos por reciprocidad:

ser
ese escollo con patas teóricas
para la explosión demográfica.

Sobre el autor: (Bilbao, 1986) Licenciado en Medicina, actualmente cursa la especialidad de Psiquiatría. Ha publicado Igloo (Ed. Renacimiento, Sevilla, 2011. XIV Premio Surcos), Un lugar en el que nunca he escrito (Renacimiento, 2013) y LIBRO DE LAS INVITACIONES (Tenerife, 2013). Ha aparecido en la antología Poetas Vascos en Castellano (Ed. Muelle de Uribitarte, 2009) y en publicaciones literarias como Ex-Libris o Nayagua. Colabora habitualmente con la revista Zurgai.

jueves, 23 de enero de 2014

Graceland- Chris Abani

por 
Chris Abani sufrió persecución política por la publicación de su primera novela, con dieciséis años, “Masters of the Board” (1985), un thriller cuya trama sobre un golpe militar frustrado en Nigeria fue tan convincente que desencadenó la paranoia en la dictadura política de su país. Su creatividad junto con su activismo universitario le llevaron a varias condenas de prisión, a veces en régimen de aislamiento. Abani volcó su experiencia en poemas que Harold Pinter calificó como “la más desnuda, desgarradora expresión imaginable de la vida en prisión y de la tortura política”. Después se expatrió a Europa y América, donde reside en la actualidad, es profesor en la Universidad de California, sin perder nunca de vista sus raíces, su Nigeria natal.
Chris Abani rezuma humanidad. En sus libros, en sus charlas, podréis ver a un Abani que ha tenido una vida dura, sufrió la guerra de Biafra de niño, luchó contra el gobierno de joven, le torturaron y estuvo hasta tres veces en el corredor de la muerte. Su voz se quiebra a menudo cuando recuerda momentos tremendos de su biografía (no solo sobre si mismo), utiliza el humor como vía para tratar de hacer lo contado más llevadero, y siempre se muestra razonablemente optimista (sin ser sentimental), de esa manera en la que únicamente las personas que han vivido los más profundos pozos de la desesperación, la sinrazón y el dolor lo saben ser.
Su novela “Graceland” nos ofrece un retrato de la ciudad de Lagos caótica, sucia, maloliente, y a la vez hermosa. Al igual que la historia de Elvis, un  joven con el nombre del cantante norteamericano, que se dedica a imitarle como forma de ganarse la vida, mientras sueña en convertirse en bailarín. Vive con su padre en un barrio pantanoso, un gueto llamado Maroko donde se enfangan calles y personas, donde un padre de diez hijos corre huyendo de la policía con la ropa robada para acabar inmolándose delante de todos o donde uno acaba por darse cuenta “de que solo es un pequeño grupo de gente el que está echando a perder nuestro país. La mayoría de la gente lo que quiere es trabajar duro, ganarse la vida y entretenerse un poco. Pero parece que hagan lo que hagan, siguen siendo pobres.” (pág. 318). Es también la narración  de la relación entre un padre y un hijo y de lo difícil que es ser hijo a veces y de lo que se puede llegar a hacer por defender un honor. Es el relato de un país que ha dejado atrás el pasado colonial y está sumido en una violenta dictadura. Es el relato de unos hechos que confirman como dice Innocent, el niño soldado, “hacía ya tiempo que había perdido cualquier creencia en la bondad innata de la causa rebelde y la maldad del enemigo. Antes le guiaba un profundo idealismo. Ahora solo quería sobrevivir.” (pág.242) Y es la historia también de un mundo que parece haberse perdido, de una deslumbrante cultura igbo sumergiéndose en otra cultura ajena, la americana.
Este libro es duro y contiene un gran número de estercoleros: violencia, incesto, violación, asesinato, pobreza extrema, tráfico de órganos, drogas, prostitución, niños y niñas (de la calle-soldados-prostituidos-violados)… Parecería que una novela con tal cantidad de horrores en su interior debería hacerse intragable, pero Chris Abani es un gran narrador y la historia se convierte en algo imposible de abandonar, una página te arrastra a la otra, aunque no es fácil leerla de un tirón. Aunque seca, dice Abani que lo más bello del ser humano surge cuando se muestra su lado más feo, y demoledora, contiene dosis de optimismo. He leído en algún lugar que la acumulación de horrores de esta novela logra a la larga que el lector se insensibilice. En mi opinión, ocurre todo lo contrario.
Según sus propias palabras, “Lo que escribo es difícil para el lector y para mí, no sólo para el lector. En mis libros quito el orden moral para que el lector se vea involucrado y comience a hacerse preguntas personales e íntimas. El efecto que busco con mi narrativa es que las cosas sucedan en tiempo presente frente a los ojos de quien la lee. No juzgo a mis personajes, ese es un asunto del lector, lo cual resulta bastante incómodo para él porque muchas veces se verá simpatizando con un personaje que en teoría resulta malo…
He sido humano seis días, pero solo a veces”, dice en la charla de TED que he compartido con vosotros/as. Abani intenta transmitirnos que nadie va a venir y salvarnos de la locura y del mal, nadie tiene la receta mágica para entender porqué ocurren las cosas que ocurren. Coincido con Abani cuando pone en boca de su protagonista esta frase “Nada se resuelve nunca… Solo cambia“ (pág.363). Ninguno de nosotros sabemos muy bien de qué hablamos cuando hablamos de nosotros mismos, solamente nos aproximamos, como niños intentando descifrar el misterio que se encuentra debajo de la superficie, más difícil aún saber de qué hablamos cuando lo hacemos sobre “el otro”. Buscar la humanidad en los otros, cuando deberíamos de intentar empezar por nosotros mismos. Es difícil sí, pero sería más honesto afirmar que lo intentamos, quizás seis días, quizás mucho menos, y ni siquiera todo el tiempo.
“Graceland” es la única obra de Chris Abani traducida al castellano gracias al empeño de la Editorial Baile del Sol (la traductora del libro, Alicia Moreno, ha recibido muchos elogios también). Esta vez la cita del final va a ser un poco más larga, pero creo que comprenderéis porqué.
“Tocó la brillante cubierta de pasta blanda: Al encuentro del hombre negro, de James Baldwin. Lo abrió por la página doblada que señalaba por dónde iba y empezó a leer. Jesse acababa de llegar a la escena del linchamiento con su padre. Mientras leía, Elvis empezó a ver muchos paralelismos entre él y la descripción de un negro muriendo lentamente devorado por las llamas. Las manos del hombre usando las cadenas que lo ataban como contrapeso para levantarse y acabar con la tortura. Se encogió en la parte en que el hombre blanco sin nombre de la historia le cortaba los genitales al negro linchado. Cerró el libro y se imaginó qué clase de cicatriz dejaría eso. Sería una cosa viva que levantaría los brazos al cielo en una súplica, descendiendo para enraizarse en el chakra inferior, nuestra naturaleza más básica. Hasta que el hombre muerto se convirtiera en el cielo, el árbol, la tierra y la inconmensurable tristeza de todo ello. Conocía esa cicatriz, ese dolor, esa vergüenza, esa degradación que ninguna metáfora podía contener, grabándola en su cuerpo. Y aún más, él era esa cicatriz, tallada por el odio, la pequeñez y el miedo en el rostro del mundo. Él y todos los que eran como él, hasta que la tierra ardiera con hombres negros  marcados muriendo en árboles de fuego” (pág. 362)

Ficha:

  • Título original:  Graceland (2004)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Baile del sol (2013)
  • Traductora: Alicia Moreno Delgado
  • Nº páginas: 364
  • Premios del libro: Hemingway/PEN Prize, entre otros