lunes, 23 de diciembre de 2013

2ª edición de VIAJE CON UNA BURRA POR LOS MONTES DE CÉVENNES, de Robert Louis Stevenson

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Acaba de ver la luz la segunda edición del libro Viajes con una burra por los montes de Cévennes, de Robert Louis Stevenson, mucho más que un mero cuaderno de viaje.
En 1878, Robert Louis Stevenson quiso huir de sus numerosos problemas –mala salud, amores tormentosos, dificultades económicas-, emprendiendo un viaje a través de los montes de Cévennes, en Francia, acompañado por Modestine, una burra muy particular. Los apuntes que Stevenson recogió durante el viaje dieron origen a este libro, una singular descripción de los franceses y de su país.
Stevenson publicó este libro cuando tenía sólo 28 años, antes de darse a conoceral gran público con obras como La isla del tesoroyEl extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde. En este magnífico ejercicio literario, el joven escritor da cuenta de un trayecto dificultoso en el que la burra Modestine alcanza gran protagonismo, así como los diferentes personajes con los que se va encontrando a lo largo de su periplo y a los que retrata con no poca ironía y sentido del humor, reflejando con maestría el ambiente de la época.

stevensonwebSobre el autor
Robert Louis Stevenson nació el 13 de noviembre de 1850 en Edimburgo (Escocia). Enfermo de tuberculosis, se dedica a viajar en busca de territorios con climas más propicios para recuperar su salud. De ahí surgen sus primeros relatos: Viaje tierra adentro (1878) y VIAJE CON UNA BURRA POR LOS MONTES DE CÉVENNES (1879). Sus obras más conocidas son La isla del tesoro (1883), El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde (1886),Las aventuras de David Balfour y Weirde (1886), La flecha negra (1888) y El señor de Ballantree(1889). También hace incursiones en el ensayo y la poesía. Murió en Samoa en 1889, sin poder recuperarse de su enfermedad.
Título:VIAJE CON UNA BURRA POR LOS MONTES DE CÉVENNES
Autores:Robert Louis Stevenson
Traductor/res:Héctor Silva
ISBN-10(13):978-84-15700-80-7

domingo, 22 de diciembre de 2013

2013 de Poesía. Día 356. Karmelo C. Iribarren

Día 356. Karmelo C. Iribarren. La piel de la vida (2013)



EL PASADO NO DEJA DE MOVERSE

Como esas piedras que levantamos
y debajo hay
otra vida,
oscura,
sinuosa,
             un día,
los hechos que creíamos inmutables,
empiezan a contarnos

otra historia...


Bailando con Javier Cánaves: "Momentos estelares es un libro que se ha ido haciendo casi sin querer, a golpe de vivencia"



 
Baile del Sol.- Tu nuevo poemario nos invita a descubrir "Momentos estelares", ¿con qué intención?
Javier Cánaves.- La intención no varía de un poemario a otro, al menos en mi caso. Busco provocar en los lectores lo que otros autores provocaron en mí: desde un momento de placer estético hasta ese otro mágico de reconocimiento y golpe, ese leerse a uno mismo en versos de otro. Supongo que todo libro, todo poema, busca su lector ideal. No concibo otra intención.


BdS.- Roque Dalton, Bukowski, Dostoyevsky, Panero, Hölderling, Scelsi, Fonollosa... se cuelan en tus poemas, ¿referentes o excusas para seguir poetizando?

J.C.- No creo que ninguno de los autores mencionados suponga, hoy por hoy, un referente para mí. Por otro lado, tampoco me gusta la palabra “excusa” para hablar de su presencia en mis poemas. Los nombres de escritores llegan a mis poemas del mismo modo en que lo hacen o pueden hacerlo determinados paisajes, los sueños, los cafés con leche o los recuerdos. Forman parte de mi vida. Si dedico una cantidad diaria de minutos a la lectura, es normal que esto se acabe reflejando en mi escritura, especialmente en mis poemas, que buscan apresar y compartir instantes, sensaciones, reflexiones…


BdS.- Dices en tu nota previa que los 40 son un buen momento para pararse y reflexionar, ¿te han servido estos poemas para hacerlo?

J.C.- En realidad, cualquier edad es buena para pararse y reflexionar. Los cuarenta no tienen nada de especial, pero se dio la casualidad y me hizo gracia. Con este libro de cuarenta poemas publicado el año de mi cuadragésimo aniversario me quedo, poéticamente hablando, vacío. Lo necesitaba. Hacía tiempo que no me sentía así. Ya no hay poemas pendientes de publicación; no tengo por qué mirar atrás, nada que revisar o corregir. A partir de ahora, todos los poemas que escriba serán para ese libro futuro que de momento sólo existe en mi imaginación. De ahí la reflexión con la que abro el libro.




Bds.- Encuentros, pérdidas, espacio doméstico, la literatura, la música, los miedos, el amor, los hijos... Todo eso y qué más encontramos en este poemario.

J.C.- Algunos de estos poemas fueron escritos en 2008. Cinco años dan para mucho. En realidad, dan para lo que uno quiera, desde una novela de dos mil páginas hasta un haiku. El lector que se acerque a Momentos estelares encontrará una variedad considerable de momentos vivenciales, en el sentido más amplio del término. Al fin y al cabo, es un libro que se ha ido haciendo casi sin querer, a golpe de vivencia, sin conciencia de pertenencia a un proyecto mayor, unitario, de ahí ese aire algo heterogéneo del conjunto.


Bds.- ¿Cómo te relacionas con la poesía?, ¿y con la narrativa?

J.C.- Mi relación ha ido variando con el tiempo. Durante la última década del pasado siglo y los primeros años del actual tuve a la poesía de esposa y a la narrativa de amante. Fruto de esa relación extramatrimonial nació mi primera novela, La historia que no pude o no supe escribir. Esto, de algún modo, cambió las cosas. Digamos que ahora practico una especie de poligamia literaria, si bien es cierto que en algún momento de los últimos años la poesía se ha mostrado algo celosa, ya que considera que no distribuyo el tiempo entre ellas de forma equitativa.


BdS.- ¿Cómo definirías este último poemario en relación con los anteriores?

J.C.- Creo que es un poemario aglutinador, de final de camino. Entronca con Limpieza y absorción, mi poemario más desatado, pero también con mis libros anteriores, más comedidos o adscritos a un canon concreto. No sé cuánto tiempo pasará hasta que vuelva a sacar un libro de poemas. Tampoco tengo muy claro hacia dónde quiero ir. Como ya he dicho, es un buen momento para pararse y reflexionar. Momentos estelares pone el broche final a unos años intensos en lo que a escritura de poemas se refiere.




2013 de Poesía. Día 355. Ana Pérez Cañamares

Día 355. Ana Pérez Cañamares. Alfabeto de cicatrices (2013)



DE COMPRAS

Hay días en que parece
que cualquier objeto
recién comprado
va a tener el poder
de cambiarlo todo.

Miras los zapatos caros
la lámpara de diseño
la hermosa colcha india.
En silencio los miras
como adorándolos.

Los miras y los miras y sientes
que si no te responden
es porque no sabes
hablar su idioma.
Pero es que tampoco sabes
cuál es la pregunta.

Mientras la piensas
envejecen los objetos.

Envejeces tú.


sábado, 21 de diciembre de 2013

El bar de Lee, David Pérez Vega Crónica vital y sentimental de un joven y devoto lector

Alberto García-Teresa – laRepúblicaCultural.es

Arriesgada decisión la de unir, en un único volumen, dos poemarios inéditos muy distanciados en su elaboración, entre los cuales se intercala la escritura del único conjunto de poemas de David Pérez Vega publicado hasta el momento, Siempre nos quedará Casablanca. Como explica el propio autor en el prólogo, una década separa el tiempo de composición de ambos títulos, aunque encuentra una vinculación entre ellos, una continuación de temas y de espacios, que, en efecto, tiene lugar en estas páginas. Móstoles era una fiesta es el primero, donde todas las piezas aparecen fechadas, y El calvo del Sorona se titula el segundo. Además, el libro se abre con un espléndido y meritorio estudio a cargo de Alejandro Céspedes.
Pérez Vega realiza un buen trabajo con las imágenes, que puede llegar incluso al barroquismo en las descripciones. Como sucedía enSiempre nos quedará Casablanca, algunos de los textos del segundo poemario aquí recogido (recordemos, elaborado tras la escritura de aquel) están armados con desarrollos argumentales, de escenas, de construcción alrededor de una anécdota, en detrimento de la tensión poética en ocasiones. No en vano, David Pérez Vega nunca ha negado su condición de narrador.
Los versos brotan desde una mirada nostálgica, fruto del desengaño que acontece en el presente (sentimental, social, vital). El amor es un tema reiterativo y constituye un aspecto clave en el ánimo de “yo”, aunque se enfoca desde la incomunicación, desde la dificultad para conectar, para expresarse. Los poemas surgen de la observación de la ciudad gris, tediosa, de lo que evocan unas historias llenas de cotidianeidad, que conforman, no en vano, un retrato lírico de la vida urbana, que pasa sin intensidad. La práctica totalidad de las piezas se desarrollan con un mismo procedimiento consistente en observación atenta, interiorización y expresión de la subjetividad. Muchos textos, de hecho, poseen un tono de confesión, de necesidad irremediable de volcar lo que siente el “yo”; de explicar su proceder. La observación del entorno sirve de estímulo para que el “yo” recapacite sobre sus propios sentimientos.
Al respecto, abruma la melancolía del “yo”, que pasea por espacios donde domina la desolación. Podría, en ese sentido, leerse como una construcción sociológica, dada la gran diversidad de personajes y de situaciones que aparecen en estas composiciones, y que descienden hasta lo más corriente (como significativamente demuestra el explícito reto de escribir un poema metafísico a las patatas ali-oli). Sin embargo, el entorno aparece reflejado para ubicar al “yo”; para explicar de dónde surgen sus sentimientos, su tristeza. En efecto, se recogen multitud de referentes cotidianos, reales (figuran nombres propios de calles, plazas y locales), pero no se busca el reconocimiento cómplice del lector ni la identificación, sino plasmar un escenario verídico y verificable. Así, Pérez Vega desgrana una vida de estudiante (instituto, facultad), de veinteañero (primeramente), o de treintañero trabajador (a continuación).
En ella, es fundamental la literatura: llaman significativamente la atención las abundantes referencias literarias que salpican los textos. Se trata de los autores y de los títulos que han alimentado al “yo”. Las alusiones a obras o las reproducciones de versos o párrafos complementan la experiencia diaria no sólo como fiel retrato de la acción rememorada (el “yo” leía tal cosa en el momento el cual se desarrolla la anécdota), sino que sirven para ilustrar, para resolver, para extraer conclusiones la vivencia recogida. Se manifiesta, así, un orgullo de lector, pues la literatura se convierte en refugio y en espacio de vida frente al vacío constatado de la realidad. Para el sujeto de estos poemas, como se explica en una cita de Ricardo Pligia incorporada al volumen, “la literatura es una forma privada de la utopía”. Estos textos resultan, en definitiva, un sincero y cariñoso homenaje a muchos escritores, y puede leerse como una biografía (informal e incompleta) de la formación literaria de David Pérez Vega.
De esta manera, El bar de Lee resulta la crónica vital y sentimental de un joven y devoto lector, que contempla la realidad como estímulo para su proceso personal.

viernes, 20 de diciembre de 2013

2013 de Poesía. Día 354. Guadalupe Grande

Día 354. Guadalupe Grande. Por donde pasa la poesía (2011)



minuto y cuarto a la derecha del hemisferio que linda con el tranvía 33
se derrama definitivamente el cántaro de leche,
a tres pasos de la constelación del oso hormiguero,
segundo y micra a la izquierda de los zapatos imantados por el fósforo de la inanidad,
justo a la vuelta de la esquina,
a medio pie y dos sandalias
no hay nada que temer,
todos los caminos conducen al camino

y a nadie le gusta que le persigan la brújula con la nariz


Los pies sucios de Edem Awumey y la maldición del camino

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Edem Awumey. Fuente: www.lapresse.ca
Edem Awumey. Fuente: www.lapresse.ca

“-Bueno, ¿y los viajes? Cuenta. Porque tú eres una chalupa azotada por el viento de los viajes”. Sí, así es Askia, una “chalupa azotada por el viento de los viajes”. Sin embargo, esta definición está, en Los pies sucios, exenta de cualquier rastro del romanticismo, del atractivo de la aventura. Es más bien, una maldición. El propio Askia lo dice, él y los suyos están malditos por el camino, condenados a vagar por el mundo sin posibilidad de detenerse, son el polvo de los senderos que no puede aferrarse a la piedra. Esa es la historia que cuenta el togolés Edem Awumey, en su segunda novela, Los pies sucios, publicada en español por la editorial Baile del sol. Askia es un joven que misteriosamente ha llegado a Paris desde el Golfo de Guinea, persiguiendo la no menos misteriosa figura de Sidi Ben Sylla Mohammed, su padre.

Cubierta de Los pies sucios
Los pies sucios retrata el punto de encuentro en un lugar y un tiempo de un grupo de incansables viajeros, desde Askia, el taxista africanos errante, hasta Olia, la fotógrafa búlgara tan frágil como obstinada; desde Petite-Guinée, el mercenario que descubrió demasiado tarde que su verdadero amor estaba en África, hasta Ali de Puerto Said, el castañero que quería enseñar poesía. Todos ellos persiguen fantasmas, cada uno los suyos, como el propio Sidi que guía los pasos de Askia y que tan pronto se materializan en una realidad absolutamente tangible, como se desvanecen dejando apenas un imperceptible rastro.
Askia acaba por comprender, en esta etapa de su viaje, las advertencias y los consejos de su madre: el camino es, en realidad, una maldición y ellos, “los pies sucios”, son condenados a vagar sin un destino claro porque, en realidad el viaje es su destino. “Los pies sucios” son casi una especie en sí mismos, que se extiende en todo el planeta y que se prolonga a lo largo de la historia. Lo único que ocurre en la historia del escritor togolés afincado en Canadá es que algunos de esos caminos se encuentran.
Awumey narra, a menudo, como si escribiese un guión y por ello las descripciones minuciosas de los detalles nimios y de las situaciones se componen de frases cortas, sin verbo, siquiera. Son pinceladas que dibujan cuadros en los que no necesariamente la acción es lo importante, pero tampoco se alardea con el lenguaje. Los flases que forman el dibujo, sin embargo, generan un resultado que resulta muy gráfico y que facilitan que el lector se imagine claramente las escenas.
El camino, el viaje, el recorrido que narra Awumey a través de Askia es en realidad una historia de exilio. No en vano, ese es el tema de la actividad investigadora del autor, la literatura del exilio, con el que se doctoró. El propio autor tiene una prolongada historia de exilio, nacido y diplomado en Lomé, la capital togolesa, Awumey completó sus estudios en París. Acabó trasladándose a una zona fronteriza en la que parece encontrarse cómodo, concretamente el límite entre el Canadá francófono y el anglófono. El novelista togolés tuvo un pequeño momento de gloria, primero al recibir en 2006 el Grand prix littéraire d’Afrique noire por su primera novela, Port-Mélo; y después, precisamente, cuando su Los pies sucios (Les pieds sales, en la versión original) fue preseleccionada para el premio Renaudot, en 2009. Sin embargo, los buenos augurios de la euforia mediática no se cumplieron en el momento inmediatamente posterior. El autor parece moverse más cómodamente en la tranquilidad y la serenidad que en el torbellino del éxito inmediato.
El de Awumey es un concepto del exilio que de alguna manera lo tiñe todo. Y de ahí, seguramente una referencia a Télemaco, el hijo de Ulises, al que asemeja con el protagonista de Los pies sucios, al menos en la preocupación por la búsqueda del padre. Así el exilio está en la historia, pero también en el escenario. La narración se desarrolla en la noche parisina, pero una noche desprovista de idealismo, es una noche cruda, áspera y, sobre todo, oscura, como el mismo protagonista reconoce, al margen de que algunos de los personajes secundarios puedan empeñarse en arrojar un poco de luz (y de ilusión). A través de Askia, Awumey se mueve entre los personajes que se encuentran en la periferia de la sociedad, los solitarios, a menudo abandonados, los de los pies sucios, los que están en la cuneta del camino. Askia recorre las calles de un París nada imaginario en el que arden los edificios abandonados y ocupados por inmigrantes (como ocurrió hace menos de diez años) y los cabezas rapadas se empeñan en ser los enviados para “limpiar” las calles de la ciudad.
La búsqueda de Askia, su experiencia de exilio, sus relaciones personales, sus vivencias en las cloacas de la ciudad, van tomando poco a poco un cierto sabor de novela negra. Awumey va suministrando en pequeñas dosis pinceladas de un misterio y una acción que apoya a la propia trama en el objetivo de hacerse cautivadora y sobrecogedora.

Los pies sucios es un auténtico puzle de letras, pero también de imágenes, de lugares e, incluso, de notas musicales. Hay, como ya hemos dicho un toque de la Odisea, pero también hay una pizca del Pedro Páramo de Juan Rulfo o del mismo Don Quijote de Cervantes. Y además flota la música de Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, de Duke Ellington o de Miles Davis, aparecen las fotos de los escritores del Renacimiento de Harlem, junto a una obra de Modigliani. Y los pasos llevan en un momento u otro desde Nioro, hasta Groenlandia, pasando por Biafra, Kamchatka, Lima, Recife o un larguísimo etcétera de ciudades, para converger en París. París, una ciudad inclemente pero de la que no se puede escapar; una mala ciudad para esconderse, pero en la que todo se desarrolla y todo termina.
En una entrevista con motivo de su última novela Awumey atribuye a uno de sus personajes unos sentimientos que nos hacen pensar en rasgos muy autobiográficos: Dice del protagonista de esa obra que “escribe para intentar pintar un África que no es ni la guerra ni las playas hermosas, un África que vive entre esos dos extremos. Y escribe para explicar su propia oscuridad…”.

Obras de Edem Awumey
- Port-Mélo, 2006.
- Les pieds sales, 2009. En español: Los pies sucios, 2012.
- Rose déluge, 2012.
- Explication de la nuit, 2013.

http://www.wiriko.org/wiriko/los-pies-sucios-de-edem-awumey-y-la-maldicion-del-camino/