sábado, 9 de noviembre de 2013

2013 de Poesía. Día 311. Mª Concepción Hernández

Día 311. Mª Concepción Hernández. Garza del norte (2003)



Nunca supe
adónde me llevaron
mis pasos.

Vagué
por calles y plazas
sin rumbo.

Entre los tupidos árboles
se escucha cantar
al ruiseñor.


viernes, 8 de noviembre de 2013

2013 de Poesía. Día 310. Domingo Sosa

Día 310. Domingo Sosa. Caos y control (2003)


http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=21&catid=0&Itemid=427
Estaba meadno en los baños de un bar.
Pasó un hombre por detrás de mí.
Pasó una mujer por detrás de mí.
Pasó un segundo hombre. Me rozó.
Pasó una segunda mujer. Me dejó su perfume.
Y seguí meando.
Pero ya no me sentía solo.

http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=436&itemid=426

jueves, 7 de noviembre de 2013

SIEMPRE NOS QUEDARÁ CASABLANCA

SIEMPRE NOS QUEDARÁ CASABLANCA
David Pérez Vega
Ediciones Baile del Sol. Tenerife, 2011

Por Manuel Ángel JIMÉNEZ/La manzana poética - Junio 2013

La pantalla cinematográfica es un espejo, incluso a veces permeable y osmótica (me estoy acordando de La Rosa Púrpura de El Cairo), como los libros. Escribir de cine no es lo mismo que escribir de poesía o sí, quizá sí que sea lo mismo. Porque, al fin y al cabo, es escribir. Sin más.
La poesía de David Pérez Vega en su libro Siempre nos quedará Casablanca nos invita a zambullirnos en una lectura tan narrativa como de sentimientos, con la discreción que ofrece una sala en la penumbra de una proyección o a través de la luminosidad que escupen los sentimientos trasladados en forma de poema. En el equilibrio. Me imagino al autor, sentado en una cafetería, viendo pasar los trenes por la Estación Central de Móstoles, los sábados por la mañana, como en una película de Alain Tanner — pongamos, por ejemplo, En la ciudad blanca- escribiendo en la soledad de un día gris lejano a la rutina del auditor de cuentas, en el principio de este milenio, hace ya una década.
La obra está dividida en cuatro segmentos (nombrados como Días de cine, Nos está acorralando el tiempo, Pequeños homenajes de ida y vuelta y Concurso de camiseta frías) que juntos conforman una treintena de poemas narrativos y en verso libre, donde nos encontraremos con más de un homenaje que el autor evoca y retrata, indudablemente cada lector tendrá la oportunidad de hacerlos suyos en mayor o menor medida, en función de afinidades, vivencias y gustos. Porque la obra comienza con todo un canto a lo que se ha convenido en llamar séptimo arte: Casablanca (como a los personajes de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, siempre nos quedará París o como a Woody Allen, siempre nos quedará el recuerdo de un film), prosigue con “Cine de verano” (la nostalgia de la infancia y de esos días tan azules y noches perfumadas a la luz de la luna, grandes pantallas donde los sueños se guardaban para siempre), Banda sonora (la de nuestras vidas que continuamente se va construyendo), “Pan y tupilanes (V.O.S.)” (homenaje a esos locales donde unas inmensas minorías escuchan y saborean las verdaderas voces, con sus acentos y acordes tonos, porque aunque la cinta no sea nada del otro mundo puede trasladarnos a cualquier parte y hacernos caer en el encantamiento), Marta y alrededores (cuando la vida se entremezcla con la ficción en el aquí y ahora, en los Cines Princesa por ejemplo), Multicines ( o la decrepitud del invierno del desencanto cuando las persianas
se echan para siempre y los momentos vividos allí se quedan encerrados en el olvido, sin posibilidad de futuro), “Fechas borrosas” (como las de esos boletos que encontramos, ya medio despintados por el tiempo, en cualquiera de los bolsillos y nos hacen recordar), “Cine militar” (cuando el abuelo era el acompañante y su tarjeta de reservista era el salvoconducto para entrar en “La Guerra de las Galaxias”), A oscuras soñándonos (con falsos carnets de estudiante o monedas ganadas en concursos literarios, entrando en espacios creados por Loach o Aristarain para hacerse más sabios), Exorcismos (sufridos por el espectador ávido de otra cosa muy diferente a la que hoy puede encontrar en las butacas del cinematógrafo, ya sea en Gran Vía o cualquier otra parte los sonidos de un teléfono móvil, las palomitas del vecino, los comentarios de un público malcriado gracias a la telebasura te sacarán de la hipnosis y te enfrentarán a la mediocre y endemoniada realidad en forma de estafa), Sesión de las 4 (instrucciones de uso) (esa hora en que los solitarios hacen una pausa para no ser conscientes del espacio que ocupan en la realidad que les espera ahí fuera, en el sitio de costumbre, donde otros tienen pesadillas cuando duermen) Y así, poco a poco, entraremos en un nuevo capítulo, donde una cita del gran Manuel Vicent nos avisará de que La vida es la única película en la que siempre muere el héroe y nos invitará a sumergirnos en un ramillete de poemas de esos que transmiten retazos de alguien que sabe sobrevivir con la ayuda que ofrece el arte a quien necesita alimentarse de algo más que un sándwich barato, pues por algo la lectura de un buen libro (La montaña mágica, Corazón tan blanco), el placer estético que ofrece una obra de arte, o las casualidades del destino que pueden cambiarnos para siempre (un encuentro en el metro con el poeta maldito y el miedo al fondo de sus ojos, tan profundos como los de la mujer que espera) resultan definitivas e influyentes en el modelado del que no se conforma con pasar el trámite de vivir y aspira a algo más, dejando escrito lo
que a su vez puede que influya en otros. Para bien. Y como, ya se sabe, es de bien nacido ser agradecido, el autor no ha dejado pasar la ocasión para corresponder, bajo el título de Pequeños homenajes de ida y vuelta, a pintores como Pieter Brueghel el Viejo y su cuadro El triunfo de la muerte, a Van Gogh y su
obra Los descargadores en Arles y, de paso, algún que otro impresionista cuyos lienzos cuelgan, en el Museo Thyssen-Bornemisza, junto al del genial loco del pelo rojo; tampoco se olvida del recuerdo al poeta romántico por excelencia, Gustavo Adolfo Bécquer, un fragmento leído en un libro de 2º de BUP le
invitará a reflexionar y sonreír con ironía mientras piensa en la brevedad de la vida, en el fracaso amoroso, en la posteridad y el reconocimiento artístico y literario; aparece, así mismo, como un fantasma en la niebla de una escalera de un edificio de Turín, a través de la palabra Wstawac´ la sombra del escritor Primo Levi y su terrible historia hecha poema; y aprovecha para imaginar, de nuevo la infancia, escapando en la aventura más fantástica gracias a Tolkien, nombrando a Erebor, la Montaña Solitaria. Leopoldo María Panero también está homenajeado, abre el poema una cita (Me encontraréis en la siniestra humedad de un cubo de basura) del autor más maldito y reverenciado de nuestras letras, germen para construir unos versos que huelen a recuerdo imaginado o sueño recordado (?)... No sé, quizás... Y, en el trayecto final, el libro se clausura con el capítulo Concurso de camisetas frías que, bajo una bella cita de Roberto Bolaño (En sus ojos veo los rostros de todos mis amores perdidos), reagrupa nueve poemas para recapitular y despedir
este canto a la belleza y a la vida, rebosante como una copa de buen vino.

2013 de Poesía. Día 309. Armando Rivero

Día 309. Armando Rivero. Imposibilidad del agua (2002)


http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=152&catid=0&Itemid=427
Yo tenía dos sonrisas

una mía, triste
y la tuya.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

2013 de Poesía. Día 308. José Luis Javaloyes

Día 308. José Luis Javaloyes. Cerezas púrpuras ante el espejo diáfano (1999)



Ni dentro ni fuera de mi cabeza está el Monte Sumeru, Ocho Mil Metros más alto que el Everest, pues afuera está solo no lo contemplo o o recuerdo, y solo adentro... ¡Aplataría mi cabeza!

Pues así es la sabiduría que no pesa, que se olvida y se recuerda de un espejo sin reflenos, que vio mil primaveras e inviernos, bruñido y nuevo, sin memoria, eterno por no tener contorno ni inicio, inmortal por innacido, fresco para siempre.


martes, 5 de noviembre de 2013

“Yo maté a Rajoy” Novela que no va a dejar indiferente a nadie y unas declaraciones del autor, ¡contundentes!

http://www.latiendadebailedelsol.org/47-p%C3%A9rez-juan-carlos-yo-mat%C3%A9-a-rajoy-.htmlTÍTULO:     Yo maté a Rajoy
 AUTOR:      Juan Carlos Pérez
 EDITA:       Baile del Sol (2013)

El título impacta, es llamativo y más de uno nos hemos lanzado a su lectura con curiosidad morbosa. Pensando que entre sus páginas vamos a encontrar las claves, sin llegar al magnicidio, metafóricas para quitarnos de encima a quien todos pensamos: el señor presidente del gobierno.
Stéphane Hessel escribió ¡Indignaos! Y muchas personas vieron en ella una forma de protestar para salir de una situación que en ese momento, año 2010, era muy complicada y asfixiante. Pero es que tres años después, a juicio de muchos, es bastante peor.

Juan Carlos Pérez acaba de cumplir 50 años. Al regreso de un viaje a Singapur  se entera de que va a ser despedido de su trabajo después de veinte años cómo empleado laboral en un ayuntamiento; la crisis y los recortes tienen la culpa. Pero a Juan Carlos no le convence este argumento, considera que los culpables de su penosa situación tienen nombre y apellidos. Decidido a hacer justicia, y persuadido por la cantidad de atropellos que observa a su alrededor –recortes en todos los servicios públicos, corrupción política, desahucios y hasta suicidios provocados por la desesperación-, maquina un plan para terminar con la cabeza visible de ese despropósito, sin temor a las consecuencias.

Cuando decido hacer la reseña de Yo maté a Rajoy -120 páginas- me he parado un momento pensando las palabras pertinentes ante lo que acababa de leer. No se por qué me ha venido a la cabeza la antigua revista “La Codorniz” «La revista más audaz para el lector más inteligente» y he pasado un rato investigando y escarbando, hace muchos años que dejó de editarse, seguro de encontrar en ella actualidad palpable. Me he tropezado, entre otras cosas, con dos chistes de Chumy  Chumez, que en sendos bocadillos dicen:

“A mi me gustaría ser honrado pero mis convicciones económicas me lo impiden”. “El pueblo tiene derecho a estar informado de que no está informado”.

Esto que acabo de apuntar es de una actualidad que quema. Cuando nos adentramos en la lectura de la novela hay que estar al tanto de aquello, que también se apuntaba en algún sitio, “nada es lo que parece… o sí”.
Redactada en primera persona, Juan Carlos, vamos acompañándolo por su peripecia física y mental, desde el momento en que sabe que va a ser despedido. Al mismo tiempo nos va desgranando las noticias, por todos sabidas ahora, de suicidios por desahucios, de protesta a lo bonzo dentro de una sucursal bancaria… de todas esas noticias desagradables que aparecen cada día cómo consecuencia de la crisis galopante que nos golpea.
La situación del protagonista nos puede pasar y, de hecho, nos pasa a muchos. Cada día engrosamos la empresa más grande de España “PARADO SA”. Se maneja en la lectura muchas teorías; una de ellas es: «Si te vas a suicidar, si lo tienes todo perdido, y no tienes nada más que perder; llévate a alguien por delante».
Dura teoría pero teoría. Las tres primeras partes de la novela tienen ritmo, y esperas algo más de contundencia, quizás un poquito más de mordiente. Dentro de la indignación hay una cierta sumisión al destino. Con el despido se mezcla una separación anterior de su mujer, militante activa del partido gobernante. En el último cuarto de la novela hay alguna que otra sorpresa, una de ellas viene, diríamos, anunciada, casi sin darnos cuenta, en páginas anteriores.
Estoy de acuerdo con una frase que expone el autor y que debería hacernos recapacitar: «… Me parece increíble que sigamos tragando con todo esto y seamos incapaces de salir en masa a la calle y devorar hasta los tobillos a toda esta calaña. ¿Qué hipnótico brebaje nos están suministrando que nos paraliza?» página 25.
Y en la página 50, nos encontramos esta otra: «Cómo nos sigan apretando tanto la desesperación va a hacer que alguien se cargue a ese cabrón , no sé cómo todavía nadie lo ha hecho».
Estas y otras cuestiones, creo, que nos las planteamos todos; pero ahí siguen los políticos tan contentos, campando a sus anchas. Si, a pesar de todo, seguimos votándolos, en lugar de botarlos, seremos sus cómplices.

Juan Carlos Pérez (La Graciosa, Canarias, 1962). Siempre ha estado vinculado a actividades culturales por donde ha pasado; escribiendo, sobre todo, en revistas alternativas. Aunque tiene varios poemarios y novelas escritas, esta es la primera que publica. Ahora está poniendo al día las novelas que escribió en décadas pasadas.

Desde las islas insulares nos atiende, amablemente, Juan Carlos…
¿Cuánto hay de real y de ficción en el arranque de la novela: “Al regreso de un viaje a Singapur, se entera…”?
Todo es pura ficción, cuando empecé a escribir esta especie de diario de un hombre desesperado, estaba conociendo el caso de algunas personas cercanas que estaban sufriendo en sus carnes el despido de sus empresas, tras muchos años trabajando en ellas. Su desesperación ante el futuro, la falta de esperanzas, el deterioro social que veía alrededor de estas personas fueron los detonantes que hicieron que me pusiera a escribir.

En el desarrollo de la historia observo una primera parte muy rabiosa, pero a medida que avanzamos parece que hay un relajamiento ¿cuál es su opinión?
Hay una especie de resignación ante la impotencia que genera chocarse contra el mismo muro una vez tras otra. Comprobar que el poder tiene en su mano todos los hilos para ningunear al ciudadano arrebatándole sus derechos.

¿Quiere abanderar el colectivo indignado? o ¿sólo quiere mostrar su indignación?
 Solo quiero una sociedad más justa e igualitaria.
¿Qué opinión le merecen los políticos?
Creo que el político está para servir a esta sociedad y no para chupar y engordarse con ella. El político debe tener los mismos derechos y obligaciones que el ciudadano de a pie, sin más privilegios.
Observo en el personaje un cierto conservadurismo ¿está de acuerdo?
¿Qué entiende por conservadurismo? ¿Pelear y llegar hasta las últimas consecuencias por conservar lo que se ha ganado tras años de lucha ciudadana y sindical?  Si conservadurismo lo entiende como esto último, pues sí, el personaje es conservador. Pero para mí conservadurismo es quedarse sentado en el sillón viéndolas venir sin mover un dedo.
¿Por qué, a su juicio, no hay mayor rebelión ciudadana?
Por la incultura y por el miedo. El poder fabrica ovejas a las que pueda dominar y poder sacrificar cuando le convenga.
¿Que quiere conseguir al escribir Yo maté a Rajoy? Hay quién piensa que es un simple folletín extremista.
Simplemente contar lo que me está preocupando, reflejar una visión de esta época y que los lectores puedan encontrar en la novela algo que les  mantenga despiertos. Quien piensa así es que no se ha dado cuenta o no quiere ver lo extremas que son las medidas que toman quienes nos gobiernan con total impunidad.
En la reseña que hago de su novela digo, más o menos, que si seguimos votando a los políticos que nos gobiernan, en lugar de botarlos, seremos sus cómplices ¿está de acuerdo?
Totalmente. Lo difícil es que una mayoría desinformada y ciega se dé cuenta de ello y tome medidas en el asunto.
El título es contundente. Suponiendo que algún político lo lea ¿teme algún tirón de orejas?
En un principio lo creí, pero eso daría más publicidad a la novela.
¿Que deberíamos hacer los ciudadanos?
No creer a pies juntillas todo lo que se nos dice desde arriba. Ser críticos y activos. No permitir que la injusticia o la prepotencia del poder sea moneda de cambio. Utilizar todos los recursos que tengamos para que eso no sea posible.
¿Cómo ha sido acogida la novela en su entorno?
Frío glacial. A mi entorno parece que lo más que le ha chocado es el título y el tema.
¿Qué genero literario prefiere? ¿Cuales son sus autores favoritos?
Cualquiera que me cautive en las 20 primeras páginas. Carver, Bolaños, Chimamanda Ngozi…
¿Qué está leyendo ahora mismo?
Caídos del suelo, de Ramón Betancor, la novela de un paisano que me tiene enganchado.
¿Tiene alguna manía a la hora de escribir?
Tengo que tener soledad absoluta para poder escribir.

2013 de Poesía. Día 307. Orlando Cova

Día 307. Orlando Cova. La enorme hilera de casas amarillas (1999)


ALGÚN REMOTO AÑO

Confundo las ramas de los árboles
de la larga avenida
con las farolas
que se alzan de las aceras.

Aturdido
alucinado y solo
recorro la gran ciudad
a estas horas desierta y fría.

El cielo negro
sin luna
me trae recuerdos
que nada tiene que ver
con todo lo que la luz me ofrendaba
cuando aún existía el sol.

Eso fue antes de cerrar los ojos
a aquel atisbo de esperanza
que me mantenía erguido
a la espera de que los sueños
-por fin-

se hicieran realidad.