jueves, 31 de octubre de 2013

Aforismos felices

Día 28/10/2013 - 10.30h
http://www.latiendadebailedelsol.org/46-p%C3%A9rez-antol%C3%ADn-mario-la-m%C3%A1s-cruel-de-las-certezas-.html
Hace meses, los lectores de Castilla y León oyeron a Mario Pérez Antolín lanzar una afirmación dudosa o cuando menos extraña: se retiraba de la creación poética. No creí en semejante renuncia, pues uno de los autores más representativos de la antología Sentados o de pie, 9 poetas en su sitio era precisamente él y, además, con una filiación entusiasta y de continuidad impecable. Pero atando ahora los cabos sueltos a los lazos de un compañerismo auténtico, entiendo su determinación. Efectivamente, la recopilación que en 2010 se hizo de toda su obra poética sonaba a repliegue estratégico. Con la publicación en 2011 de su libro Profanación del poder, todos entendimos que el poeta cedía protagonismo al filósofo que siempre se solapó en cada uno de sus versos.
Con la reciente publicación de su libro La más cruel de las certezas -que prologa Victoria Camps y edita Ediciones Baile del Sol-, la evidencia casa con esa realidad que ya Goethe asumía como inevitable en la conciencia de un verdadero escritor: que «los pensamientos vuelven, las convicciones retoñan; los estados pasan irrevocablemente». Este libro de aforismos representa una apuesta sin retorno porque estamos hablando de una autenticidad que, posiblemente, ni el propio poeta había sospechado: «Seguramente -dice en una declaración sin red- yo debería haber sido otra persona, tal vez un jíbaro reductor de cabezas o un gentleman con chistera y bastón; pero me quedé en escritor... Ya no tengo otra alternativa que aceptarme, malvender lo poco que resta de mi patrimonio y esperar que nadie se parezca jamás a mí». En resumen: que resbalamos por el filo cortante de una historia nada complaciente y atípica que se llama aforismo.

Desde Hipócrates a nuestros días, el aforismo ha concretado la filosofía de lo breve en un mínimo de periodos pero con un máximo de ideas. Filósofos de todos los tiempos, científicos, místicos, artistas e incluso políticos, han acudido a esta síntesis del vuelo que evita argumentos inútiles para abordar problemas prácticos. Dicho así parece una simplificación más. Pero como género supone una senda tan restrictiva que sólo inteligencias bien dotadas dirimen de un plumazo la convivencia entre el conceptualismo más abstracto y la experiencia más vital. La inmensa mayoría de los aforistas no resiste una lectura amable: unos embarrancan con el ingenio y otros patinan con la verdad. Son contados los que logran hilvanar pensamiento y naturaleza a una razón cabal que prenda, además, en una belleza arraigada. Por esto mismo, la intensidad del aforismo suele hacer trizas las prospecciones del escritor más templado.

Ingrávida desenvoltura

En esta deriva lúcida e inmisericorde se afinca, precisamente, el aforismo que define el pensamiento compacto de Mario Pérez Antolín. Empezar la lectura de La más cruel de las certezas parece tarea fácil, pues da la sensación de entrar en una crónica de «ingrávida desenvoltura», como dice el propio autor. Pero la comodidad resulta ficticia de inmediato como ocurre en toda ciencia que no emplea el rodeo. Lo cierto es que al final se sale de cada aforismo -medio millar con temática variada y seductora- tocado y sin resuello. Primero, porque es imposible dejar su lectura sin interrumpir eso que llamaba Schopenhauer -uno de los aforistas más torrenciales y directos de la historia- la comprensión de un problema. Y en segundo término, porque la crueldad de esa certeza no es tan dramática como se piensa: coincide con las verdades «que todos huyen y por la que todos sufren» -dice su autor- y que Voltaire resumía como «una broma pesada» de la eternidad recurrente y de la cotidianidad más baladí.
El discurso filosófico de esta crueldad serena, que acoge Mario Pérez Antolín en su libro, y que divide metódicamente en seis partes, recorre las estancias básicas del conocimiento y de la condición humana. Nada ni nadie -ni siquiera el autor- se salva de esa rectitud desenvuelta y profunda. Extraña la tensión contenida de éste su segundo libro de aforismos. Hay en él una madurez y maestría trazadas con tiralíneas: cínico como el mejor Catulo, despegado de lo terrenal con la grandeza de Marco Aurelio, centrado en el hombre pero más allá de sí mismo a lo Montaigne, inquietante como la caña pensante de Pascal, despegado del peligro de vivir como Nietzsche, incómodo como un arrumaco existencialista de Schopenhauer y, al tiempo, de una serenidad rotunda como el Guillén más lírico que inquiere en las ontologías poéticas. Bienvenido al aforismo donde nada sobra y todo aprovecha si, como aquí, al pensamiento lo atraviesa una pasión cabal. 

2013 de Poesía. Día 302. Jose María Cumbreño

Día 302. Jose María Cumbreño. De los espacios cerrados (2013)


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LOS ESPEJOS Y LAS PUERTAS

Los espejos se parecen tanto a las puertas que hay
días en los que, por si acaso, lo mejor es descolgarlos y
ponerlos mirando a la pared.

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miércoles, 30 de octubre de 2013

Sara Herrera Peralta: “Quien mire hacia abajo, pierde”

Baile del Sol, 2013. 52 páginas

22 octubre, 2013 por
 
Autora de una serie de poemarios muy unitarios, que suelen tener la denuncia de la alienación como uno de sus ejes, Sara Herrera Peralta se caracteriza por un tono pulido y contenido, que no ha estado exento de distintos procedimientos e investigaciones formales.
En este Quien mire hacia abajo, pierde, su octavo poemario editado, se agrupan una treintena de poemas. Cada uno de ellos se titula como una estación de metro de París. Como ya hiciera en De ida y vuelta, su segundo libro, Herrera Peralta emplea el transporte suburbano como escenario para su poesía. Sin embargo, en estos textos no suele entablarse, salvo algunas excepciones, relación entre dichas estaciones y el contenido de las composiciones. No existe, por tanto, localismo. Aunque constan referencias a París, estas son fácilmente asumibles como metonimias.

shpEn este volumen, ahonda Herrera Peralta en un registro más existencial, que parte de un cuestionamiento de las condiciones actuales de los trabajadores. Despliega una serie de reflexiones acerca de la vida, de lo que nos constituye como seres humanos, como individuos, como sociedad. La cotidianeidad urbana constituye el marco y el punto de partida de todo ello. La autora presenta un apego a lo concreto porque es desde ahí donde se genera la reflexión y lo que la condiciona. Sin embargo, no existe un afán costumbrista, ni prima tampoco un registro descriptivo. La poeta encuentra un espacio donde transcurre la vida de las personas; y es que la vida constituye, en verdad, el centro de toda su obra. Aun así, aparecen esbozadas historias, de las que la escritora recoge retazos que, en conjunto, construyen un apunte de mosaico de la realidad de los trabajadores urbanos. Al respecto, destaca la presencia de mujeres como personajes, casi todas las veces como sujeto en relación (madre, hermana, hija). En cualquier caso, alterna algunas piezas con referentes reconocibles, específicos, con otros que emplean un registro más abstracto, más filosófico. De ahí que encadene paradojas y preguntas retóricas en los textos.
Quien mire hacia abajo, pierde posee una dicción clara, más cercana a Shock y a Provocatio que a Hay una araña en mi clavícula. Herrera Peralta explora el concepto y el sentimiento de extranjería, de otredad; la soledad debida a la incomunicación y también la necesidad de establecer contacto. La ciudad capitalista es una barrera para ello, según se muestra en el libro. La alienación, la rutina, la planificación y la fatiga provocada por el trabajo se manifiestan como obstáculos en los intentos de mantener relaciones humanas saludables.
Al respecto, aborda la condición laboral de los inmigrantes (el «yo poético» es uno más), su explotación. Entabla una solidaridad sincera con ellos, y pone de manifiesto cómo les afectan los mismos problemas. Herrera Peralta conoce bien el origen de ese hastío, y lo vincula con facilidad: la explotación laboral, el tiempo invertido en el transporte, los nulos estímulos para el desarrollo personal que se ofrecen en esta sociedad y que remarcan una estructura de dominación. Sin embargo, la autora sabe manejarse con sutileza en ese terreno.
El pragmatismo debe vencer a la filosofía, a la contemplación, a la duda, a la curiosidad. El ritmo trepidante del horario somete toda inquietud. Alude, en definitiva, al tiempo vacío, que ejerce de limbo en nuestra existencia, que no parece ser recuperado para la vida.

shpcubEntonces, los sueños, la necesidad de imaginar una salida, una existencia plena, aparece como algo irremediable. Hay esperanza en que las cosas cambien: «Pero cierto día París no será / la ciudad de las postales». El «yo» no se deja vencer por el desaliento, no claudica el impulso vitalista. Aun así, expresa la necesidad de abandonar esta rutina. Y es que se constata una continua oposición entre la vida digna y placentera, donde el individuo puede realizarse, y la vida frustrante, triste y aburrida de la sociedad contemporánea. Esta última aparece retratada mediante escenas simbólicas de la gran ciudad (máxima expresión de la industrialización) y de las relaciones laborales capitalistas. Pero existen esos espacios donde relacionarse y vivir de otra manera, no muy lejos. En ese sentido, se opone lo rural al utilitarismo de la urbe (ese lugar donde «la lluvia se mide»). La periferia, por tanto, es el lugar donde la vida es posible, donde se supera la separación de la naturaleza, más allá de su instrumentalización, que se produce hoy en día. Además, realiza una reivindicación y un reconocimiento de las luchadoras (porque son mujeres, básicamente) por la vida digna.
A pesar de todo, su mirada contiene y comunica ternura, e incorpora frecuentemente un componente emocional a los poemas, que les aporta también el elemento concreto a una posible lectura más teórica.
La mayoría de los textos son piezas breves. Sin embargo, destaca el primer poema, que demuestra cómo, en los poemas más extensos, la autora sabe utilizar una intensidad bien dosificada y un hábil desarrollo.
 Por otra parte, reflexiona sobre el viaje como metáfora de la vida. El vagón de tren permite juegos alegóricos que, en manos de Herrera Peralta, van más allá de lo trillado y de lo evidente.
Sara Herrera Peralta, en definitiva, presenta un libro breve pero brillante, que nos permite reflexionar sobre nuestra asfixiante existencia y sobre las grietas a través de las cuales respirar. Nos habla de ese sentirse ajeno a la vida, a la propia vida, como se es ajeno al paisaje que pasa veloz por la ventana del vagón.

2013 de Poesía. Día 301. Raquel Zarazaga

Día 301. Raquel Zarazaga. Hierba oliendo a carne (2013)


http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=629&catid=0&Itemid=427
ELLAS SON LA TIERRA

En la cola del pan.
Arropando a la progenie.
Sin quebranto ante la muerte.

«Examina mis brazos, mis heridas,
verás que resistí el cerco.»


A horcajadas de la vida,
cercanas a su orilla sensible.
Con el corazón bien a la vista.
Poliédricas.

Las hay de neuronas dulces y penachos húmedos;
mujeres de convulsos hielos y vanos arenales.
Adultas en transición divisibles por su niñez,
más–menos su madre al cuadrado.

–«J´adore le féminin absolu.»


Entre el agua y la boca tensan las redes,
designadas sabe–dios–por–quién
para hacer germinar párvulos soles.
Figurantes, figurines, figuradas.

Lucientes en sus íntimos calostros,
crecidas por los márgenes...
siempre al dolor en fuga.

Ellas son la tierra, el fruto, la saliva.

http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=601&itemid=426

martes, 29 de octubre de 2013

Stoner, de John Williams


Había oído hablar de Stoner (Edit. Baile del Sol) y tenía el libro en mi poder, aunque algo olvidado, hasta que, con motivo de la "Gala Literaria" que hicimos con ocasión del Día del libro, Mientras leo eligió como acompañante para la cena a Stoner. Mi piloto lector se activó y rescaté el título de mis estanterías. Vamos allá.


Algunas personas pasan por la vida sin hacer ruido, pasan desapercibidas. Aparentemente son tímidas, apocadas, sin mucho que aportar; son una aguja en el pajar del anonimato de las masas. Sin embargo, debajo de esa aparente mediocridad se encuentra una persona entrañable, noble, débil pero con firmes convicciones y una fuerte vocación por la enseñanza. Una persona que resulta ser una joya para la quien sea capaz de reparar en su exitencia. En esta historia, esa persona es un hombre: William Stoner.
"Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases".

Stoner es un joven perteneciente a una familia muy humilde dedicada al duro trabajo en su granja sita en el pueblo de Booneville (Missouri). Con 19 años, un poco más tarde de lo habitual, sus padres, haciendo para ello un importante sacrifio, lo mandan a la universidad para que estudie "Agricultura", con el fin de ayudar en la gestión de la granja cuando acabe sus estudios. Pero la vida tendrá otros planes para Stoner. Uno de los profesores que se cruzan en su camino, Archer Sloane, marcará su vida y le enseñará a descubrir su verdarera vocación y destino: la enseñanza de Literatura.
"¿Pero no lo sabe usted, señor Stoner? preguntó Sloane. ¿Aún no se comprende a sí mismo? Usted va a ser profesor."
 Que nadie espere encontrar aquí acción o un ritmo ágil pues, si bien es una historia sencilla narrada de forma igualmente sencilla, es pausada, teniendo el autor auténtica maestría a la hora de llenar de matices una vida aparentemente anodina
El protagonista es un personaje cargado de profundidad, Williams le da vida de tal forma que llegas a tener la sensación de que realmente lo conoces. Su aspecto apocado, tímido y frágil hace que en algunos momentos sientas ganas de gritarle, de decirle que haga de la dignidad su escudo, que diga "basta ya". Sientes indignación por su conformidad con determinadas circunstancias. Sin embargo, alberga sentimientos tan puros y admirables que acaba cautivando al lector con su constante búsqueda de la paz interior, con la fidelidad a sus ideales y el deseo de actuar conforme a su conciencia.

"La tristeza por los apuros ajenos le acompañó en todos los momentos de su vida".
Stoner es, en definitiva, la historia de una vida, una vida llena de zancadillas y contratiempos personales y profesionales. Una vida que te llega, te commueve, te emociona y no te deja indiferente (debo confesar que en los dos últimos capítulos tuve que parar de leer para secarme las lágrimas).
"...Se las había arreglado para llegar a una certeza: que a la larga todas las cosas, incluso el conocimiento que le permitía saber esto, eran fútiles y vacías y que al final empequeñecían hasta convertirse en una nada donde ya no cambiaban."

Puede que Stoner pasara por la vida sin hacer ruido, sin dejar huella, pero os aseguro que permenecerá por siempre en el corazón del que lea su historia.
Me sumo a las palabras de Rodrigo Fresán: "Stoner es una obra maestra. Y punto".

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Si queréis saber más de su autor, pinchad aquí. Hace poco se ha publicado en nuestro país otra de sus novelas, "Butcher's Crossing", que fue escrito con anterioridad a Stoner. Su última novela publicada en vida fue "Augustus", que fue premiada con el Natinal Book Award de 1.973, y que aquí pasó a llamarse "El hijo de César" (ni que decir tiene que ya le tengo el ojo echado).
Venga, todos a leer "Stoner". 
 

2013 de Poesía. Día 300. David Franco Monthiel

 Día 300. David Franco Monthiel. Por donde pasa la poesía (2011)



LA SANGRE PROMETIDA

I.
ESTRATEGIA DEL DESPOJADO
En caso de ataque,
sangraremos.

II.
CONTRATAQUE
Del sur al norte
sobre el campo minado
vuelan los pájaros.

III.
BLACKWATER WORLDWIDE
¿Ves? Es la sien
la que se va acercando
a la pistola.


lunes, 28 de octubre de 2013

2013 de Poesía. Día 299. Enrique Falcón

Día 299. Enrique Falcón. Por donde pasa la poesía (2011)


Bombardearán tu casa.

Reclutarán al último de tus hijos
Digo que existe la mortaja que ya te van cosiendo
(Se—
pultarán tu nombre).
                   So—
breun palo azul,
un chasquido en paz de moscas.

Con señuelos y blasfemias van a entrar en tu cuarto.

Bombardearán tu casa:
Dejarás de sembrar.
Un hombre tiene siempre
la edad de su enemigo.