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viernes, 18 de octubre de 2013

LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO




Título:  LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO
Autores:  Fernando J. López
ISBN-10(13):  978-84-15700-74-6
Editorial: Baile del Sol
Referencia: M-149
Fecha de publicación: 2013
Número de páginas: 186
Idioma: Español
Precio: 12  €

SINOPSIS

Septiembre de 2001.

Alfredo tiene veintitrés años, un novio que le dobla la edad y al que apenas ve, un trabajo basura que odia y una familia a la que no soporta.
La noche en que Álex, su mejor amigo, desaparece sin dejar rastro, se siente obligado a intentar dar con él. Su búsqueda lo llevará a adentrarse en una realidad cada vez más violenta y peligrosa, hasta que su mundo amenace con derrumbarse con la misma saña que las Torres del 11-S.
Un mundo obcecado en ser cangrejo y donde los titulares ya nos anunciaban, sin que lo supiéramos,cuánto habríamos retrocedido diez años después.



AUTOR

Fernando J.López, nacido en Barcelona en 1977.
Novelista, dramaturgo y profesor de Literatura. Con diecinueve años publicó su primera novela, "In(h)armónicos" (Premio Joven & Brillante) y comenzó su andadura como autor teatral. Desde entonces ha estrenado y publicado obras como "Tour de force", "El sexo que sucede", "Darwin dice" o "Cuando fuimos dos".
En 2010 fue finalista del Premio Nadal con "La edad de la ira" (Espasa), un thriller acerca de la homofobia y el bullying en las aulas actuales. Su trayectoria como novelista ha continuado con "Las vidas que inventamos" (Espasa), una historia sobre las mentiras y secretos de un matrimonio, y "El reino de las Tres Lunas"(Alfaguara), su primera novela infantil-juvenil.
"La inmortalidad del cangrejo" una obra en la que retrata con crudeza el ambiente social, sexual, económico y político de principios del siglo XXI, es su última novela.
  



MI OPINIÓN

Con una narrativa ágil, el autor, Fernando J.López, nos adentra en el ser del protagonista, Alfredo, un muchacho de 23 años, engullido en sus propios pensamientos cargados de cólera, odio, ingratitud, rencor, resentimiento e ira. 
Personaje asocial en un entorno familiar que no soporta y con quienes se ve obligado a convivir, dada su precariedad económica de la que es esclavo y en la que se ve sumergido por un continuo de trabajos basura. 
Estudiante de Derecho por imposición. Dramaturgo por vocación.
Individualista entre sus amistades. Sufre la desaparición y muerte de su amigo de la infancia, Edu, y decide investigar qué, cómo, y por qué ha sucedido, satisfaciendo así su curiosidad y su morbo, cosa que le sirve para encontrarse, también, así mismo, sin calcular los riesgos que ello conlleva.
Y egocéntrico en una relación de pareja en la que, su novio, Carlos, mayor que él, vive en Berlín, a miles de kilómetros de distancia, y sobre el que se cree con el derecho de exigirle cada vez más.
En resumen, un personaje con las preocupaciones y problemas habituales entre los jóvenes de su edad. Enfrentado con el mundo y consigo mismo, a quien destroza sin piedad llevándose por delante a todo aquel que lo rodea.
Y como telón de fondo el atentado del 11-S. Suceso que provocó que el miedo, a través de los televisores, tomase asiento en todos los hogares.

"La inmortalidad del cangrejo" es una novela negra, ácida, dura, en la cual nos encontramos con una sociedad y, sobre todo una juventud, una generación de hace más de 10 años pero que perfectamente podríamos adoptar a la presente, en la que la crisis, la soledad, y la precariedad llevan a no avanzar sino a dejarse arrastrar por un movimiento "acangrejado". Es una lectura realista, descarnada, enardecida y controvertida, que no deja indiferente y que te retiene hasta el final.

lunes, 9 de septiembre de 2013

“La inmortalidad del cangrejo”: el lento y continuo camino en el desierto del presente


La inmortalidad del cangrejoLa inmortalidad del cangrejo.
Fernando J. López
Baile del Sol (Tegueste – Tenerife, 2013)
Cómpralo aquí
Los años pasan con demasiada rapidez, solía decir mi abuela, pasan y ni siquiera nos damos cuenta de ello. Aquella anciana mujer, que había dejado el colegio con sólo doce años, tenía razón,  los años pasan sin que seamos capaces de darnos cuenta de ello: no nos damos cuenta hasta que, finalmente, un día dirigimos nuestra mirada hacia atrás, hacia ese tiempo pretérito, que no creíamos tan lejano, y descubrimos no sólo que el tiempo no se detiene, sino que en su irrefrenable andadura han sucedido muchas cosas, nimias anécdotas y trascendentales hechos; porque, precisamente, a lo largo del transcurrir de ese  tiempo, se ha ido construyendo el presente que, paradójicamente y no en pocas ocasiones, no deja de sorprendernos.
¿No lo vimos llegar?, afirman los políticamente correctos a modo de excusa, pero no fue así, más bien no quisimos -y, sobre todo, no quisieron- verlo, no supimos, en nuestra impuesta ceguera, ver aquellos primeros indicios, aquellas primeras líneas de la historia de la que hoy somos sus trágicos protagonistas.
La inmortalidad del cangrejo es más que una novela generacional sobre la desorientación personal y social de unos jóvenes; es más que el relato de la crisis de la juventud actual; con elementos de intriga, La inmortalidad del cangrejo es, ante todo, una novela difícilmente catalogable. Fernando J. López juega con los géneros y, sobre todo, juega con el estilo y con las voces narrativas: la ironía y, en especial, la autoironía está presente a lo largo de toda la narración, impregnada esta última de un melancólico sarcasmo. La elección de la primera persona, perteneciente al joven Alfredo, el protagonista, no impide al autor convocar en cada momento del relato otras voces, las de los otros personajes, pero también las voces o, mejor dicho, los discursos que heredamos y los que encontramos cada uno de nosotros en una particular y -¿por qué no?- excéntrica existencia.

Fernando J. López (foto: Baile del Sol)
Fernando J. López (foto: Baile del Sol)

A través del constante dialogismo, enmascarado tras el testimonio monológico del protagonista, Fernando J. López traza un retrato del tiempo presente, el de una sociedad gravemente herida por un pasado que no ha sabido asumir y por un futuro que es incapaz de construir. La acción se inscribe en el 2001, cuando todavía nada había ocurrido, cuanto todavía el negro presente no había llegado; sin embargo, J. López, así como Rafael Chirbes en sus últimas obras narrativas -nunca está demás elogiar En la orilla-, nos muestra cómo por entonces la historia ya había comenzado, en el 2001 ya podía percibirse el futuro que debía llegar sin compasión alguna. Los titulares de periódico, con los que encabeza cada capítulo, permiten al autor contextualizar la narración a la vez que, casi como si se tratara del coro griego, apostillar el relato de ficción. Perfectamente escogidos, los breves titulares se convierten en paralelos metafóricos de la vida de Alfonso; aquellos titulares son los testimonios que, desde una aparente neutralidad, describen el relato de un fracaso, de la lenta, constante y desapercibida destrucción de un mundo que ha dejado de ser -si es que algún día llegó a serlo- el que creíamos. La caída de las Torres Gemelas en el atentado del 11 de Septiembre no sólo es el punto de partida, sino la imagen de la caída, de la destrucción de unas ideas, de unos sueños y de unas aspiraciones aparentemente imposibles de cumplir.
La falta de trabajo, la ausencia de toda perspectiva, las dificultades extremas de la carrera artística -en este caso, teatral-, los contrastes generacionales y las contradicciones de una sociedad heredada a través de una transición convertida en mito incuestionable. Los ideales perdidos, el aburguesamiento -como dice el propio protagonista- de los padres de Alfonso, la escalada social y la pérdida de aquellos principios, aparentemente irrenunciables, que hicieron salir a la calle y protestar en los últimos años del régimen. Fernando J. López consigue, de manera extremadamente ágil, dialogar con el presente, pero también con el pasado todavía reciente, de manera crítica, sin concesiones, ni para unos ni para otros. Desde la distancia cronológica que le ofrece sus pocos 23 años, Alfonso desmonta el relato histórico que, en particular, su padre le ha recitado una y otra vez: Alfonso descubre las contradicciones de sus padres, ejemplo, como tantos otros, de aquella generación que, llegada la democracia, consiguió un determinado poder económico-social y/o político y que, desde ese mismo poder y supuestamente avalados por la libertad democrática por la que habían luchado, comenzaron a debilitar las bases de ese mundo que, como las Torres de Nueva York, no tardaron en caer. La lucidez de Alfonso, aunque en ciertos momentos marcada por los comprensibles excesos de la juventud, al referirse a sus padres contrasta con la ceguera que le domina en el momento de encaminar su futuro: una problemática relación amorosa a distancia con un hombre bastante mayor que él; el estudio de una carrera -derecho- que le desagrada pero que, en opinión de su padre, le abrirá las puertas al éxito profesional y social; la cerrazón de estas mismas puertas; la desubicación en una realidad que no comprende, pero tampoco quiere modificar. Alfonso no es un héroe clásico, más bien es un héroe fracasado con el que el autor no se muestra complaciente, pues, una vez caídas las torres, es necesario reconstruirlas.
La inmortalidad del cangrejo no llama al conformismo, todo lo contrario; el mundo se ha desmoronado, hace tiempo ya que comenzó la destrucción de una realidad que, seguramente, nunca llegó a ser a ser lo que ciegamente creímos que era. Ahora, lejos de desfallecer, toca levantarse y, con una inmortal perseverancia, seguir caminando sin dejarse abatir por la linealidad de la pasividad y la inoperancia. “La línea de la constelación del cangrejo se abate hasta detenerse y convertirse en duna y arena de desierto“; no hay que dejar que llegue el desierto y esta es la lección que deberemos aprender.

Anna Maria Iglesia
@AnnaMIglesia

http://www.revistadeletras.net/la-inmortalidad-del-cangrejo-el-lento-y-continuo-camino-en-el-desierto-del-presente/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+revistadeletras+%28Revista+de+Letras%29

viernes, 6 de septiembre de 2013

La inmortalidad del cangrejo, de Fernando J. López

La inmortalidad del cangrejo
Fernando J. López
Editorial Baile del Sol
Año 2013
186 páginas
12,00 €


Termino de leer La inmortalidad del cangrejo y la frase que se instala en mi mente es aquella de Georges Braque que decía eso de que «El arte es una herida hecha luz». No es un cuadro, es la última novela de Fernando J. López, pero la lectura de sus páginas produce el mismo efecto que la contemplación del lienzo que nos conmueve y que agita nuestro estado de reposo por el magistral trazo del pincel.
No me detendré a explicar la trayectoria del autor, ni sus virtudes narrativas, ni los datos de su biografía. Quien quiera saber quién es Fernando J. López que lo busque en Google, o en redes sociales, o en reseñas pasadas de este blog, o en el teatro Infanta Isabel de Madrid donde se representa ya la tercera temporada de su Cuando fuimos dos, o en el instituto madrileño donde imparte clases de Lengua y Literatura en Bachillerato… Esta vez seré breve. Sólo deseo contaros que leer esta novela, además de acelerar el pulso hasta la taquicardia y el amago de infarto, puede llegar a doler. Quizá debiera avisarse en la portada como se hacía antes en los telediarios (ya no hay nada que no hayamos visto, nada que pueda sorprendernos) cuando se advertía de que «las imágenes que van a ver a continuación pueden herir su sensibilidad»; y es que ante las páginas del cangrejo uno se derrumba al identificar como propios los escombros de la conciencia de Alfredo, Alfredito, la voz que en primera persona narra una historia que, al menos en su parte emocional, no nos resulta demasiado ajena.
«Es cómodo ver mis vicios en su piel, así no tengo que meterme en la mía». Eso pensaba Alfredo al presenciar las idas y venidas de su amigo Edu, ese que desaparece misteriosamente un día y se convierte para el protagonista en la excusa perfecta de una autobúsqueda inaplazable. Alfredo, de 23 años, con un trabajo basura, un novio a distancia (geográfica, cronológica y existencial), una familia a la que no soporta y los cimientos de unos sueños por construir, se mira en Edu mientras el lector (especialmente de mi generación) se descubre en él mismo, en esa conciencia narrativa que retransmite en directo la amenaza de un derrumbamiento personal, coetáneo al desplome de las Torres Gemelas en el fatídico e histórico 11­S que mató la posibilidad de que el nuevo siglo fuera menos absurdo que los anteriores. Hundimiento mundial y personal, real y metafórico, económico y moral. La novela trata el tema de la violencia en todas sus dimensiones: social, laboral, sexual, sentimental, económica, psicológica…, usando como detonante el 11­S, el símbolo vivo más terrible de nuestra propia decadencia.
El protagonista, Alfredo, un Fausto contemporáneo, desciende a los infiernos por el camino del ansia de sí mismo, del deseo de la posesión amorosa y del torbellino de violencia que envuelve al mundo y lo contagia todo, despertando adicciones, egoísmos y otras cobardías.
Los personajes de la novela se identifican con la actual generación de treintañeros que asistieron al hundimiento del sistema en el momento en que les tocaba alzar el vuelo; sus regodeos dolorosos quizá nos resulten familiares. Los hijos desheredados del siglo XXI somos las arpas de Bécquer que en una
esquina del salón, silenciosas y cubiertas de polvo, esperamos que nos llegue el turno de interpretar la partitura de la vida que compusimos (o creímos componer) durante años. Pero la personal banda sonora de la prole del nuevo milenio se duerme sobre las cuerdas sin esa mano de nieve que las arranque de una vez por todas. Leemos la historia de Alfredo y caemos en la cuenta de que somos ese instrumento maldito y abandonado, que en el pasado soñó con un futuro concierto ideal y que ahora despierta en una realidad precaria para seguir desafinándose día tras día, año tras año, sin ser tocado. Los actores de la obra nos muestran (como en un espejo enfrentado nuestro propio rostro) la toxicidad de actitudes como la autocompasión, la resignación y el estatismo vital ante un universo que parece destinado a no avanzar jamás.
Es inevitable leer la obra de Fernando J. López y no sentir la herida de la inmortalidad del cangrejo, el silencio del arpa becqueriano. La lectura de estas 186 páginas, oscuras en tono pero de lenguaje directo y ligero, nos asesta certeramente la cuchillada catártica (con 23 puñaladas exactas) que viene a rasgar el negro velo de nuestro horizonte sombrío para señalarnos en la herida un camino de luz, la voz poderosa que pronuncia el sanador «levántate y anda».

Ana Parrilla

http://menuparabibliofagos.blogspot.com.es/2013/09/la-inmortalidad-del-cangrejo-de.html?spref=fb

miércoles, 21 de agosto de 2013

La inmortalidad del cangrejo

Todos los canales de televisión ofrecen una y otra vez la misma imagen. Un avión acaba de estallar contra una torre. Al primer impacto le sucede el segundo y una inmensa nube de humo cubre la pantalla. Las víctimas se multiplican y es fácil intuir la existencia de una montaña de cuerpos sin vida en el interior de los edificios siniestrados. El mundo entero está pendiente de lo que queda de Manhattan y no puede levantar la vista de los escombros de las torres gemelas, convertidas ahora en gigantes caídos sin remedio.

El daño que el atentado causa no es sólo físico y sus efectos colaterales son más grandes de lo que en principio pudiera parecer. Sin ni siquiera sospecharlo, la sociedad se sitúa en la antesala de la crisis, una crisis que no es sólo económica. Los muertos son las víctimas directas, pero no son las únicas. Occidente entero se derrumba junto al mayor de sus símbolos y toda una generación se hunde al mismo tiempo que lo hacen las torres gemelas, quedando fundido su cadáver entre las ruinas, pasando a engrosar los escombros con la esperanza (ya inexistente) de que el futuro del mundo sea mejor que el presente. El cadáver de una generaciónque ha perdido toda posibilidad y ha quedado huérfana de perspectivas "justo cuando el mundo -postrado de rodillas- echa a andar hacia atrás".

Alfredo pertenece a esa generación. Tiene veintitres años, un novio mucho mayor que él, un trabajo que odia y una vida que se derrumba en lugar de construirse. Aborrece a sus padres, utiliza a sus amigos, desprecia todo y a todos (empezando por él mismo) y no encuentra ningún estímulo que le haga salir de esa sensación permanente de apatía. Le devora el egoísmo sin control que le lleva a exigir cada vez más a los que le rodean. Se despedaza a sí mismo casi con deleite y no se siente satisfecho hasta que inocula su veneno alrededor. 

Carlos, su pareja, se encuentra en Berlín, a miles de kilómetros de distancia. Les separa un vuelo que, por culpa de los atentados, es cada vez más difícil de tomar. Para colmo de males, algo va mal en su grupo de amigos. Yolanda da la voz de alarma: su novio Edu ha desaparecido. Es imposible que no haya dado señales de vida todavía, ya hace demasiado tiempo incluso tratándose de él.Edu es compañero de Alfredo desde la infancia, un poco calavera (o un mucho), pero aun así su mejor amigo. Merece que Alfredo dedique un esfuerzo en buscarle y en investigar qué hizo en los últimos tiempos, sobre todo teniendo en cuenta que así podrá satisfacer el morbo y la curiosidad.

Las torres gemelas se lo llevaron todo consigo dejando un solar arrasado y estéril. Un 11 de Septiembre el miedo se coló por las pantallas en las casas de la gente y con las imágenes de destrucción llegaron la pérdida de la inocencia y de la libertad.Alfredo es el mejor representante de "la generación cangrejil que se miró el ombligo, que se ve sin forma y sin ganas de tenerla, que se sufre a sí misma con la indolencia -el paso siempre atrás- de quienes no saben qué quieren ganar. De quienes han aprendido demasiado rápido lo fácil que es perder"





La inmortalidad del cangrejo (Fernando J. López)-Trabalibros

FICHA TÉCNICA:
Autor:Fernando J. López
Editorial:
Baile del Sol
ISBN: 978-84-15700-74-6
Número de páginas: 186
Género: Narrativa

sábado, 17 de agosto de 2013

La inmortalidad del cangrejo - Fernando J. López

viernes, 16 de agosto de 2013


La inmortalidad del cangrejo.
Fernando J. López

Decir que Fernando J. López es el autor del año quizá (pensarán algunos) sea una exageración, pero para la que suscribe lo es. Pocos escritores pueden presumir de publicar tres novelas en un mismo año, con resultados positivos, y por no hablar del éxito en teatro con la obra Cuando fuimos dos. Una de las grandes satisfacciones de la afición por la lectura es descubrir nuevos autores, descubrir libros que te sorprendan, te maravillen. Esos descubrimientos que desde el primer momento empiezas a recomendar por doquier. Uno de los descubrimientos de este año ha sido Fernando J. López con la novelaLas vidas que inventamos, que ahora con La inmortalidad del cangrejo se ha superado. Como reza la solapa del libro, "una obra que retrata con crudeza el ambiente social, sexual, económico y político de principios del siglo XXI". De esos libros, esas historias, que te dejan sin calificativos para alabarla.

La inmortalidad del cangrejo fue finalista en dos certámenes de novela: Premio Río Manzanares y el Ciudad de Badajoz. Ahora ve la luz gracias a Baile del Sol, una pequeña gran editorial caracterizada por brindar oportunidades a escritores noveles. Fernando J. López no es un autor novel precisamente, éste es su quinto libro, a lo que hay que añadir una importante lista de obras teatrales. Entre ellas, podemos destacar la mencionada Cuando fuimos dosTour de ForceEl sexo que sucedeDarwin diceSaltar sin redEl año que cumplí treinta y algoIn(h)armónicos su primer libro con 19 años, le siguióLa Edad de la Ira, tercer finalista del Premio Nadal con buenísimas críticas; y este año Las vidas que inventamosEl reino de las tres lunas (juvenil) y la que nos ocupa. Una historia realista, espejo opaco de la sociedad actual. Personajes, situaciones, sentimientos con los que identificarse. Narrativa ágil en contraposición a la pesadez vital que recae sobre el protagonista. Alfredo, un joven de 23 años con, aparentemente, los mismo problemas, preocupaciones y angustias que los demás jovenes de su generación. Un trabajo basura, una familia que no soporta, una carrera que sacar adelante sin ser su verdadera vocación, un novio que vive a kilómetros de distancia y, por si fuera poco, la desaparición de su mejor amigo. Un hecho que marcará profundamente su vida. Y todo enmarcado con el atentado del 11-S, el derrumbe de las torres gemelas, el derrumbe de una vida.

Ha dicho que es su novela más dura y personal, y lo cierto es que se percibe. Porque semejante crudeza no es posible de otro modo. López sabe gestionar los tiempos para llegar al lector, domina de manera excepcional las técnicas narrativas y utiliza un lenguaje directo, sencillo, distendido que agiliza la lectura e imprime cercanía para con el lector.


La inmortalidad del cangrejo, en definitiva, una novela que no te dejará indiferente.
"A ratos me pregunto si quiero seguir jugando con estas normas y, como no tengo a nadie que me responda [...], me respondo que la partida es lo suficientemente tediosa como para justificar mi deserción."

[PRIMER CAPÍTULO - Leer]
LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO
Fernando J. López
Baile del Sol, 2013
183 Págs.
 
 

 

sábado, 6 de julio de 2013

el grito de fernando j. lópez

Lo fascinante de leer a autores de tu generación es que te puede sentir identificado muy fácilmente. O no. Lo fascinante es leer novelas que hablan de tu tiempo, de los momentos que viviste en primera persona.


Leo La inmortalidad del cangrejo (Baile del sol, 2013) de Fernando J. López, un autor de la cosecha del 77, al igual que yo. Esta novela se sitúa en el 2001, cuando el protagonista, el autor y yo mismo teníamos 24 años. Y el contexto son los atentados del 11S en Nueva York. Todo el mundo recuerda donde estaba en esos momentos. Yo, un recién llegado a Madrid, trabajaba, para pagarme un curso de literatura creativa, en un restaurante italiano en el barrio de Salamanca que se llenaba de ejecutivos, maridos de infantas, gente de la alta sociedad madrileña y Ana Obregón. Aquel mediodía fue normal hasta que, de repente, la gente comenzó a pagar sus cuentas y a marcharse sin terminar de comer. Algo pasaba en Nueva York, un avión había chocado contra una torre gemela. Eso decían. Todo fueron rumores hasta que, una vez en casa pude ver que las dos torres habían desaparecido del skyline neoyorquino. No tuve nunca sensación de crisis y amenaza. No en ese momento. Por eso me sorprende La inmortalidad del cangrejo. Esta escrito por una persona de mi generación, prácticamente en tiempo real, y habla de nosotros (también de mi). Pero si yo hubiera escrito una novela sobre la misma época el resultado sería diametralmente diferente. Mi vida estaba llena de ilusión, de proyecto, en construcción, y ni siquiera el asunto 11S y otras oscuridades más personales pudieron hundirme. Tuve otras crisis, seguramente en momentos en los que Alfredo (y López), vivían épocas de optimismo. Por eso siento cierta extrañeza al leer esta novela; está más cerca de mi 2013 que de mi 2001.
López cita en el libro de una película de Luis BuñuelEl ángel exterminador, en el que todos querían irse y ninguno podía. Esa es una sensación universal, que Alfredo sufre en 2011 y que muchos sufrimos ahora, en 2013. No podemos abandonar este barco, aunque hablemos constantemente de hacerlo. Pero también podría haber puesto de banda sonora la canción del mismo nombre de Carlos Berlanga: 
Harto de seguir las modas, harto ya de todas todas,
harto de estar harto, me harté de ti.

Harto de escuchar consejos, harto de romper espejos,
harto del exceso, harto de mí.

La inmortalidad del cangrejo es un grito de rabia. El cangrejo no tiene que afrontar más miseria -ni más Historia- que la ya conocida. Pero siempre hay más. Siempre puede haber más miseria. Alfredo inicia en 2001 una busqueda. Busca a su amigo desaparecido, y en el camino encuentra a un amigo que desconocía, se adentra en sus oscuridades y se descubre a sí mismo. Esta es una novela dura, poco complaciente, llena de escenas morbosas; una viajes a los bajos fondos, al infierno que, a veces, nos espera a la vuelta de la esquina, en la oscuridad de un parque justo a las espaldas de Príncipe Pío.
Leerás esta novela con pasión, y cerrarás el libro con la amarga sensación de que los destinos de nuestras vidas tienden a ser inexplicables.

http://extranomd.blogspot.com.es/2013/07/el-grito-de-fernando-j-lopez.html

viernes, 5 de julio de 2013

Reseña: La inmortalidad del cangrejo de Fernando J. López

Me encantó tener en mis manos este libro verde. ¿Por qué? Porque auguraba buena lectura. Un deseo cumplido puesto que La Inmortalidad del cangrejo  (Baile del sol)  es un libro enigmático y real, curiosamente asentado en 2001, que refleja a la perfección la situación de la sociedad actual.
La-inmortalidad-del-cangrejoAlfredo o Alfredito, depende del narrador, es un chico de veintitrés años, con un novio que le dobla la edad, un trabajo basura y está harto de precariedad. Ansía la excelencia pero es consciente de que nunca la tendrá, entre otras razones porque no va a perder ni un segundo en intentarlo. La autodestrucción es un camino cuesta abajo que cuando se toma es difícil subirlo. Pero todo tiene su explicación, sus circunstancias, que no se pueden desvelar aquí por miedo a restarle al lector la delicia de encontrarlas en este libro.
Su lectura nos sitúa en el año 2001 justo entorno al 11S, suceso histórico, que en esta historia sirve como símbolo de un mundo que se desmorona. En la novela se encuentran, a cada paso, reflexiones que merece la pena recordar:
“Es lo bueno que tiene ser cangrejo en el nuevo milenio: no hay que afrontar más miseria  -ni más Historia- que la ya conocida”.
“Te convierto en literatura para que no me duelas, porque si no, me desangro y me vuelvo furia”
 ”El fundamentalismo de los islamistas -y de quienes supuestamente nos defienden de ellos-  sigue haciendo estragos (…)”
El libro está plagado de frases que encierran verdades y reflexiones perfectamente aplicables a la actualidad.
Fernando J. López sabe gestionar la intriga y sorprendernos a la vez que retrata situaciones difíciles que requieren sensibilidad y un alto conocimiento narrativo. Adentrarte en La inmortalidad del cangrejo es convertirte en uno de ellos, andando hacia atrás, cambiando de voz narrativa. Una de las virtudes de su autor es que usando la moderna correspondencia introduce misterios y tensión argumental que, además, sirve para que el lector haga de fisgón y reciba información que ni los personajes tienen.
Este es el año de Fernando J. López que también es dramaturgoY es así, porque en 2013 este autor ha visto publicarse tres de sus novelas: La inmoralidad del cangrejo, que ahora nos ocupa; Las vidas que inventamos y El reino de las tres lunas; y además, se ha representando recientemente en Madrid su obra: Darwin dice; y se está representando en el Teatro Infanta Isabel Cuando fuimos dosNo es la sonrisa de la suerte, es el talento.
En definitiva, La inmortalidad del cangrejo es una novela llena de recovecos, sinceridad, frescura, profundidad y emoción. 

viernes, 28 de junio de 2013

Entrevista a Fernando J. López por “La inmortalidad del cangrejo”


La inmortalidad del cangrejo, de Fernando J. López.Fernando J. López (Barcelona, 1977) es un autor capaz de compaginar la novela y el teatro con la misma maestría y entrega con la que da clases como profesor de literatura. Este licenciado en Filología Hispánica no ha parado en lo que va de año de hacer cosas. Se está representando su obra teatral Cuando fuimos dos, las estanterías comparten sus tres últimos libros: Las vidas que inventamos (Espasa), su primera novela juvenil El reino de las Tres Lunas (Alfaguara), y la novela La inmortalidad del cangrejo (Ed. Baile del Sol), una fábula dura e hiperrealista sobre la violencia, ambientada en el Madrid coetáneo al 11-S y con la que fue finalista por partida doble al Premio Río Manzanares y al Ciudad de Badajoz.

La inmortalidad del cangrejo.  Fernando J. López.  Editorial Baile del Sol, 2013.  186 páginas.  12,00 €

En septiembre de 2001 Alfredo tiene veintitrés años, un novio al que apenas ve, un trabajo basura que odia y una familia a la que no soporta. La noche en que su mejor amigo desaparece se siente obligado a localizarle. Su búsqueda le llevará a adentrarse en una realidad cada vez más violenta y peligrosa, hasta que su mundo amenace con derrumbarse con la misma saña que las torres del 11-S. Un mundo obcecado en ser cangrejo y donde los titulares ya nos anunciaban, sin que lo supiéramos, cuánto habríamos retrocedido diez años después.

P.- Tu novela es un grito desgarrador por seguir luchando, viviendo, sintiendo… aunque todo parezca ponerse en contra. ¿Cómo nació La inmortalidad del cangrejo?
La idea de la novela surgió a partir de diversas experiencias personales –ya fueran mías o de mis amigos más cercanos-: todos teníamos veintipoquísimos y empezábamos entonces nuestra andadura profesional. En ese mismo momento nos dimos cuenta de que nuestro idealismo chocaba con la realidad –precaria y cutre- que nos encontrábamos. El siglo XXI empezaba derribando derechos y, además, con una escalada de violencia a nivel internacional que no tenía nada que ver con lo que esperábamos de él. De algún modo, escribí esta novela para plasmar esas sensaciones y, sobre todo, para llamar la atención sobre una generación que, quizá, hemos asistido de forma demasiado pasiva a la involución social que aún hoy seguimos viviendo.

P.- Duro y angustiado reflejo de una etapa vital: esos primeros veinte años que para algunos puede ser un trance difícil de enfocar. ¿Qué te supuso a nivel personal escribir este libro? ¿Cuánto de ti hay en él?
Para mí fue un libro muy especial, pues es una novela absolutamente libre, sin concesiones de ningún tipo. En ella me permití ser tan vehemente como necesitaba y busqué una voz –la de Alfredo- que pudiera cargar con esa visión apasionada y, a la vez, terrible de la realidad. Para escribir la novela imaginé cómo sería mi vida si los elementos que le dan solidez no estuvieran ahí o fueran radicalmente opuestos: mi pareja, mis amigos, mi familia… Al imaginar la versión negativa de mí mismo obtuve el tono y la voz narrativa, pero también me obligó a sumergirme en laberintos e infiernos que todos llevamos dentro y que no siempre nos atrevemos a sacar.

P.- Personajes llevados al límite, tanto física como psicológicamente, rotos en un amor que les desborda. ¿Solo cuando se llega a una situación así suele uno desprenderse de miedos y cargas para intentar sobrevivir?
No creo que sea imprescindible llegar al límite, aunque es cierto que esa transgresión absoluta de lo convencional nos aproxima a la verdad más profunda sobre nosotros mismos. En cualquier caso, no basta con una crisis ni con una situación límite, si no hay una voluntad de sincerarnos con nosotros mismos la batalla estará perdida de antemano.
Fernando J. López.

P.- La imagen del 11-S planea sobre la novela y los personajes como un buitre de mal agüero. ¿Alegoría quizás de ese pozo al que parecen avocados a caer los protagonistas?
Alegoría de su mundo y de nuestra época. Un mundo donde todo se derrumba con la misma facilidad –y con tan funestas consecuencias- como esas torres. Todo en la novela gira alrededor de la violencia –social, laboral, sexual, económica, psicológica…- y el 11S es la metáfora más terrible que nos ha dado la Historia reciente sobre la pérdida de nuestras propias señas de identidad.

P.- Muestras sin tapujos esos momentos en que se tiene muy claro lo que no se quiere, pero no por donde enfocar lo que se quiere hacer. ¿Qué crees que falla en la realidad de esos personajes: educación, familia, sociedad…?
Falla la visión que tienen de sí mismos: prefieren lamer sus heridas y autocompadecerse con demasiada frecuencia, de ahí el título de la novela. Frente a su complacencia en el dolor y a ese estatismo cangrejil, se plantea el interrogante –no resuelto- de cómo hubieran sido sus vidas si hubieran optado por avanzar y por plantar cara a los muros que encuentran a su paso. Yoli, el personaje femenino, es el único que parece apuntar algo más en ese sentido, pero la voz del narrador la anula en su desmedido egocentrismo.

P.- Y está el amor que se presenta como el único camino redentor en situaciones difíciles, pero que en el fondo se termina convirtiendo en una frustración más… ¿Gran error quizás?
La novela reflexiona sobre el lado más oscuro del amor, ese lado que saca a la vez lo peor y lo mejor de nosotros. El amor que nos construye, que creemos que nos hace seguir respirando y que, por eso mismo, se vuelve adictivo y nos hace posesivos y egoístas. No es que el amor sea un error en sí, sino que nos conduce irrevocablemente a cometer errores, incluso cuando creemos estar haciendo lo correcto. Siempre me ha interesado indagar en la cara perversa del amor…, en el fondo, creo que esa es la misión de la literatura, conectarnos con la dimensión menos amable de cuanto nos rodea y obligarnos a mirar la realidad de un modo diferente.

P.- La novela está narrada en primera persona por Alfredo, el protagonista. ¿Quizás buscas de esta manera alcanzar más potencia narrativa, y mayor implicación y cercanía del lector?
En otras novelas, como La edad de la ira, he trabajado con estructura polifónicas y narradores múltiples, pues necesitaba dar visiones encontradas de un mismo hecho. En este caso, sin embargo, quería plantear la historia como un descenso a los infiernos, una especie de Fausto del siglo XXI que sería capaz de venderlo todo por algo que le diera sentido a su vida, ya sea un éxito con su grupo de teatro o una noche de sexo y de amor con esa pareja a la que no consigue retener. Y esa bajada no era posible verla desde otra perspectiva que no fuera la de Alfredo, el protagonista de ese viaje que es una doble búsqueda: la del paradero de su amigo desaparecido (Edu) y la de sí mismo.

P.- Cada capítulo arranca con un titular de prensa real que contrasta con la existencia ficticia de los personajes. Existencia en la que, por otro lado, podrán reconocerse muchos jóvenes.
En ese sentido, lo más sorprendente de este libro es que, desde que se ha publicado, no he dejado de recibir e-mails, tweets y comentarios de lectores muy jóvenes que lo leen como si hablara de hoy mismo, de sus propias vidas. Lo terrible de la novela es que el tiempo que describe es teóricamente anterior en lo cronológico y, sin embargo, es idéntico en lo social. Su título, ese cangrejo que involuciona y no evoluciona, parece tristemente profético.
En cuanto a los titulares de prensa, para mí era esencial mezclar lo general y lo particular: la Historia –externa- y la historia –interna-, y demostrar cómo es imposible explicar nuestras vidas sin aludir a hechos aparentemente lejanos –como la macroeconomía- y que, sin embargo, las determinan por completo.

P.- Con este libro has sido finalista a varios premios, ¿crees que este tipo de reconocimientos sin importantes para abrirse camino en el mundo literario?
En mi caso lo han sido siempre. Fue gracias a un primer premio, concedido –entre otros- por Cela y Bousoño, como se publicó mi primera novela, In(h)armónicos. Y años más tarde sería esencial en mi trayectoria haber llegado a convertirme en finalista del Nadal con La edad de la ira (Espasa). En mi caso, que carecía de cualquier tipo de contacto o apoyo en el mundo literario, los certámenes fueron el modo de encontrar salida a mis primeras novelas.

P.- Aparte de escritor, eres también profesor de bachillerato, ¿qué mundo te resulta más difícil y complejo: el de la enseñanza o el literario editorial? ¿Cómo te ven tus alumnos en la faceta de autor?
Ambos mundos me apasionan. Aterricé en la educación por casualidad y, sin embargo, descubrí allí una vocación tan fuerte como la literaria. Con mis alumnos intento compartir con naturalidad ambas facetas y, sobre todo, demostrarles que publicar es posible, que la literatura es necesaria y que sus voces merecen ser oídas. Potencio tanto como puedo su creatividad y comparto con ellos mi vertiente de autor de novela y teatro, me parece que esa transparencia es necesaria para que la comunicación fluya en el aula.

P.- Autor comprometido, en todas tus facetas abordas y defiendes la homosexualidad con naturalidad, ¿crees que la literatura es un buen arma para luchar contra la intolerancia que aún hoy existe?
Sin duda. En más de un medio me han calificado de activista literario y, honestamente, no sé si lo soy, pero sí tengo claro que la literatura es una visión y una construcción de la realidad y, como tal, en ella se ha de dar cabida a cuanto la realidad presenta. En mi caso, el tratamiento de la homosexualidad se plantea siempre sin ningún tipo de justificación ni coartada moralista (algo que detesto), sino como un rasgo más de mis personajes, exactamente igual que la heterosexualidad. Nadie define una novela hablando de que su protagonista mantiene una relación hetero, así que tampoco yo le veo sentido a hacer una afirmación semejante desde el lado gay. No hay literatura hetero ni literatura gay: hay literatura mala y literatura buena. Nada más.

P.- Polifacético en la escritura, pasas del teatro a la literatura juvenil o la novela, ¿te queda algún genero por tratar?
Algún día me gustaría publicar una colección de relatos que, de momento, mantego inédita y que espero que llegue el momento oportuno para que vean la luz. Este año, en cualquier caso, ha sido muy especial en mi vida, pues se ha sumado la publicación de dos novelas (La inmortalidad del cangrejo, con Baile del Sol, y Las vidas que inventamos, con Espasa), la edición de mi primer texto para público infantil y juvenil (El reino de las Tres Lunas, con Alfaguara), una nueva publicación teatral (Saltar sin red, con ediciones Antígona) y el estreno de Cuando fuimos dos (publicado el año pasado por Ñaque). Ahora mismo ando ya trabajando en nuevos textos e ideas, pero admito que cuantos más caminos transito, más me gusta seguir ampliando fronteras y, sobre todo, sorprendiéndome.

P.- A mí hay una cuestión que me gusta mucho hacer a los autores: ¿cuáles son los referentes literarios que han marcado tu escritura?
Esta siempre es una pregunta difícil, sobre todo porque, como todos los autores que conozco, soy un autor voraz, así que me han marcado muchos y muy diferentes escritores. Por citar algunos, podría mencionar a Koltés y su Roberto Zucco, a Camus, a Capote, a Genet, a Clarín (soy un apasionado de la literatura del XIX), a Zolá, a Vargas Llosa, a Woolf, a Yourcenar, a Cortázar, a Rulfo, a Pardo Bazán… Y si solo pudiera citar un título que marcó para siempre mi visión de la literatura, quizá sería Rayuela.