Mostrando entradas con la etiqueta Anaïs Barbeau-Lavalette. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anaïs Barbeau-Lavalette. Mostrar todas las entradas
domingo, 24 de febrero de 2019
viernes, 8 de febrero de 2019
Reseña de La mujer que huye de Anaïs Barbeau-Lavalette en la revista Turia
Fantasmas familiares
porYolanda Delgado Batista

Nuestra memoria como la naturaleza huye de los espacios en blanco. Los muertos regresan, aspiran a contarse en nosotros. La mujer que huye, la novela de Anaïs Barbeau-Lavalette, surge precisamente de la necesidad de rescatar a un fantasma del álbum familiar. Durante años, y con la ayuda de una detective, esta escritora y realizadora de cine montrealesa siguió cualquier pista que le ayudase a reconstruir la biografía de su abuela, la poeta y pintora Suzanne Meloche.
Nacida en Ottawa el 10 de abril de 1926, en el seno de una familia francófona de clase media, Suzanne Meloche demostró desde muy niña un carácter independiente, individualista, persona contestataria y comprometida. Su madre había renunciado al piano, su única pasión, para entregarse en cuerpo y alma a su rol de madre de siete hijos. Su padre, tras el crack de la bolsa neoyorkina, perdió su puesto de profesor y, como tantos hombres sin empleo, sería contratado por el gobierno para realizar tareas de limpieza en la ciudad a cambio de un sueldo miserable. Una época dura de hambre y cartillas de racionamiento, a la que vino a sumarse la contienda mundial.
En 1946, Suzanne se trasladó a Montreal para cursar estudios superiores. La capital de Quebec fue el principio de una nueva vida. Entra en contacto con los automatistas, un grupo de intelectuales y creadores próximos al surrealismo francés. Suzanne Meloche o Suzanne Barbeau (como pasó a llamarse después de casarse con el pintor Marcel Barbeau) se convirtió en la primera mujer poeta del movimiento de los automatistas.
En 1948, publicaron un manifiesto, Rechazo Total, en el que urgían a los hombres y las mujeres del país a asumir “en una anarquía resplandeciente la totalidad de sus talentos individuales”, declarándose además opositores al Gobierno conservador. El primer ministro, Maurice Duplessis, siguiendo las directrices de una Iglesia católica, retrógrada y conservadora, había impuesto la prohibición y la censura a numerosas obras de arte, literatura, música… Sade, Voltaire, Lautréamont, Victor Hugo, Balzac o Rimbaud fueron autores leídos en clandestinidad.
En un principio, Suzanne Meloche firmaría el manifiesto aunque al comprobar que sus poemas no habían sido incluidos junto con el resto de las obras de sus compañeros hombres, exigió que tal documento se volviera a imprimir pero ya sin su rúbrica.
“Rechazo Total” no pasó desapercibido. Los creadores pusieron en peligro sus carreras e inclusive les afectó negativamente en sus vidas personales. Unos optaron por un exilio interior, otros se marcharon a Estados Unidos pensando que allí sus creaciones recibirían el reconocimiento que merecían.
Suzanne y Marcel Barbeau decidieron trasladarse al campo donde cultivaron remolacha para subsistir. En 1952, Suzanne, madre de dos hijos pequeños, cansada de una vida en soledad mientras Marcel se abre camino como pintor en el extranjero, decide romper sus ataduras familiares y seguir sus propios impulsos. “Tus poemas duermen en el fondo de tus bolsillos. Musgo te babea el cuello. Te tragas la vida de los demás y no sabes cómo construir la tuya”. El hogar se deshace. Musgo, su primera hija de cinco años, y François con apenas un año y pocos meses son abandonados en una guardería. Meses después, el matrimonio Barbeau renunciará a la guardia y custodia legal de ambos niños. Esta experiencia traumática les marcará para siempre.
A partir de entonces, Suzanne, llena de culpabilidad, en compañía de sus amantes, siempre sola, no cesará de huir. Dará tumbos por diferentes ciudades, primero en Europa, más tarde en Nueva York. En el barrio de Harlem tratará de olvidar tanto daño. Las drogas, el alcohol, la promiscuidad, el rechazo de sus vecinos negros, la destruye y a la vez la alimenta. Escribe y pinta a todas horas, se vomita entera en los lienzos.
En 1961, monta en uno de los autobuses donde negros y blancos viajarán juntos desde Washington hasta Alabama. El Ku Klux Klan, bajo sus inmaculadas capuchas, quema autobuses, lincha a los activistas. Suzanne es encarcelada en un penal de Misisipi junto a otros 300 manifestantes. El 22 de septiembre, el presidente Kennedy ordenará la puesta en libertad de los detenidos y declarará ilegal los letreros segregacionistas.
La poeta tiene 40 años cuando regresa definitivamente a Canadá. Se sucederán años igualmente duros. Vivirá como una eremita. Su libro de poemas, Les Aurores Fulminantesaparece publicado por vez primera. La poeta no asistirá a la presentación. Morirá sola en 2009.
Tal y como ocurre con los buenos libros, estamos ante una historia simple y complicada al mismo tiempo. Una perla rara y humana que habla del amor, la sed de libertad y el dilema al que se enfrentan las mujeres que luchan por tener un espacio propio. La mujer que huye es una combinación de realidad histórica, biografía y ficción construida con imágenes poderosas que sorprenden al lector. Anaïs Barbeau-Lavalette es la voz que narra. Es la nieta quien se encarga de contarle a su abuela desconocida quién fue, lo que sintió, lo que vivió, el dolor que infligió a sus hijos. El efecto de sus frases muy breves, junto a su estilo poético muy lejos del sentimentalismo, pero sobre todo, una escritura surgida del desgarro, atraviesa al lector desde la primera página.
Cuando en 2015, Mélanie Vincelette, la editora quebequense, se reunió con Anaïs Barbeau-Lavalette a los pocos días de que esta diera a luz a su primera niña, lo primero que le dijo frente a un café fue: “Es magistral”. La escritora respondió con toda franqueza: “Me temo que solo le interesará a mi familia porque es muy personal”. Se equivocó. La novela resultó ser un éxito entre los lectores de Quebec. Recibió El Premio de los libreros de su país; el Premio Francia-Quebec, y el Gran Premio del Libro de Montreal. En 2017 el libro llegó a Francia y obtuvo idéntica respuesta: Premio de los Lectores ese año, 80.000 ejemplares vendidos hasta la fecha, cifra relevante tratándose de una autora hasta ese momento. La mujer que huye ha sido publicada al inglés, neerlandés, alemán. Ahora podremos leerla en español gracias a la estupenda traducción de Iballa López Hernández, y al buen oficio de la editorial canaria Baile del Sol.
Suzanne Meloche fue una mujer fuera de lo común. Atravesó su tiempo a grandes zancadas, protagonizó un capítulo de la memoria colectiva totalmente desconocido fuera de Canadá. Su vida gotea violencia, contra sí misma, contra las personas que amó. Huye, huye, exponiéndose hasta el límite. Prefiere morir a ser comprendida y amada. Tensando la cuerda, rompiendo ataduras, huye. ¿Conseguirá perdonarse? ¿Conseguirá ser perdonada?
Anaïs Barbeau-Lavalette, La mujer que huye. Tenerife, Baile del Sol, 2018.
viernes, 3 de agosto de 2018
Reseña de LA MUJER QUE HUYE de Anaïs Barbeau-Lavalette en EL MAR DE LETRAS
jueves, 2 de agosto de 2018
"La mujer que huye" - Anaïs Barbeau-Lavalette
Barbeau-Lavalette es una cineasta y escritora de Montreal que descubro a través de esta espectacular novela. En cada página me impresionaba más y más, leía boquiabierta, subrayando los pasajes particularmente brillantes. “La mujer que huye” está escrita no solo con un afán por la búsqueda constante de la belleza, sino también, con la energía de quien no tiene fuerza ni ganas de soportar ni un instante más de fealdad.
|Paseas por la Avenue du Parc hasta la montaña y la subes con paso perezoso. Bajas por el cementerio. Los muertos te hacen volver a ti, definitivamente viva.
Ahí es donde tus andares se vuelven más ligeros. Eliges varias tumbas al azar y recorres los nombres con la vista. A lo mejor encuentras uno para tu hijo. Estás embarazada.
Se trata de la reconstrucción, novelada, de la biografía de Suzanne Meloche, la abuela de la autora. Meloche (1926 – 2009) fue una artista perteneciente al movimiento artístico Automatismo surrealista (que se caracteriza por ser un reflejo del subconsciente), al que también se acogieron algunos artistas de su entorno como Paul-Émile Borduas, su marido Marcel Barbeau, Madeleine Arbour, Thérèse Leduc, Maurice Perron, Louse Renaud, Françoise Sullivan y muchos otros. Pintora y escritora, su obra más importante es la colección de poemas “Les aurores fulminantes”.
|Le dice a Musgo que parece un ángel. Ella le coge la mano. El fuego y el agua confluyen ahí, en la última planta de la torre de los locos. Ella es incandescente, él es acuático. Cada cual salva su pellejo como puede.
Su vida fue de todo menos convencional, el título hace alusión a una de sus características más predominantes, la que configuró su destino: era incapaz de mantenerse en un lugar, echar raíces, sentirse atada a algo o a alguien, ser leal a las personas de su entorno, etc. ¿Egoísmo, maldad? Quién sabe. La mente es muy compleja y juzgar de maldad lo que puede ser una personalidad poco convencional o los síntomas de algún trastorno psicológico, es erigirse dios o juez sobre lo humano, así que no está en mi mano llegar a esas conclusiones. Quizá es que no todo el mundo está hecho para vivir en este mundo. Quién sabe.
| Suzanne Meloche junto a su familia |
Lo cierto es que después de una infancia muy humilde, abandonó a sus dos hijos y vivió siempre de forma provisional, alojándose aquí o allá, siempre con lo puesto y nunca con un plan. Su nieta, Barbeau-Lavalette, no sin cierta idealización romántica de esta trayectoria vital, se propuso reconstruir de forma novelada esa vida errante que tanto influyó en el destino de su madre y en la suyo propia. Ante una misma historia, uno puede elegir cómo abordarla, desde qué estado de ánimo o desde qué perspectiva. Podría haber sido cruel y haber dibujado a su abuela fácilmente como una persona egoísta, no en vano abandonó a sus hijos y no se esforzó por mantenerlos a su lado. Sin embargo, Barbeau-Lavalette (en un gesto que le honra, y que aporta dulzura y armonía al mundo) decide detenerse a apreciar la poca o mucha belleza o, cuando menos, humanidad, que encuentra en cada uno de los pasos que descubre mientras sigue el rastro de su abuela. Y además es capaz de plasmarlo con una elegancia y una finura que convierte a la experiencia de la lectura en algo comparable a la contemplación de una hermosísima acuarela.
|Despunta el alba y nace la niña. Te la pones sobre el pecho para darle calor. Huele como el musgo de los bosques. Te refugias en ella. Sois dos supervivientes. (…) Te enseñan a lavar a tu hija. Tus manos febriles se familiarizan con los nuevos gestos. Le enjabonan la piel hasta que queda cubierta de espuma, guían el chorro de agua por ella, protegiendo un pedacito de cuello para conservar su olor a bosque húmedo. Tus manos sofocan los escalofríos nacientes. Están más vivas que nunca. Envuelven a tu hija, a tu Musgo de los bosques, la pegan a tu cuerpo rebosante de savia. Ahora tienes un refugio.
Es importante destacar que el libro está escrito en segunda persona, de modo que la voz narradora se dirige constantemente a la abuela, en una suerte de diálogo donde el receptor del mensaje está ausente, o un monólogo atípico. Lo destaco porque, en comparación con la forma tradicional de narración en las novelas (la tercera persona o narrador omnisciente), creo que de esta forma más original se consigue hacer una lectura mucho más inmersiva. Resulta inevitable sentirse aludido mientras se lee algo que hace alusión al “tú”, así es más fácil ponerse en el lugar de la abuela ausente y comprender los porqués de sus decisiones. Así, mientras se lee, de alguna manera el lector es la abuela. Creo que esa decisión formal le ha dado el toque estilístico definitivo.
|Te quedas dormida.
Un crujido. Te sobresaltas.
—¿Hola?
La voz del cura:
—Hija mía, ¿deseas confesarte?
Te yergues.
—Sí, padre.
—Adelante.
—He cometido actos obscenos, padre.
—¿Sola o con otra persona?
—Con usted, padre.
Sonríes. Te gusta el silencio que sigue.
La ilustración de la cubierta está realizada por la maravillosa artista Zaida Escobar, a quien ya conocía por “Desde las entrañas”, un poemario ilustrado en colaboración con la escritora Inma Luna. Esta ilustración tiene tantas lecturas que podría hacer una reseña paralela a ésta hablando de ella. Es una mujer y su reflejo, que está y no está al mismo tiempo. Inclina los hombros y el rostro bajo el peso de una carga que arrastra a duras penas, pero es que no conoce otra forma de seguir. Está compuesta por dos mitades perfectas que se contradicen continuamente, está condenada a convivir con las dudas y a arrastrar los pesados fardos del pasado. Las marcas sin tinta en su costado y las formas que dibuja su melena me recuerdan al bosque (ella es salvaje, pura), y los tonos turquesa de la composición son el toque definitivo. En conjunto hace forma de corazón, sus dos mitades latiendo a destiempo, y eso es porque está viva, está más viva que nadie.
Para mí ha sido el descubrimiento del verano en narrativa. Independientemente de una trama más o menos elaborada o interesante, me pueden las formas, y en este caso me pudo la delicadeza. Desde la ilustración de la cubierta, todo es acogedor en este libro: artesanal, profesional, sutil, elegante, humano. No tengo sino elogios para todo lo que rodea a esta publicación.
|En clase de dibujo, el profesor se aplica en enseñaros a dibujar una manzana y un sombrero.
Te cuestionas la pertinencia del dúo. ¿Por qué juntar una manzana y un sombrero?
Tienes que utilizar una regla, un compás y una goma de borrar. Es obligatorio, recalca el profesor.
Te esmeras.
Eres buena alumna.
Cuando acabas, el sombrero perfecto se encuentra al lado de una manzana perfecta. Contemplas tu dibujo perfecto. Sin duda alguna, tu madre lo colgará en la pared del salón. Te parece que no le iría mal un poco de color. Tienes un pedacito de piel levantada en el borde de una de las uñas de la mano derecha. Te lo arrancas. Sangra un poco. Extiendes la sangre sobre la manzana y el sombrero.
Ya está. Perfectos y rojos. Perfectos y ensangrentados.
El profesor está indignado. Tú, tan pulcra, tan perfecta.
Rasga tu ejercicio y te manda al pasillo a recapacitar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
